El día que La Familia Michoacana le perdonó la vida al Mencho no fue un milagro: fue el peor cálculo de riesgo de la historia del narco mexicano, una cláusula de gracia de 148 meses firmada en sangre ajena.
La muerte, tan confiada, le dio prórroga
La escena: Aguililla, 2013, un capo de medio pelo, Nemesio Oseguera, 47 años, tirado en una casa de seguridad esperando el tiro de gracia, convencido de que su biografía se acababa ahí, en un cuartito sin gloria y sin corrido.
La muerte lo tenía ya en las manos, pero el narco es tan ridículamente religioso que una “Biblia” escrita por criminales decidió que un michoacano no podía matar a otro michoacano, así que lo soltaron… y el país terminó pagando la indulgencia plenaria.
La Biblia del narco y el error de cálculo
José de Jesús Méndez Vargas, El Chango, capo con delirio de pastor, se paró frente a su prisionero y en vez de jalón de gatillo hizo teología barata: no matarás a tu paisano, aunque ese paisano sea un sociópata con proyecto empresarial.
La regla era sencilla y perversa: La Familia Michoacana se vendía como cruzada santa contra foráneos, contra Zetas, contra “los malos” que, claro, siempre eran otros, mientras ellos torturaban, ejecutaban y levantaban con la frente muy en alto y la Biblia apócrifa bajo el brazo.
De saldo local a pesadilla global
Lo que esa fraternidad criminal no midió fue el costo de dar “chance de vida” a un hombre que luego convertiría a Los Torcidos en el Cártel Jalisco Nueva Generación, la franquicia mexicana de la violencia globalizada: sintéticos, 60 países, mil millones de dólares y drones con explosivos como firma de la casa.
El hombre que debió morir como nota al pie en la guerra de Michoacán terminó tirando un helicóptero militar con lanzacohetes rusos en 2015 y convirtiendo a Jalisco en laboratorio de un narco del siglo XXI, mientras los iluminados que le perdonaron la vida se iban diluyendo entre extradiciones y pactos con la DEA.
Epílogo: cuando la muerte se ríe al final
La línea es brutal: si aquel otoño de 2013 El Chango hubiera aplicado su propia “guerra santa” sin excepciones, México se habría ahorrado un capo de exportación, un CJNG de catálogo y una década de luto ampliado.
Pero la muerte, tan segura de ganar, a veces se entretiene concediendo vidas extra a los peores candidatos, sólo para demostrar que en este país los milagros casi siempre son malos negocios para todos, menos para el difunto que ascendió a leyenda criminal antes de que por fin lo alcanzaran los balazos en 2026.
Con información: MILENIO/

No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Tu Comentario es VALIOSO: