Abigael González Valencia, “el Cuini”, no sólo es el cuñado incómodo del Mencho: es el viejo cajero del Cártel del Milenio que hoy está sentado frente a la Corte de Columbia negociando, con calma de banquero suizo, cuánto vale su silencio y cuánta rebaja de condena merece por décadas de mover toneladas de droga y millones de dólares.
La ardilla que acabó en la jaula gringa
Los “Cuinis” no son una banda, son una familia-empresa: hasta 18 hermanos González Valencia (según la versión larga) convertidos en brazo financiero y fachada empresarial del CJNG, bautizados con el apodo de una ardilla prolífica de Tierra Caliente, el “cuinique”, porque reproducían dinero, negocios y rutas criminales con la misma alegría con la que el bicho llena el monte.
En ese árbol genealógico venenoso, Abigael es el “Cuini” original: el que se fue con el Mencho a Estados Unidos a traficar sintéticos, el que administró el salto del Cártel del Milenio a la era CJNG, y el que terminó en la lista negra de OFAC como uno de los narcos más ricos y discretos de México, mientras la familia abría comercializadoras, hoteles, clínicas de belleza, restaurantes y ferias para lavar lo indecible.

El clan de 18 y el yerno modelo
La historia arranca con Armando Valencia Cornelio, “El Maradona”, sembrando mota en los setenta y levantando el Cártel del Milenio en Michoacán, hasta que Los Zetas los corrieron a balazos y todo el clan se replegó a Jalisco, Colima, Nayarit y Guanajuato.
Ahí, para defender el negocio, ponen al frente a un viejo conocido de Aguililla: Nemesio Oseguera, que pasó de cuidar aguacateras a manejar marihuana y amapola, a ser jefe de seguridad del patriarca y, de pilón, yerno ejemplar al casarse con Rosalinda González Valencia, una de las hermanas del «Cuini» dedicadas a operar la chequera del CJNG.
Mientras el Mencho arma su brazo armado (Matazetas, estructura rígida, disciplina casi paramilitar), los González Valencia afinan el brazo financiero: clínicas, inmobiliarias, inversiones por todo México, hasta que en 2016 el Tesoro de Estados Unidos mete a siete de ellos en la lista de narcotráfico internacional, reconociendo tarde lo que la DEA llevaba oliendo por dos décadas.
Los golpes llegan en cadena: detienen a Abigael en un restaurante en Puerto Vallarta en 2015, a Elvis tras un choque en Zapopan en 2016, a Gerardo en Uruguay ese mismo año, a José en Brasil en 2017, y a Rosalinda saliendo de una tienda en Zapopan; pero al clan todavía le sobran hermanos, dinero y vínculos en la estructura del cártel más violento del país.
Del restaurante en Vallarta al estrado de Columbia
El “Cuini” que alguna vez manejó drogas sintéticas con el Mencho y diseñó esquemas de lavado inmobiliario hoy no está huyendo: está leyendo minucias legales en Washington, DC, porque su guerra ya no es a balazos, es a plazos.
Entregado por México en agosto de 2025 como parte de una “entrega masiva” de presos exigida por el gobierno de Donald Trump, Abigael enfrenta cargos por tráfico de cocaína y metanfetamina, crimen organizado y uso de armas, por una operación que, según las autoridades, movió múltiples toneladas de droga desde Sudamérica, vía México, hacia Estados Unidos, mientras lavaba decenas de millones de dólares en bienes raíces y negocios fachada.
La audiencia en la Corte de Distrito de Columbia estaba programada para el 21 de enero de 2026, pero “el Cuini” pidió moverla a marzo: técnicamente por tiempos de revisión de evidencia y temas de salud (hipertensión), en la práctica porque su defensa y la fiscalía siguen afinando un acuerdo de culpabilidad que le permita entregar algo más valioso que él mismo.
No es la primera vez: ya habían conseguido posponer una audiencia previa en octubre, y ahora buscan otra prórroga de dos meses, lo que confirma que la jugada no es litigar hasta el final, sino negociar hasta donde aguante la información que trae y el miedo que provoque lo que pueda contar.
El mensaje detrás del aplazamiento
Cuando el operador financiero de una familia de 18 hermanos, cuñado del jefe máximo y cerebro del lavado, llega a la Corte de Columbia y se niega a ir rápido a juicio, lo que está diciendo es que su expediente no sólo es suyo: es una radiografía de redes, empresas, socios, testaferros y quizá funcionarios de los dos lados de la frontera.
Cada día de aplazamiento es una subasta silenciosa: lo que él puede ofrecer frente a lo que Estados Unidos ya tiene documentado con la DEA, OFAC y las investigaciones de décadas sobre CJNG–Cuinis.
El hombre que bautizaron como ardilla por reproducir dinero y rutas hoy está encerrado, tratando de reproducir algo más escaso: tiempo.
Y cada semana que gana en la corte es, para el resto del clan González Valencia y para el entorno del Mencho, una pregunta colgando en el aire: ¿cuánto está dispuesto a vender “el Cuini” para comprar su sentencia?
Con informacion : RIO DOCE/ MEDIOS/

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