La imagen plantea una pregunta legítima de interés público y lo hace desde una óptica de duda fundada que, ante la evidencia circundante, exige una explicación verificable: ¿por qué una unidad de la Policía de Investigación de Reynosa aparece en una casa de cambio públicamente vinculada con el ex-militar Mario Guitián Rosas, señalado por sus ligas con el CDG y los abrazos en comilonas con el gobernador morenista de Tamaulipas, Américo Villarreal .
Y en esto último podría radicar la respuesta, más allá de alegar que una patrulla estacionada junto a un negocio no acredita delito alguno. Pero cuando el establecimiento ha sido identificado en publicaciones como propiedad o fachada relacionada con Mario Guitián Rosas —mencionado profusamente por la prensa nacional como operador de Los Metros, facción del Cártel del Golfo—, la coincidencia deja de parecer tan inocente como un dólar recién cambiado.

La escena exige formular un expediente, no negarse a encausarlo y sobradas herramientas institucionales.
Que andaban haciendo los muchachos»
Sería de interés colectivo saber la fecha, la hora, el número económico de la unidad, la adscripción de los agentes, motivo de la presencia, bitácora de servicio y, sobre todo, si hubo una diligencia formal. Si fue investigación, que enseñen el oficio. Si fue vigilancia, que expliquen el objetivo. Si fue una vuelta de rutina, que digan por qué la rutina parece tener dirección financiera.
La pregunta incómoda: ¿Les pagan en dólares?”
En una ciudad donde el dólar cambia de manos con la misma rapidez que las versiones oficiales, una patrulla de la Policía de Investigación captada afuera de una casa de cambio y junto a la camioneta que utiliza lugarteniente del Cartel del Golfo con logos de bufete de abogados, es mas que un trascendido.
La casa de cambio está ubicada en las avenidas Monterrey y Tamaulipas, en la colonia Rodríguez. La imagen sólo completa el cuadro clínico de la enfermedad de la impunidad que afecta a Reynosa y de la que hace usufructo Guitián Rosas.
La imagen, por sí sola, no prueba que haya sobornos, protección ni complicidad, aunque otras evidencias sí han apuntado en esa dirección. Pero, como indicio, demuestra que hay preguntas que no se responden con silencio ni con boletines reciclados: ¿acaso esperaban a que mejorara el tipo de cambio ?
En Tamaulipas, un abrazo del gobernador a un capo, compartir cortes argentinos —tal vez acompañados de un tinto importado— o una patrulla estacionada frente a una casa de cambio quizá sean sólo una comida entre cuates y una coincidencia operativa.
El problema es que, con tantos antecedentes contra el jefe de la maquinaria del Cartel del Golfo que ha convertido el extorsión en su cajero automático, la ciudadanía ya aprendió a mirar la placa, contar los dólares y desconfiar del “no pasa nada”.
Con información: @Redes



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