Resulta que a Andy López Beltrán le cancelan la visa estadounidense y, de inmediato, Morena activa el protocolo nacional de emergencia: no se trata de un trámite migratorio, no señor; es prácticamente el desembarco de marines en Veracruz, una agresión imperial contra la patria y un atentado directo contra la dignidad de 130 millones de mexicanos.
Porque en el nuevo manual del oficialismo, una visa no es una visa: es un documento sagrado, una extensión de la soberanía y, al parecer, una prueba de afecto diplomático. Pero cuidado: solo cuando se la retiran a alguien de casa. Si Washington cancela visas, según la propia Embajada, lo hace bajo sus propias reglas y considera esos permisos un privilegio, no un derecho. Una realidad bastante menos cinematográfica que la epopeya patriótica que Morena intenta vender.
La presidenta Claudia Sheinbaum tiene razón en un punto esencial: retirar una visa no equivale, por sí mismo, a una acusación penal.
La FGR incluso y con el mismo animo de protegerlo, afirmó no tener una carpeta abierta ni testimonios protegidos contra Andy López Beltrán por delitos de hidrocarburos, lo que es parcialmente cierto, convenientemente ambiguo.
Pero una cosa es rechazar la especulación, y otra muy distinta convertir toda pregunta incómoda en un acto de traición nacional.
De trámite consular a invasión extranjera
La maniobra es transparente: ante una situación personal donde Washington no está obligado a ventilar las razones particulares de una revocación— Morena decidió envolver a Andy en la bandera.
Así, quien pregunta por la cancelación de la visa ya no busca explicaciones: conspira con la oposición. Quien exige transparencia ya no hace política: “se entrega a intereses extranjeros”. Y quien no aplaude el cierre de filas quizá ya merezca revisión de patriotismo en la aduana ideológica.
La narrativa tiene una ventaja formidable: evita hablar de lo concreto. En lugar de responder por qué el hijo del expresidente anunció que le fue retirada la visa, el debate se muda a territorios grandilocuentes: soberanía, intervención, complots internacionales, amenazas desde el norte y héroes de la resistencia. Una visa convertida en capítulo de Star Wars, con Morena interpretando a la República y la crítica como el Imperio.
Qué conveniente.
Porque si no hay elementos públicos para acusar penalmente a Andy López Beltrán, tampoco hay elementos para presentar su caso personal como evidencia de una operación de Estados Unidos contra México. Una cosa no prueba la otra. La ausencia de una carpeta de investigación no demuestra que exista una campaña injerencista; demuestra, sencillamente, que la fiscalía dice no tener esa investigación.
El blindaje con bandera
Morena parece haber descubierto una fórmula política extraordinaria: cuando un integrante del círculo poderoso es objeto de cuestionamientos, el problema deja de ser individual y se convierte mágicamente en una afrenta colectiva.
No importa que Estados Unidos cancele visas a discreción, que la Embajada advierta explícitamente que puede hacerlo “sin importar quién sea el titular” o cuáles sean sus opiniones políticas. Para el oficialismo, el dato central no es la facultad soberana de otro país para decidir a quién deja entrar; el dato central es que la oposición ha osado comentar el asunto.
Y ahí está la contradicción deliciosa: Morena denuncia la injerencia de Washington, pero pretende decidir cómo debe ejercer Washington su política migratoria. Es decir, México exige respeto absoluto a su soberanía, mientras convierte una decisión consular estadounidense en un crimen de lesa patria. La soberanía, al parecer, aplica en ambos sentidos… salvo cuando incomoda al clan político correcto.
Nadie está obligado a creer los rumores ni a convertir una revocación de visa en sentencia judicial. Pero tampoco nadie debería aceptar que el poder use el nacionalismo como cobija para tapar cualquier cuestionamiento sobre los suyos. Defender el debido proceso es indispensable; blindar a los cercanos con discursos de invasión imaginaria es otra cosa.
Al final, la pregunta no es si Andy López Beltrán tiene derecho a ser tratado con justicia. Lo tiene, como cualquiera. La pregunta es por qué Morena considera que pedir claridad sobre un personaje políticamente expuesto equivale a atacar a México.
La respuesta parece evidente: porque para el oficialismo, México es muy grande cuando hay que exigir aplausos, pero se vuelve sorprendentemente pequeño cuando el asunto toca a los de casa.
Con información: DIARIO ESPAÑOL/EL PAIS/DAVID MARCIAL PEREZ/

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