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viernes, 23 de enero de 2026

¿INTELIGENCIA ?…la del ENEMIGO,YA VAN 77″: «OTRO CUERPO de POLICIA TIRADO en el CONGRESO de SINALOA es OTRA BOFETADA a la ESTRATEGIA CUENTACHILES MILITARIZADA de HARFUCH»..la impunidad en todos los casos,ha sido una invitación formal a seguirlos matando.


César fue policía municipal en Culiacán hasta que lo desaparecieron el 21 de enero. Dos días después apareció tirado ayer junto al Congreso estatal, como si el narco hubiera querido dejar un mensaje claro: el poder político en Sinaloa ya no está en el Pleno, sino en la calle. La pancarta que acompañaba el cadáver lo confirmaba con brutal simpleza: “Todo lo que huela a marino y Juanito Culón se va a morir”. Las autoridades, por supuesto, siguen sin hipótesis, sin sospechosos y sin vergüenza.

César Eduardo había sido privado de su libertad la mañana del miércoles en la sindicatura de El Salado, fue abandonado ayer jueves frente a las instalaciones del Congreso del Estado de Sinaloa.

El hallazgo que ya representa el segundo caso, se reportó alrededor de las 08:00 horas en la calle lateral del recinto legislativo, en el sector de la colonia Recursos Hidráulicos, cerca del reloj gigante y la presa Derivadora. El elemento preventivo de 37 años presentaba huellas de violencia y se encontraba envuelto en plástico.

La Secretaría de Seguridad Pública corrió a publicar un comunicado sobre su “respaldo a la familia” y su “reacción inmediata”. En México, eso significa un tuit y un pésame sin nombre. 

César llevaba once años patrullando la ciudad; su expediente servirá ahora solo para engrosar la estadística de los 77 policías municipales asesinados desde que estalló la guerra interna en el Cártel de Sinaloa, allá por septiembre de 2024,cita el diario español,El pais.

Una cifra que el «estratega cuentachiles» Omar Garcia Harfuch podría calificar de “balance operativo”, pero que en realidad retrata un Estado que perdió hasta la capacidad de fingir control.

La propaganda oficial gira sobre una idea: la estrategia es de inteligencia y coordinación. Palabras que suenan bien en el plan, pero que en el terreno significan lo contrario. 

Inteligencia sería anticipar, prevenir, neutralizar. Coordinación sería que las corporaciones no se estorbaran. Lo que tenemos son agentes desarmados por el Ejército, centros de vigilancia desactivados, policías sin viáticos ni respaldo, y familias enlutadas que ni siquiera saben si su caso llegará al escritorio de un fiscal. ¿Inteligencia? Tal vez la del enemigo.

La impunidad como invitación a seguirlos matando

Porque cada ejecución de un policía municipal no solo exhibe poder criminal, también revela el vacío oficial. Ni un solo detenido por los 77 asesinatos. Ni uno. Es una tasa de impunidad del 100%, un récord digno del Guinness de la incompetencia institucional

Los informes de la Secretaría, adornados con términos tácticos, no disimulan que esta supuesta estrategia se sostiene en sacrificios anónimos —elementos abandonados por un aparato que los desconfía y los usa al mismo tiempo.

El caso de Culiacán se ha vuelto un laboratorio del fracaso táctico. Los federales desconfiaron tanto de los locales que los desarmaron, evaluaron y apartaron de los operativos de riesgo. Aun así, los dejaron patrullar solos las zonas céntricas, justo donde se exhiben los mensajes del narco. El resultado: 500 policías menos en un año, una estructura debilitada y un enemigo que no necesitó más que adaptar el lenguaje militar para enviar su comunicado de guerra: los cuerpos.

Mientras eso ocurre, en el Congreso se oyen discursos de “rendición de cuentas” que no rinden nada ni cuentan mucho. Como señaló la diputada Paola Gárate, hay un vehículo que a plena luz del día deposita un cadáver frente al recinto del poder legislativo… y nadie lo detiene. ¿De qué coordinación hablan, entonces? De la que permite que un operativo se cierre con un boletín, o de la que garantiza que nadie pise la cárcel.

Así sigue la historia: un Estado que presume estrategia pero carece de resultados que impacten a la inseguridad, no tácticas que privilegian capturas por encima de la principal obligacion de proteger ciudadanos en su integridad y bienes. En vez de eso tenemos un secretario que habla de inteligencia sin inteligencia emocional, y una policía municipal que sobrevive por costumbre más que por respaldo. Los muertos no discuten la narrativa, pero la contradicen.

Con informacion: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/MARCOS VIZCARRA/

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