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jueves, 14 de mayo de 2026

«NO DAN con BOLA: NO SABEN quienes COMETIERON DOBLE EJECUCIÓN de ALTOS FUNCIONARIOS de CDMX hace 20 MIL MUERTOS»…Harfuch lo habia resuelto de puro pico.


Hace casi un año, la narrativa oficial era clara, contundente y, sobre todo, conveniente: 
el doble asesinato de Ximena Guzmán y José Muñoz estaba prácticamente “esclarecido”. Traducción institucional: ya teníamos detenidos, ya había historia, ya podían bajarle al tema.

Hoy, esa versión se desmorona con una frase que lo dice todo sin querer decir nada: no se conoce el móvil ni la autoría intelectual.

Es decir, no se sabe quién ordenó matar a dos funcionarios públicos en plena Calzada de Tlalpan,tal y como lo habímos presumido desde agosto de 2025.

Pero tranquilos, hay 18 detenidos.

Mucho detenido, poca verdad

Pablo Vazquez,Secretario de Seguridad de CDMX y la notoria ausencia de Omar Garcia Harfuch ,quien solo pareció para la primera foto, presume números como si fueran goles: 18 personas tras las rejas, 10 vinculadas a proceso, otras ocho “relacionadas”. Una coreografía judicial que suena impresionante hasta que uno recuerda lo básico:

Nadie puede explicar quién dio la orden.

Porque detener operadores es relativamente sencillo en comparación con tocar intereses. Lo difícil —lo realmente peligroso— es subir en la cadena de mando. Y ahí, casualmente, todo se vuelve nebuloso, “complejo”, “en investigación”.

La propia autoridad lo admite con un malabarismo semántico digno de tesis burocrática:

No descartan que los criminales sean autores intelectuales… pero tampoco descartan que solo hayan sido subcontratados.

O sea: no descartan nada porque no tienen nada.

El crimen que sí fue profesional

Eso sí, para justificar la falta de respuestas, nos venden la sofisticación: 20 días de planeación, vigilancia de rutas, reuniones en el Estado de México, uso de múltiples líneas telefónicas.

Un operativo con inversión “importante” de recursos humanos y económicos.

Traducción: esto no fue un arranque, fue un encargo.

Y si fue un encargo, alguien pagó.

Y si alguien pagó, alguien con poder decidió eliminar a dos funcionarios.

Pero ese alguien sigue fuera del radar… o fuera del discurso.

El muerto que ya no estorba

Como en todo expediente incómodo en México, aparece el elemento clásico: el sospechoso que ya no puede declarar.

Uno de los presuntos autores materiales fue ejecutado antes de ser detenido. Casualidad o control de daños, según el cristal con que se mire.

Lo más revelador no es su muerte, sino el motivo que deslizan las autoridades: pudo haber sido eliminado por errores operativos o porque “facilitó” la captura de otros.

En otras palabras: lo callaron.

Y con él, probablemente, una parte clave de la historia.

El silencio como política pública

La Jefa de Gobierno lo deja claro: la investigación seguirá en sigilo. No se dirá el nombre del grupo criminal. No se darán detalles que “entorpezcan” el proceso.

El sigilo, en estos casos, no solo protege la investigación: también administra el daño político.

Porque reconocer que no se sabe quién ordenó el asesinato de funcionarios en la capital del país no es un detalle técnico; es una grieta en el discurso de control.

Lo que realmente nos están diciendo

Sin decirlo abiertamente, el mensaje es brutal:

  • El crimen organizado puede ejecutar operaciones complejas en la CDMX.
  • Puede reclutar células locales con logística suficiente para un ataque directo.
  • Puede eliminar a sus propios integrantes antes de que hablen.
  • Y, sobre todo, puede mantener en la sombra a quien da las órdenes.

Mientras tanto, la autoridad ofrece lo que sí tiene: detenidos, procesos, cifras… pero no verdad.

Porque en este caso, como en muchos otros, el expediente avanza hacia abajo —contra los ejecutores— pero se congela hacia arriba —donde empiezan los nombres incómodos.

Y así, lo que se presumió como un caso resuelto “de diente pa’ fuera”, hoy queda reducido a lo que realmente es:

Un crimen políticamente administrado, judicialmente fragmentado y, en lo esencial, todavía impune.

Con informacion: ELNORTE/

LA «AMARGA PRIMAVERA: DIARIO ESPAÑOL RESEÑA la SERIE de DESENCUENTROS de SHEINBAUM y EE.UU»…el caso Rocha funciona como punto de quiebre, porque conecta seguridad con poder político.


Amarga primavera en la franja sureña de Norteamérica. La tensión entre México y Estados Unidos aumenta a ritmo acelerado, en fibras y tendones que hasta hace unas semanas sostenían sin demasiado problema la relación binacional. La colaboración en materia de seguridad, fluida y provechosa durante el primer año de Gobierno de Donald Trump, muta estos días en un espanto, con situaciones que dibujan escenarios más que extraños, algunos preocupantes para el Gobierno de México que dirige Claudia Sheinbaum, como la presencia creciente de agentes de la CIA en el país. 

Esta semana, medios de Estados Unidos han desvelado que la agencia de inteligencia orquestó el asesinato con bomba en marzo de un peso medio del Cartel de Sinaloa, cerca de la capital. Con más o menos intensidad, ambos gobiernos han negado la información.

La noticia saltaba el martes por la tarde. En un reportaje firmado a ocho manos, la CNN informaba de que la CIA había “facilitado” el ataque que acabó con la vida el 28 de marzo de Francisco Beltrán, alias Payín, una figura mediana de la organización criminal. Payín iba a bordo de una camioneta con su conductor en una carretera cercana a la capital. 

El conductor lo había recogido del Aeropuerto Felipe Ángeles, uno de los dos que funcionan en el área metropolitana. En el video que grabó un carro que circulaba justo al lado, se ve la explosión y luego el deambuleo de la camioneta, que cruza varios carriles hasta chocar. Ambos murieron en el acto. Ocurrido en fin de semana, la historia extrañó, pero no tanto como para detener el ciclo noticioso más de un par de días. La fiscalía local dijo que investigaba el asunto. La vida seguía.

El martes, horas después de la publicación de la cadena, tras los mensajes de ambos gobiernos negando la información, The New York Times matizaba el asunto y señalaba que la CIA había aportado “inteligencia y planificación” para el operativo, pero que ninguno de sus agentes había actuado sobre el terreno. 

El diario aseguraba que eran las autoridades mexicanas las que habían llevado a cabo el ataque. Este miércoles, la presidenta Sheinbaum, del partido Morena, abordaba el metraje entero y señalaba, refiriéndose a la publicación del Times, que era una “ficción del tamaño del universo”. Al norte del río Bravo, la reacción, acotada a la CIA, se había centrado en la nota de la CNN. El martes, una portavoz tildaba de falsa la información y decía que “servía a la campaña de relaciones públicas de los carteles”.

En momentos distintos, las negativas de uno y otro Gobierno podrían haber enraizado con algo más de fuerza en la opinión pública, pero a la vista de los acontecimientos de las últimas semanas, las dudas se imponen sobre sus comunicados. La sombra de la CIA planea y se agranda en México, incapaz ya de contener la avanzada del norte. Las detenciones y envíos masivos de presos a Washington han dejado de ser suficientes. 

En su renovada lucha contra las drogas, el Gobierno de Trump quiere más. El mismo mandatario señalaba hace unos días que habían desplegado una “fuerza terrestre” que hacía las cosas “mucho más sencillas”, sin dar más detalles, declaraciones que adquieren un nuevo sentido después de la información desvelada en las últimas horas.

Es la segunda vez en menos de un mes que la presencia de agentes de la CIA sobre el terreno en México agita al Gobierno de Sheinbaum, muy sensible al gusaneo del país vecino en la soberanía de sus fronteras. 

En abril, el accidente carretero de dos elementos de la agencia en Chihuahua descubría su participación en el desmantelamiento de un laboratorio de drogas sintéticas en la sierra. Sheinbaum y su equipo de seguridad, que capitanea Omar García Harfuch, negaron conocimiento alguno de la actuación de estos agentes, y apuntaron al Gobierno local, en manos de la oposición del partido Acción Nacional. 

La pata legislativa de Morena, con mayoría en las cámaras federales, tomó el relevo en la ofensiva contra el Gobierno local y pidió la comparecencia de la gobernadora en el Senado. Y justo entonces, estalló el caso Rocha.

Diez días después del escándalo en Chihuahua y justo un mes más tarde del bombazo que acabó con el Payín, el Departamento de Justicia de EE UU publicaba la acusación por narcotráfico contra el actual gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha, de Morena, y otros nueve funcionarios y exfuncionarios. La acusación, rica en conclusiones y escueta en las pruebas que la sostienen, que los fiscales guardan para más adelante, denuncia un esquema de colaboración entre Rocha y una de las facciones del Cartel de Sinaloa, que capitanean los dos hijos que siguen libres de uno de los jefes históricos de la organización, Joaquín El Chapo Guzmán. Según el documento, Los Chapitos apoyaron a Rocha en sus caminos electorales, a cambio de facilidades para sus negocios.

En México, todos estos eventos han complicado la vida al Gobierno hasta un punto poco predecible hace unas semanas. Las intromisiones de la CIA y las acusaciones de narcopolítica contra el partido gobernante dibujan la profundidad de la intervención estadounidense en el país. En estos 15 meses de gestión compartida, Trump en EE UU y Sheinbaum en México, la sospecha de un despliegue estadounidense creciente en el sur engordaba. Detenciones y operativos importantes, como el que acabó con la vida del líder del Cartel Jalisco Nueva Generación, Nemesio Oseguera, Mencho, en febrero, aparecían en comunicados del Gobierno de México, en que se informaba del apoyo de las agencias de law enforcement norteñas. Actividades de inteligencia, como el sobrevuelo de drones, se filtraban a la prensa, situaciones que México reconocía, pero acotaba a la permisividad de sus leyes.

Lo ocurrido después cambia un tanto el panorama. Las capas de movimientos extraños se acumulan, al calor de la colaboración de los criminales que México ha enviado al norte en el último año y tres meses, en particular los viejos líderes y personajes importantes del Cartel de Sinaloa, concretamente los hijos del Chapo y algunos de sus antiguos lugartenientes. Su papel en la embestida contra Rocha y compañía parece fundamental, a la espera de que el Departamento de Justicia de EE UU divulgue más detalles. 

A ambos lados de la frontera, las preguntas apuntan ahora a los objetivos finales del Gobierno de Trump. Esta semana, Terry Cole, director de la disminuida DEA, la agencia antidrogas de aquel país, señalaba, pensando en Rocha, que “esto es solo el principio de lo que viene”. Y añadía: “No hay duda de que narcotraficantes y altos funcionarios en México han compartido la cama durante años. Pero ahora nos estamos fijando”.

Fuente.-PABLO FERRI/DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS

«SERÁ CIERTO ?: LORET lo ESCRIBIO en ENERO de 2025 y YA se SABIA que SOLO la DEA los PODRIA SEPARAR»…no atendieron los síntomas y se complicó la infección.


El 28 de enero de 2025,el periodista Carlos Loret escribió para El Universal+ una columna de opinión que hoy cobra especial relevancia tras las acusaciones por narcotrafico de EE.UU, la solicitud de licencia de Rubén Rocha Moya como gobernador de Morena en Sinaloa y la negativa de la Presidenta Claudia Sheinbaum para extraditarlo, aunque va terminar ocurriendo.

«….Ayer la señora presidenta Claudia Sheinbaum,refiriendose al complicado caso del gobernador Rubén Rocha Moya en Sinaloa, dijo en su habitual conferencia mañanera del pueblo, que su papel no es quitar gobernadores y todo parece indicar, que dijo la verdad, maxime si atendemos a la evidencia que presume beneficiario al partido y por ende a la Presidenta,lo que obliga hacernos algunos cuestionamientos: 

¿Será cierto que le tienen miedo a Rocha? 

¿Será cierto que el gobernador de Sinaloa no cae, a pesar del desgobierno y las nutridas protestas de la sociedad, porque tiene en la bolsa a todos los de Morena

¿Será cierto que recibía en su estado a todos los candidatos y sus operadores financieros que tocaban a su puerta? 

¿Será cierto que repartió dinero en campañas presidenciales, de gobernadores, diputados, senadores, alcaldes? 

¿Será que por eso nadie se atreve a meterse con él? 

¿Será que por eso lo consideran un amigo, un aliado, y lo respaldan al costo que sea? 

¿Será cierto que por eso el gobernador se siente tan seguro? 

¿Será cierto que por eso sus desplantes de soberbia? 

¿Será por eso que nadie se atreve a corregirle las declaraciones torpes y poco empáticas, ni se atreve a sugerirle que no hable tanto?

¿Será cierto que ese dinero que repartió en campaña tenía orígenes inconfesables? 

¿Será cierto que él es el garante del acuerdo entre el partido y el cártel

¿Será cierto que en Sinaloa esos amarres —y no los programas sociales— son los que terminan inclinando la balanza de la elección?

¿Será que por todo eso no lo pueden quitar, aunque quisieran? 

¿Será cierto que no lo quitan por gratitud, pero también por la preocupación de que al verse abandonado decida contar todo lo que sabe?

¿Será cierto que entonces sólo una fuerza mayor es capaz de removerlo? 

¿Será cierto que esa fuerza mayor puede ser el nuevo gobierno de Estados Unidos

¿Será cierto que si la presión viene de Estados Unidos entonces el gobernador no tendría por qué enojarse con sus compañeros de partido? 

¿Será cierto que el gobierno mexicano está esperando señales del vecino del norte sobre qué hacer con Sinaloa, si irse con unos, con los otros o aniquilar a los dos? 

¿Será cierto que esta definición la facilita que Estados Unidos tenga en su poder, en sus cárceles, a los patriarcas de las dos facciones en guerra? 

¿Será cierto que un primer punto de inflexión en esa guerra que lleva cuatro meses puede ser la toma de posesión de Trump y de su secretario de Estado, Marco Rubio, que tiene una opinión muy formada sobre la narco política mexicana?

¿Será cierto que un segundo punto de inflexión, más interno, pueden ser las nutridas manifestaciones de jueves y domingo en Culiacán

¿Será cierto que el vaso ya estaba demasiado lleno cuando maestros,padres de familia y ciudadanos hartos de la violencia irrumpieron en Palacio de Gobierno y casi llegan al despacho del gobernador Rocha?

¿Será cierto que el empuje del grito “¡Fuera Rocha!” sorprendió en Palacio Nacional donde se sintieron atrapados?

¿Será cierto que pronto sabremos las respuestas a muchas de estas preguntas, sospechas o explicaciones?

Con informacion: ELUNIVERSAL+/CARLOS LORET/

«CONGRESO de NUEVO LEON TIPIFICA como DELITO la TRAMPA ELECTORAL del ACORDEON»…es como instalar cámaras de seguridad después del reciente saqueo «judicial».


Con la sobria elegancia de quien llega tarde a su propia fiesta, el Congreso local de N.L decidió —por fin— convertir en delito que operó como práctica sistemática de manipulación electoral: los famosos “acordeones”, esas guías de voto disfrazadas de ayuda cívica pero diseñadas con la precisión de un instructivo para obedientes. 

La novedad no es la conducta, sino la tardía confesión institucional de que fue ilícita en esencia, aunque convenientemente tolerada.

La aprobación no fue exactamente un acto de convicción democrática, sino una coreografía política con 13 diputados de MC, Morena y PT optando por la cómoda abstención: ni avalan del todo, ni se oponen frontalmente. La ambigüedad, otra vieja aliada del poder. Alegan riesgos de inconstitucionalidad por la vaguedad del texto —y no les falta razón—, pero omiten reconocer que esa misma ambigüedad fue el lubricante de la operaciones electoral para elegir sin legitimidad al actual poder judicial.

Porque seamos claros: inducir el voto mediante “acordeones” o códigos QR no es una innovación tecnológica, es una actualización digital del viejo clientelismo. Cambia el papel por el píxel, pero la intención es la misma: sustituir la voluntad del elector por una instrucción previamente empaquetada. Eso, en cualquier sistema que se tome en serio a sí mismo, constituye una forma de coacción blanda o manipulación indebida del sufragio.

La nueva ley presume cerrar “vacíos legales”. En realidad, viene a reconocer que esos vacíos no eran accidentes, sino zonas grises cuidadosamente preservadas para operar sin consecuencias. Tipificar hoy estas conductas es menos un avance que una admisión implícita de la impunidad con la que se permitió su uso, incluso —y aquí está el elefante en la sala— en procesos tan delicados como la elección judicial.

Porque no se puede ignorar el contexto: estamos frente a un poder judicial cuya integración reciente ha sido señalada por múltiples voces como resultado de dinámicas profundamente cuestionables. Pretender ahora blindar la “pureza” del voto judicial con normas recién horneadas resulta, cuando menos, irónico. Es como instalar cámaras de seguridad después del saqueo y declarar resuelto el problema.

El argumento de que esta ley fortalece a la Fiscalía suena bien en papel. En la práctica, dependerá de quién investiga, a quién investiga y, sobre todo, a quién decide no investigar. La discrecionalidad no desaparece por decreto; se traslada.

Así que sí: convertir los acordeones en delito es correcto. Lo que resulta incómodo es admitir que se normalizó una mecánica que distorsiona la esencia misma del sufragio libre. Y más incómodo aún es hacerlo cuando las estructuras que deberían garantizar la legalidad cargan con un origen, por decir lo menos, cuestionado.

La ley llega. La credibilidad, esa sigue pendiente.

Con informacion: ELNORTE/

DE «PLANO,NO SOMOS NADA»: «MUERE MAGISTRADA ATACADA por ENJAMBRE de ABEJAS en ZACATECAS»…un recordatorio de que la fragilidad humana no distingue cargos ni méritos.


Hay muertes que parecen escritas por un guionista cínico, de esos que disfrutan recordarnos que el universo no conspira moralmente,no tiene ética, ni sentido del humor , ni respeto por las trayectorias humanas. La muerte de una magistrada del poder judicial en Zacatecas, no por el crimen organizado que asfixia al estado gobernado por Morena, no por las amenazas que suelen acompañar la toga en México, sino por un enjambre de abejas, entra en esa categoría incómoda donde la realidad deja de parecer lógica.

Porque en este país —y en este mundo— uno esperaría cierta coherencia narrativa: que los riesgos vengan de donde siempre vienen. Que el peligro tenga rostro, expediente, carpeta de investigación. Pero no. A veces el final llega zumbando.

Que dice El Pais

De acuerdo con la información publicada por el diario español,la magistrada murió a consecuencia de las picaduras de un enjambre de abejas después de nueve días en el hospital y fue dado a conocer ayer miércoles. 

Oyuki Ramírez Burciaga, de 45 años, murio el martes al deteriorarse su estado de salud. Tuvo que se intubada en el hospital. El ataque de las abejas tuvo lugar el pasado 3 de mayo durante un torneo en una unidad deportiva ubicada en el municipio de Guadalupe, al sureste del Estado, y dejó otras cinco personas con lesiones.

De acuerdo con algunos testigos, Ramírez se quitó un suéter para cubrir a su hijo, de tres años, quedándose únicamente con una camiseta deportiva de tirantes y quedando expuesta a las picaduras de las abejas. 

El padre de la jueza, que también se encontraba en el lugar, resultó herido en el ataque y permaneció un día hospitalizado, según reportes de medios locales. 

En un video que circula sobre el hecho, se ve a Ramírez caminar desesperada en busca de ayuda, cubierta por el enjambre y con varios puntos negros en su piel. Cerca de ella, un hombre tapado hasta la cabeza con una sudadera azul camina en círculos con la cabeza baja para protegerse de los pinchazos.

Y entonces la frase incómoda se instala: no somos nada.

No lo somos frente a la violencia estructural que se normaliza todos los días, pero tampoco frente a lo absurdo, lo biológico, lo imprevisible. Suelen morir los buenos con su bondad intacta, sin haber tenido tiempo de corromperse o de adaptarse al cinismo que parece requisito de supervivencia. Y sobreviven —con notable eficiencia— quienes han hecho de la trampa, la violencia o la impunidad una forma de vida.

No hay justicia poética. No hay equilibrio cósmico. No hay un sistema moral invisible que premie o castigue.

Y sin embargo, la ironía es brutal: una magistrada, una operadora del aparato formal de justicia, termina siendo víctima de algo completamente ajeno a ese orden que representaba. Ni sentencia, ni amparo, ni debido proceso contra un enjambre.

Esto no es una metáfora conveniente. Es peor: es un recordatorio.

Recordatorio de que la fragilidad humana no distingue cargos ni méritos. De que el control es una ilusión útil, pero ilusión al fin. Y de que la vida, en su versión más honesta, no está obligada a tener sentido.

Quizá lo único que queda —y esto incomoda más que consuela— es lo que cada quien hace mientras está aquí. Porque el final, como ya vimos, no responde a méritos, ni a ética, ni a narrativa.

El final caprichoso llega cuando quiere. Y a veces, llega zumbando.

Con informacion: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/ PAULINA FLORES/

«NARCOGOBERNADOR ACUSADO por EE.UU y PROTEGIDO por SHEINBAUM PRESENTÓ al CONGRESO antes que LICENCIA un MANUAL para BORRAR sus HUELLAS»…cualquier rastro administrativo sepultado en un archivo “reservado por seguridad nacional”.


El 16 de abril, cuando ya se sabía que Estados Unidos lo traía en la mira por narcotráfico junto con al menos nueve colaboradores, Rubén Rocha Moya firmó una iniciativa para cambiar la Ley de Transparencia de Sinaloa con el objetivo práctico de tapar la rendija por la que se le puede ver el dinero y las complicidades. En la exposición de motivos habla de “homologar con la ley federal” y “racionalidad del gasto”, pero en el articulado se dedica a mutilar el derecho a saber, justo cuando más urge que la gente pueda revisar qué hizo su gobierno con el presupuesto y con el poder.

No es un error de técnica legislativa, es una coartada adelantada: mientras en Nueva York lo acusan de conspirar con el Cártel de Sinaloa, en Culiacán intenta legalizar la opacidad para que cualquier rastro administrativo de esa presunta alianza quede sepultado en un archivo marcado como “reservado por seguridad nacional” o “daño al interés público”.

Lo que intenta esconder la “homologación”

La iniciativa permite que el Ejecutivo reserve comprobantes fiscales, recibos y cualquier documento que sustente el ejercicio del gasto público, es decir, borra la ruta del dinero con sello oficial. Amplía las causales de reserva: mete seguridad nacional, estabilidad financiera, proyectos del Estado y un concepto elástico de daño al interés público, una fórmula perfecta para meter bajo la alfombra lo que incomode al gobernador y a su círculo.

Además, agranda la noción de “información confidencial” cuando existan denuncias o procedimientos administrativos en curso, para que toda investigación interna contra funcionarios quede congelada en la oscuridad mientras prescriben responsabilidades y se negocian impunidades. Es el sueño de cualquier gobernante bajo sospecha: si te investigan por corrupción o vínculos criminales, la ley en vez de obligarte a transparentar, te permite apagar la luz.

Cómo desmonta la arquitectura de rendición de cuentas

El proyecto duplica el plazo de respuesta a solicitudes de información: de 10 a 20 días, con posibilidad de prórroga, porque cuando tienes mucho que ocultar, la dilación es la primera línea de defensa. Borra la definición clara de “sujetos obligados”, amplía la discrecionalidad y elimina el Consejo Consultivo ciudadano, desmontando los pocos candados que quedaban para vigilar al poder público desde fuera del Palacio de Gobierno.

También desaparecen del vocabulario legal conceptos como transparencia proactiva, gobierno abierto y cultura de transparencia, un retroceso deliberado para regresar a la época en que el ciudadano debía pedir favores, no ejercer derechos. Y, por si fuera poco, se inhibe que los municipios tengan su propio órgano garante y se recortan las obligaciones de partidos y sindicatos de transparentar acuerdos internos, contratos, montos de financiamiento público y privado, lista de aportantes, tabuladores de remuneraciones, currículums de candidatos, estados financieros, inventarios patrimoniales y resoluciones disciplinarias.

En otras palabras, Rocha no sólo busca cubrirse a sí mismo: quiere construir una burbuja de opacidad para todo el ecosistema político que lo sostiene, de alcaldes a partidos, pasando por sindicatos aliados.

El contexto incómodo: narcoacusaciones y dinero turbio

Esta ofensiva contra la transparencia llega cuando el Departamento de Justicia de Estados Unidos acusa a Rocha Moya y a nueve funcionarios mexicanos de participar en una conspiración corrupta y violenta de narcotráfico con el Cártel de Sinaloa, ligada a la importación de fentanilo, heroína, cocaína y metanfetamina a territorio estadounidense. Según la acusación, Rocha habría recibido apoyo de “Los Chapitos” para ganar la elección, con tácticas de intimidación y amenazas a opositores, a cambio de protección política para la organización criminal.

Entre los coacusados está Enrique Díaz Vega, exsecretario de Administración y Finanzas, señalado por enriquecimiento personal y por presuntamente entregar a “Los Chapitos” una lista de opositores a Rocha para que fueran amenazados en la elección pasada. El mismo gobierno de Rocha fue exhibido por pedir créditos para pagar deudas y hacer obras públicas por 4 mil 500 millones de pesos sin transparencia clara, por viáticos excesivos de la exsecretaria de Transparencia y por una secretaria de Turismo que hasta chicles y miel de maple facturó en un viaje a Canadá.

Con ese historial, la iniciativa no se lee como una modernización legal, sino como un operativo de limpieza de escena del crimen institucional: cerrar accesos a auditorías, facturas, contratos y expedientes justo cuando la prensa, las organizaciones civiles y autoridades extranjeras quieren ver debajo de la alfombra.

El mensaje político: si me investiga EU, aquí mando yo

La iniciativa fue presentada por la Secretaría General de Gobierno, entonces a cargo de Yeraldine Bonilla, hoy gobernadora interina, y se le dio trámite exprés: primera lectura el 21 de abril y segunda apenas tres días después, hasta que la acusación de Estados Unidos frenó el impulso. El Congreso local la tiene ahora en comisiones, pero las organizaciones como ReCIAS y el Comité de Participación Ciudadana ya advirtieron que implica regresividad, menor control ciudadano y falta de independencia del órgano garante.

El timing es brutal: mientras Rocha Moya pide licencia temporal tras ser acusado de vínculos con el narco por Washington, deja sembrada una ley hecha a la medida de un gobernador que no quiere que nadie vea cómo se gobernó Sinaloa. Es su última carta de impunidad: si la justicia federal o internacional avanza, que al menos en Sinaloa reine la opacidad y los expedientes oficiales se conviertan en muro de contención para cualquier intento serio de rendición de cuentas.

Con informacion: ELUNIVERSAL/