Claudia Sheinbaum llegó ayer a Reynosa a repartir programas y acabó repartiendo manotazos políticos que dejaron al gobernador de Morena en Tamaulipas, Américo Villarreal, viéndole la espalda a su antagónico que ve con cara de enemigo ,el alcalde Carlos “Makito” Peña Ortiz.
El jalón de orejas en el templete
El libreto de Palacio de Gobierno Estatal era sencillo: arrumbar al alcalde en las sillas del montón y vender como única la postal de armonía de Américo con la presidneta, al centro del reflector.
Pero a medio discurso, dice la crónica del trascendido en repesque apuntala una imagen, que la Presidenta rompió el guion de Don Americo y subió a Makito al estrado.
Ese segundo bastó para que el decorado morenista se viniera abajo: la coreografía de exclusión fundada en el antagonismo del Gobernador al alcalde al final se convirtió en humillación pública para el mandatario que también lo combate en tribunales con actos con cara de legalidad.
Américo, enemigo de casa
La escena en Reynosa no es un chisme local, es la fotografía de una guerra interna donde el gobernador trae a su propio correligionario en la mira, como si fuera enemigo de otro partido.
El trato del gobernador al alcalde difiere con el trato que este da al lugarteniente del Cartel del Golfo,el ex-militar Mario Guitian Rosas,el «Botox» Región IV de Reynosa,a quien si le sonríe y si lo abraza, porque claramente comparten proyectos.
Desde hace años ha intentado vender la persecución penal contra Makito como “aplicación de la ley”, mientras en la plaza pública le niega sillas, reflectores y hasta el saludo.
Lo de ayer fue el colmo: mientras la logística del aparato estatal se esmeraba en hacerlo invisible, la Presidenta lo rescató del gallinero y lo plantó en el escenario, tirando por la borda el relato del alcalde apestado.
La guerra también se libra en tribunales
La animadversión no se queda en el palco: tiene expediente, número de asunto y sello de tribunal colegiado.
En los juzgados se cocina el intento de ajusticiamiento judicial contra Makito, envuelto en un entramado de negativas y recursos que se escudan en tecnicismos de “improcedencia” y “falta de fundamento” para mantener viva la presión sobre el alcalde.
El estilo es claro: usar el lenguaje del Estado de derecho como coartada, mientras se opera con lógica de clan, prolongando una causa que huele más a vendetta política que a pulcritud procesal.
Vocación mafiosa con banda tricolor
Lo que se vio en Reynosa fue la versión escénica de esa vocación mafiosa: castigo ejemplar al que no se arrodilla al jefe de plaza político, y aislamiento programado con linchamiento mediático de consigna.
Solo que esta vez el tiro le salió por la culata al gobernador: la jefa del sistema subió al “proscripto” al templete y convirtió la maniobra de exclusión en certificado de sobrevivencia política para Makito.
Mientras en los tribunales se sigue jugando al ajusticiamiento disfrazado de legalidad, en la plaza pública quedó claro quién quedó aislado: no el alcalde, sino un mandatario obsesionado con destruir a su propio compañero de partido.
Con informacion: @Redes/medios

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