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domingo, 16 de agosto de 2026

LA “DERECHA” y… la IZQUIERDA ENYESADA: NOROÑA ACUSA a AEROMÉXICO de QUERER FRACTURARLE su ITINERARIO en su PERIPLO por la DICTADURA CUBANA…los acusa con deducciones tan SÓLIDAS como el yeso.


La izquierda se lesionó una mano; la derecha, según Noroña, intentó fracturarle el itinerario. El senador de Morena denunció que en el aeropuerto de Cuba quisieron impedirle volver a México por llevar yeso, episodio que rápidamente escaló de trámite médico a sospechosa conjura ideológica.

Saldo de la izquierda enyesada

Gerardo Fernández Noroña viajó a la dictadura Cubana para las conmemoraciones por el centenario de Fidel Castro y regresó con una experiencia digna de expediente clasificado: Aeroméxico casi lo deja varado porque su mano fracturada venía embalada en yeso.

Según el senador, una empleada le informó que no podía abordar en esas condiciones. Él, naturalmente, recordó el detalle incómodo de que había llegado a la isla con la misma mano, el mismo yeso y —presumiblemente— los mismos huesos. Entonces pidió un supervisor.

Ahí comenzó el drama: el supervisor, acusa Noroña, fue prepotente, no llamó de inmediato al médico y pareció dejar correr el reloj con la serenidad de quien espera que un pasajero incómodo pierda el vuelo por desgaste administrativo. Finalmente, intervino migración, llegó una doctora, revisó la mano y dictaminó lo evidente: el yeso no era un artefacto subversivo ni impedía que el senador se sentara en un avión. 

La derecha arbitraria

Pero Noroña no vio sólo burocracia aeroportuaria. Vio ideología. Porque, explicó, quienes trabajan “ahí, en el aeropuerto y todo”, probablemente son de derecha. Una deducción sólida como el yeso: si alguien no le facilita el abordaje a un político de izquierda, quizá no sea un mal gestor, sino una célula reaccionaria infiltrada entre los mostradores de documentación.

La hipótesis cobra fuerza —en el universo noroñista— porque su presencia en Cuba fue “muy notoria” y la televisión local lo mostró durante dos días. Es decir, el hombre no viajaba: irradiaba. Y frente a esa luminiscencia revolucionaria, algún empleado pudo haber activado el protocolo de contención ideológica: “Pasajero con fractura, discurso y exposición mediática; favor de retener hasta nuevo aviso”.

Final feliz, mano inmóvil

La médica autorizó el viaje y Noroña pudo regresar a México sin necesidad de solicitar asilo político en el Hotel Nacional. Antes, dejó claro que permanecer en Cuba contra su voluntad habría sido demasiado: “entonces sí me aviento por la ventana”.

Así quedó el parte de guerra: una mano enyesada, una aerolínea bajo sospecha y la derecha internacional acusada, una vez más, de no saber distinguir entre un riesgo de vuelo y un senador con yeso. Porque en la política mexicana hasta una fractura puede acabar convertida en lucha de clases.

Con información: PROCESO/

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