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domingo, 4 de enero de 2026

«ASI PASA cuando SUCEDE»: EL «HOMBRE que JURABA estar LISTO para lo que SEA, YA esta LISTO y en CHANCLAS para LEERLE los CARGOS por NARCOTERRORISTA»…con traductor a lado y sin micrófono propio.


La imagen grita caída libre: Nicolas Maduro ,el “comandante eterno” ,esposo de Cilia Flores, la «primer combatiente» ,reducido a pasajero incómodo, escoltado por chamarras de tres letras y luces de pista, como cualquier capo recién desembarcado tras operativo de su captura en suelo estadounidense.

Qué nos dice la escena

  • Del presunto presidente todopoderoso solo queda un hombre de sudadera, manos juntas, rodeado por agentes anónimos que le borran el aura de dictador y lo colocan en la categoría mundana de detenido más.
  • El aeropuerto militar, que antes recibía comitivas y alfombras rojas, ahora es la puesta en escena de su humillación: reflectores, asfalto frío y la foto oficial que lo archiva junto a tantos extraditados ilustres.

Del palacio al pasillo

  • Hace nada encadenaba cadenas nacionales; hoy encadena vuelos: Caracas–buque de guerra–Guantánamo–Stewart, como paquete de alto riesgo en la logística del imperio al que decía enfrentarse.
  • Lo que antes eran escoltas motorizadas en Miraflores ahora son convoyes de la DEA rumbo a una celda en Brooklyn, donde el trato VIP se mide en barrotes extra y más cámaras, no en honores de Estado.

El dictador como expediente

  • El hombre que juraba estar “listo para lo que sea” está, por fin, listo para leer cargos de narcotráfico y terrorismo en una corte federal, con traductor al lado y sin micrófono propio.
  • Su figura, alguna vez inflada por balcones y uniformes, se reduce al tamaño exacto de un número de caso en Manhattan, donde su retórica bolivariana vale menos que la firma del juez de turno.

Ironías del viaje

  • El avión ya no es símbolo de gira triunfal sino transporte de evidencia: no lleva delegaciones ni acuerdos, lleva a un exmandatario que llega a Estados Unidos como mercancía judicial de alto valor.
  • Ese descenso por la escalerilla, custodiado por chalecos con siglas, es la versión más cruel del “beso la tierra que piso”: la única patria que lo espera es un helicóptero a la azotea y un recinto gris de concreto federal.

Al final, esta imagen debería quedar tatuada en la memoria de todos los que aún se sienten intocables detrás de un palacio, un uniforme o una corte de aduladores. Los expedientes viajan más lento que los aviones oficiales, pero llegan: en México, Colombia, Cuba o donde sea, los excesos de poder siempre van acumulando pruebas, agravios y enemigos con buena memoria.

Quien hoy manda a reprimir, desviar contratos o llenar maletas de dólares del narco,cree que está escribiendo su propio mito, pero en realidad está redactando, párrafo a párrafo, la acusación que un día leerá en otro idioma y frente a otro juez. 

La lección es sencilla y brutal: ningún discurso, ninguna bandera y ninguna ideología sirven de escudo permanente cuando la componenda y el abuso se vuelve rutina; tarde o temprano, las luces que te iluminan dejan de ser las de un templete y pasan a ser las del pasillo que lleva a la celda.

Con informacion: ELNORTE/

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