Parece que en la Suprema Corte de Justicia de los acordeones alguien confundió “república austera” con “república aérea”. La ministra Loretta Ortiz Ahlf, flamante representante del Alto Tribunal mexicano, fue sorprendida en la comodidad de la sección business class rumbo a Costa Rica —porque, claro, los derechos humanos se defienden mejor con champaña y asiento reclinable.
El viaje, según tarifas comerciales, ronda los 22 mil 500 pesos por cabeza. Pero eso es apenas pasaje de ida hacia el paraíso de las contradicciones: la misma semana en que la Corte trataba de justificar sus camionetas de lujo —esas joyas de más de tres millones de pesos blindadas hasta contra el sentido común— la ministra prefirió continuar con su cruzada personal por demostrar que el confort también es un derecho humano.
Desde luego, el discurso no se despeina. Ortiz, ministra desde 2021 y reelecta gracias al paquete judicial de López Obrador, se había quejado hace unos meses porque su sueldo bajó de “dos cientos y pico” a “apenas” 137 mil pesos mensuales. “Mi secretaria gana 110 mil”, lamentó entonces, como quien describe un drama nórdico. Austeridad, pero con tapete rojo.
Mientras tanto, el presidente de la Corte, Hugo Aguilar, jura que “no puede haber justicia con privilegios”. Lo dice desde el asiento de su propio SUV de tres millones, esperando quizá que nadie lo escuche por el grosor de los cristales antibalas.
Y en Palacio Nacional, la presidenta Claudia Sheinbaum, enemiga declarada de la primera clase, sigue dando misa con cátedra de coherencia: “Yo no viajo en primera”, presume. Claro, algunos pueden darse el lujo de no ser lujosos.
La ministra Ortiz, sin embargo, parece inmune al ruido. Ni las fotos, ni las camionetas, ni los memes. A ella no la inmutan los escándalos porque, al fin y al cabo, viajar blindada —por tierra o por aire— siempre da cierta tranquilidad.
Con informacion: ELNORTE/

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