En Reynosa ya no se pregunta quién gobierna: se asume. Aquí la “vocación de tableado” del Cártel del Golfo no requiere presentación ni siglas; tiene franquicia registrada en cada colonia y sello oficial de impunidad. Si el INEGI dice que el 81.7 % de ciudadanos se siente inseguro, habría que preguntarnos si el 18.3 % restante aun respira y que tantos le pagan cuota al lugarteniente que actuando como «Botox» o «Limones» duranguense, abraza el gobernador, Americo Villarreal Anaya.
Porque aquí sí hay tablas. Las del Golfo, esas que se aplican a ritmo de tambor en cuerpos ajenos, mientras el gobernador sonríe con su glamoroso botox al exmilitar que le administra la violencia como si fuera presupuesto público. Se abrazan para la foto, cenan, cooperan juntos en campañas mientras la industria del levanton crece como exitosa maquiladora fronteriza, con tres turnos.
El último en comprobarlo fue Vicente “N”, vecino de la colonia Burocrática, que terminó su jornada convertido en expediente. Lo arrojaron como desperdicio en Presa La Laguna; Protección Civil recogió los restos de lo que el gobierno llama “tejido social” y lo llevó al Hospital General, donde la muerte ratificó su mandato sin licitación de por medio.
En esta Reynosa compungida, donde las sirenas funcionan más de mortaja que de auxilio, no se respira seguridad: se negocia. Nadie muere sin permiso, nadie vive sin pagar. Y en ese ecosistema de abrazos y tablazos, el Estado se confunde con el cartel, y el cartel se disfraza de gobierno. Aquí, sí: hay tablas, experiencia y jerarquía. Lo que ya no hay es vergüenza.
Con informacion: HoyTamaulipas/

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