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miércoles, 19 de agosto de 2026

“¿GARANTÍA o ALERTA PREVENTIVA?: la DEA ELOGIA a HARFUCH como ELOGIÓ a GARCÍA LUNA, y JULIO ASTILLERO RECUERDA cómo ACABÓ la PELÍCULA”… la evidencia previa no permite ser tan optimistas.


El director de la Administración de Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés), Terrance Cole, aseguró que el Secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, es un socio de confianza.

Al presentarlo durante su participación en la Conferencia Internacional para el Control de Drogas, que se realiza en Buenos Aires, Argentina, Cole destacó la trayectoria del funcionario mexicano.

«(Es) un socio de confianza y un buen amigo de Estados Unidos, el Secretario mexicano de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch. El Secretario Harfuch ha dedicado casi dos décadas al servicio público para proteger a la población de México»….Terrance Cole/DEA

La DEA vuelve a repartir diplomas de “superpolicía” de México, y el eco histórico no es precisamente tranquilizador. En 2011, en otra reunión de la Conferencia Internacional para el Control de Drogas realizada en Cancún, Genaro García Luna presidía el encuentro y recibía elogios de Michelle Leonhart, entonces directora de la DEA: lo presentó como “uno de los mejores policías del mundo” y celebró la firmeza del gobierno de Felipe Calderón contra los cárteles. 

Años después, aquel policía ejemplar terminó condenado en Estados Unidos por delitos ligados al narcotráfico. 

Ahora la escena parece tener remake, con distinto reparto pero apellido compartido. En Buenos Aires, el director de la DEA, Terrance Cole, presentó al secretario de Seguridad federal, Omar García Harfuch, como “socio de confianza”, “buen amigo de Estados Unidos” y funcionario comprometido con perseguir líderes criminales, desarticular redes y compartir inteligencia. 

El discurso es impecable: cooperación, profesionalismo, heroísmo tras el atentado de 2020 y una trayectoria de casi dos décadas en el servicio público.

El problema es que, en México, cuando Washington aplaude a un jefe policiaco como si fuera la versión tropical de Batman, la memoria obliga a preguntar si estamos ante una garantía o ante una alerta preventiva.

Porque García Luna también fue “socio confiable”; también recibió el aplauso estadounidense; también fue exhibido como la pieza indispensable de una guerra contra el narco que prometía quebrar a los cárteles. La historia no terminó con una medalla, sino con un juicio federal en Nueva York y una condena que convirtió el viejo expediente de elogios que incluso quiso presumir el dia de su captura,multiples fotografías con los mas altos representantes de agencias federales de aplicación de la ley,una colección de ironías documentales.

No se trata de afirmar que Harfuch sea García Luna, pero tampoco de eludir los múltiples indicios ,algunos en carpetas federales que acusaron inacción tras declaraciones de criminales. 

Acusaciones inmersas en amplio historial, desde la orden para darlo de baja por perdida de confianza que no pueden ser tratadas como ruido de fondo, particularmente cuando la narrativa oficial exige confianza ciega.

Ahí están las acusaciones publicadas a partir de los dichos de Gildardo López Astudillo, “El Gil”, testigo protegido en el caso Ayotzinapa, quien afirmó que García Harfuch habría recibido pagos de Guerreros Unidos durante su etapa de Comisario de la Policia Federal en Guerrero.

También están las declaraciones de Dámaso López Serrano, “El Mini Lic”, quien acusó a García Harfuch de haber recibido dinero de Los Chapitos para la captura de su padre, Dámaso López Núñez, “El Licenciado”, en 2017. 

Son acusaciones graves provenientes de un narcotraficante confeso y, por tanto, deben examinarse con rigor, evidencia verificable y debido proceso; no sirven por sí solas como veredicto. Pero tampoco desaparecen porque el señalado ocupe hoy un cargo de primer nivel. 

A ello se añaden versiones difundidas por Los Ángeles Press sobre un presunto expediente interno vinculado con evaluaciones de control de confianza de 2012. Esa publicación plantea que Harfuch habría reprobado filtros y, aun así, continuado su ascenso institucional. Es información con vasta ocumentación oficial.

El patrón que inquieta no es una identidad automática entre ambos García. Es otro: el de un sistema que fabrica figuras intocables, las rodea de propaganda de eficiencia, las vuelve indispensables para Washington y para el gobierno en turno, y luego exige que toda pregunta crítica sea leída como ataque político.

Con García Luna, el libreto fue conocido y muy semejante: el slogan de «inteligencia contra la delincuencia, capturas espectaculares, ceremonias, fotografías con agencias estadounidenses, conferencias internacionales y el discurso de que México por fin tenía un policía de talla mundial. Después vino el derrumbe. Por eso la lección no es que todo funcionario reconocido por la DEA sea culpable; la lección es que un elogio de la DEA no equivale a certificado de inocencia, ni sustituye fiscalización, transparencia ni rendición de cuentas.

Los dos “superpolicías” comparten, por ahora, algo incómodo: la aureola estadounidense y el peso de cuestionamientos públicos sobre sus trayectorias, ademas de una estrategia que parece copia al carbon. 

Uno ya cayó del pedestal y fue condenado. El otro sigue arriba, respaldado desde Palacio, celebrado por la DEA y proyectado en la conversación política nacional. Precisamente por eso, la vara no debe ser más baja, sino más alta.

México no necesita otro ídolo blindado por el aplauso y la estrategia mediática que los convierte en Idolos de barro. Necesita expedientes abiertos, respuestas verificables, investigaciones autónomas y la capacidad de no confundir cooperación binacional con absolución anticipada.

Reacción en los comentarios de EL NORTE

Los comentarios recogidos tras la nota de EL NORTE retratan una reacción dominada por la desconfianza y, sobre todo, por el recuerdo de García Luna. La coincidencia más repetida fue brutalmente sencilla: “así decían de García Luna”. Los usuarios convirtieron el reconocimiento de Terrance Cole en una especie de déjà vu político-policial.

Los ejes principales

ReacciónSentido de los comentarios
Memoria de García LunaVarios lectores relacionaron el elogio a Harfuch con el respaldo que recibió García Luna antes de su caída judicial. Comentarios 3, 17 y 19 lo expresan de manera directa
Desconfianza Algunos leyeron “socio de confianza” como una fórmula ambigua: confianza para Estados Unidos, para el gobierno mexicano o, con sarcasmo, para el crimen organizado. Comentarios 1, 4, 8 y 15
Sospechas por antecedentesOtros citaron su paso por corporaciones ligadas al periodo de García Luna, Ayotzinapa, huachicol y acusaciones previas. Comentarios 10, 11 y 20
Lectura electoralUna parte interpretó el espaldarazo de la DEA como señal de que Harfuch es presidenciable o una figura preferida de Washington. Comentarios 6, 13, 14 y 26
Defensa partidistaTambién hubo respuestas que celebraron la cooperación bilateral y acusaron a críticos de actuar por animadversión política hacia Morena. Comentarios 18, 22 y 28
Sarcasmo y fatalismoEl tono predominante fue de burla: hoy lo premian, mañana lo desconocen; hoy le dan confianza, mañana lo agarran desprevenido. Comentarios 5, 9 y 16

En conjunto, la caja de comentarios no debate tanto el mérito operativo de Harfuch como el valor real de la certificación estadounidense. Para muchos lectores, el antecedente de García Luna convirtió cada elogio de la DEA en un recordatorio incómodo: en materia de seguridad mexicana, las palmas de Washington pueden ser una condecoración, pero también una mala premonición.

Con información: ELNORTE/

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