El pronunciamiento de las y los gobernadores de la 4T,entre ellos Americo Villarreal ,aun gobernador para desgracia de Tamaulipas , es una especie de misa dominical donde mezclan la letanía de “bajamos 37 % los homicidios” con el rosario en defensa del “pueblo agredido” en Venezuela, pero sin atreverse a decir en voz alta que lo que realmente les indigna no es la intervención militar, sino ver a uno de los suyos bajando esposado de un avión gringo.
En esta capirotada discursiva de seguridad pública, soberanía y derecho internacional funciona como cortina de humo para esconder el duelo político por la caída del compañero de ruta, porque nadie firma un desplegado para celebrar que un presidente acusado de narco‑terrorismo por fin va camino a una corte.

Capirotada de seguridad y nostalgia chavista
El texto presume cifras “verificables” de reducción de homicidios y en el mismo párrafo se sube al ring diplomático contra Estados Unidos por la captura de Maduro, como si los patrullajes en Fresnillo tuvieran algo que ver con un operativo militar en Caracas.
El truco es simple: envuelven la defensa del venezolano en un papel de regalo lleno de palabras bonitas –paz, soberanía, derechos humanos– para no admitir que lo que les aterra es la imagen del caudillo caído que puede ser espejo anticipado de sus propios expedientes.
Américo Villarreal, el espejo incómodo
Américo Villarreal tuitea el desplegado con tono solemne, hablando de “responsabilidad y respeto entre naciones”, pero carga su propio rosario de señalamientos: desde la campaña de 2022 se le ha vinculado con financiamiento y protección del crimen organizado en Tamaulipas, con referencias al Cártel del Noreste, del Golfo y operadores del huachicol de los mismos Carteles,Americo se ve en el espejo de Maduro.
No es casual que alguien bajo esa nube de sospechas se indigne tanto ante la idea de que un presidente acusado de narco‑política termine a disposición de fiscales estadounidenses; más que solidaridad ideológica, huele a miedo corporativo de que un día el expediente “narcopoder mexicano” empiece a llamar por nombre y apellido.
Gobernadores de barro grueso
Varios de los firmantes cargan también con denuncias, investigaciones periodísticas y hasta demandas en tribunales extranjeros por presuntos vínculos con cárteles y financiamiento ilegal de campañas, lo que vuelve el desplegado menos un acto de convicción democrática y más un club de autoprotección de élites con pies de lodo.
Cuando una camada de mandatarios señalados por connivencia con el crimen organizado se declara escandalizada por la “violación al derecho internacional” contra Maduro, lo que suena no es indignación jurídica, sino un aviso entre líneas: si se normaliza que un jefe de Estado caiga por narco‑terrorismo, más de uno en México y la región va a empezar a dormir con la maleta lista.
Tres grandes tonos del enojo
Las reacciones a la publicación de Américo Villarreal son el focus group que nunca se atrevieron a encargar: una encuesta espontánea donde casi todos marcan la casilla “narco‑gobernador hipócrita” y dejan comentarios adicionales con groserías y gifs.
- Primer tono: burla bélica. Usuarios que comparten montajes con Trump al frente de marines y la leyenda “están en la mira”, como si el pronunciamiento de Américo fuera la mejor campaña a favor de una intervención quirúrgica contra los “narco‑gobiernos” que se victimizan mientras el estado está incendiado.
- Segundo tono: hartazgo moral. Tuits que le recuerdan que no ha hecho nada por las carreteras tomadas, por las masacres ni por el CO desbordado, pero que para respaldar a la “presidenta” y a un dictador detenido sí tuvo tiempo y coordinación de gabinete.
- Tercer tono: amenaza velada. Comentarios tipo “tic toc”, “siguen ustedes”, “van a venir por ti”, que leen el desplegado no como acto de valentía diplomática sino como lista preliminar de futuros pasajeros de extradición, empezando por el “huachicolero” de Palacio de Gobierno.
El veredicto de la plaza digital
- La narrativa dominante no compra el cuento de la defensa de la soberanía: habla de “narcoalianza”, “narco‑gobernadores de Morena” y “perros falderos de la presidenta”, y celebra la operación de inteligencia de Estados Unidos como lo que el gobierno mexicano no quiso o no pudo hacer.
- Entre los cientos de respuestas apenas se asoma uno que otro mensaje de apoyo; el resto es una lluvia de señalamientos que conecta a Maduro, a la presidencia mexicana y a varios mandatarios estatales bajo la misma sospecha: el crimen siempre unido, hasta en los comunicados “institucionales”.
Con informacion: @Redes/












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