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martes, 18 de agosto de 2026

«EX-FEDERAL, EX-MILITAR, DESAPARECIDO en ACCIÓN en… UCRANIA: ALBERTO FUE ENTRENADO con IMPUESTOS MEXICANOS y su POLICÍA fue DESMANTELADA»…asi congelan los apoyos económicos y el duelo.


La guerra de Ucrania también se está peleando con mexicanos que el Estado mexicano prefiere no contar. Mario Alberto Lover Martínez, expolicía federal y exmilitar, murió en combate en 2025; más de un año después, para Ucrania sigue “desaparecido en acción” y para su familia sigue siendo un cuerpo atrapado en algún punto del frente.

México exporta experiencia de guerra

La extinta Policía Federal no solo dejó expedientes, protestas y una transición atropellada hacia la Guardia Nacional. También dejó personal entrenado, curtido en Michoacán, Guerrero, Chihuahua y Tamaulipas, disponible para el mercado internacional de la guerra.

Mario Lover tenía 37 años, experiencia en el Ejército, formación en la Policía Federal, entrenamiento especializado e incluso cursos con Marines estadounidenses. Cuando el Gobierno desmanteló su corporación y convirtió la antigüedad laboral en una disputa, ese capital humano quedó disperso: escoltas, empleos precarios, promesas incumplidas… o un boleto hacia Ucrania.

No es una historia de aventura bélica ni de heroísmo cinematográfico. Es la consecuencia de haber formado cuadros para enfrentar violencia de alto impacto y después tratarlos como personal prescindible. Ucrania, con sus drones, minas, artillería y bombardeos, aparece como la salida extrema de una institución que México decidió tirar por la borda sin preocuparse demasiado por quién recogía los restos.

La promesa: sueldo, seguro y residencia

A Lover le ofrecieron entre 16 mil y 20 mil pesos mensuales, según su familia; otros exfederales hablan de pagos de hasta 70 mil, dependiendo del frente, el riesgo y hasta de rescatar compañeros. Seguro de vida, contrato de seis meses y posibilidad de residencia: el catálogo habitual para vender una guerra ajena como oportunidad laboral.

La letra pequeña, por supuesto, venía bañada en pólvora: el contrato no era tan voluntario cuando se intentaba abandonar. Según el testimonio de su primo, si un combatiente buscaba regresar antes podía ser considerado desertor y enfrentar cárcel. Es decir, la oferta era “ven a defender la libertad”, siempre y cuando no se te ocurra ejercer la tuya para salir.

Lover incluso habría empezado a querer volver porque el escenario no era como se lo habían vendido. Pero en una guerra, descubrir que la propaganda era propaganda suele ocurrir demasiado tarde.

Un mexicano sin registro mexicano

La paradoja es brutal: Mario salió desde Estados Unidos, fue evaluado físicamente y en manejo de armas, cruzó por Alemania y Polonia, y terminó incorporado a la Legión Internacional de Defensa Territorial de Ucrania. Pero, según su familia, a los reclutas les pedían no reportarse ante el consulado mexicano.

En fotos, Lover aparece con una bandera de Estados Unidos en el uniforme. No quedó registrado formalmente como mexicano. Una solución administrativa perfecta para que los gobiernos miren hacia otro lado: el combatiente existe para ir al frente, pero se vuelve difuso cuando toca identificar un cadáver, pagar compensaciones o reclamar responsabilidades.

Su familia recibió el aviso de que murió tras un ataque con drones y fuego en una zona fronteriza. El cuerpo quedó en el terreno. Desde entonces, la fórmula burocrática de “desaparecido en combate” congela todo: la certeza de la muerte, la repatriación, los apoyos económicos y el duelo.

La cuenta que nadie publica

México no tiene una cifra oficial de nacionales que combaten en Ucrania. Fuentes extraoficiales citadas por EL PAÍS señalan que al menos siete mexicanos han muerto en las filas de Kiev entre 2024 y 2026; en 2025, se reportaba que por lo menos 18 exintegrantes de la Policía Federal estaban ya en combate y otros 35 aguardaban traslado. 

No son solo números ni “voluntarios” en abstracto. Son el saldo de una política pública que desmanteló una corporación sin resolver la vida laboral, económica y profesional de muchos de sus integrantes. México presume que no manda tropas a Ucrania, pero parece haber encontrado otra modalidad: deshacerse de sus combatientes y dejar que otros países los recluten.

Mario Lover no es únicamente una víctima de la guerra entre Rusia y Ucrania. También es una prueba incómoda de cómo un Estado puede invertir años en formar experiencia operativa, abandonar a quienes la acumularon y luego fingir sorpresa cuando esa experiencia termina cotizando en el frente de batalla.

Con información: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/ANDRES RODRIGUEZ/

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