La tesis de Jose Ramiro Obrador,Secretario de Gobierno en Tabasco, es de una sutileza geopolítica de martillo: Estados Unidos no retiraría visas por casos individuales ni por criterios consulares; estaría calentando motores para ir por “el grande”, es decir, el expresidente Andrés Manuel López Obrador. En su relato, el hermano menor sería apenas el comienzo de una ofensiva mayor.
Qué dijo, cómo lo dijo y qué nos revela.
- “No quieren al chico, sino al grande”
La frase central convierte cualquier medida en una especie de mensaje cifrado de Washington hacia AMLO. No hay evidencia expuesta, ni documento, ni declaración oficial estadounidense que sustente el salto lógico: sólo la certeza familiar de que, si le pegan a uno, en realidad apuntaban al otro. - “Es un asunto político, no tiene que ver con otro tema”
Traducción libre: si una autoridad extranjera toma una decisión adversa, no puede ser por información propia, criterios migratorios o evaluaciones consulares; debe ser una conspiración política. Es una defensa perfecta porque no necesita probar nada: basta declararlo con convicción y repetirlo varias veces. - “Ya son muchas visas que se están retirando”
Aquí se intenta construir un patrón. El problema es que un patrón no equivale, por sí solo, a una operación dirigida contra el expresidente. Para sostener esa conclusión harían falta nombres, resoluciones, razones oficiales, temporalidad y vínculos verificables. En la entrevista, el puente entre “hay cancelaciones” y “van por AMLO” se cruza a pura fe política. - “Creen ellos que logran hacer el daño del prestigio”
El argumento no discute los hechos que pudieran motivar el retiro de una visa; cambia el eje: el verdadero problema sería el daño reputacional. Es decir, no importa tanto por qué se tomó la medida, sino que se interprete como agresión contra el prestigio del movimiento y, por extensión, de su fundador. - “Eso no lo hacían antes… con los políticos que apoyaban el neoliberalismo”
La defensa se vuelve nostalgia selectiva. La pregunta implícita es: “¿Por qué antes no les quitaban visas a los malos y ahora sí a los nuestros?” Pero no demuestra que antes no ocurriera, ni que los gobiernos de Estados Unidos hayan aplicado siempre un mismo criterio. En cambio, sí sirve para revivir el libreto conocido: los anteriores eran “entreguistas”; los actuales, víctimas de una potencia incómoda. - “Aquí hay soberanía, autonomía… cooperación y no subordinación”
La soberanía aparece como chaleco antibalas retórico. El detalle incómodo es que una visa estadounidense no es un reconocimiento soberano mexicano: es un permiso de entrada que decide Estados Unidos. Se puede criticar políticamente esa decisión, por supuesto, pero convertirla en atentado contra la soberanía es confundir una medida consular con la invasión de Veracruz. - “Ya ha platicado con su sobrino, con el expresidente”
La pregunta era relevante porque podía revelar la reacción directa de AMLO. La respuesta, sin embargo, se desliza: sí ha hablado con el sobrino, no ha visto al expresidente porque anda “ocupado” y “caminando”. De pronto, el hombre al que supuestamente buscan los vecinos del norte queda fuera de cuadro, haciendo senderismo narrativo. - “Sabemos lo que quieren, nada más que le están pensando”
Este es el corazón de la teoría: se sabe que Estados Unidos quiere algo, pero no se explica cómo se sabe; se afirma que “le están pensando”, pero tampoco se expone qué los detiene. Es una acusación diseñada para ser imposible de refutar: si no actúan, es porque calculan; si actúan, confirmaron el plan. - “El pueblo de México está muy despierto”
Cuando faltan pruebas, llega el pueblo. No como fuente verificable, sino como autoridad moral total: el pueblo sabe, ve, entiende y, convenientemente, coincide con quien habla. La frase de AMLO —“tonto es el que cree que el pueblo es tonto”— funciona aquí como estampita discursiva: se invoca para blindar una hipótesis que no se acredita. - “Nos usan como carne de cañón”
Jose Ramiro se coloca en el papel de víctima instrumentalizada. Pero, otra vez, no precisa quién utiliza a quién, con qué pruebas, para qué operación concreta ni mediante qué mecanismo. La metáfora es efectiva: convierte la controversia en ataque a ciudadanos de a pie, aunque él sea hermano del expresidente y figura directamente asociada al poder político. - “Váyanse al territorio… lo único que traen son bots y granjas”
El cierre repite una táctica conocida: descalificar críticas como artificios digitales y mediáticos. El problema es que la afirmación también llega sin evidencia. Los bots son el comodín de la política contemporánea: explican cualquier tendencia incómoda sin tener que responder a la pregunta de fondo.
Más que una explicación, arma una narrativa de cerco:
La jugada es clara: no se defiende una circunstancia concreta con datos; se eleva el asunto a una batalla entre el obradorismo soberano y un enemigo externo que, según el relato, opera con visas, desprestigio, bots, medios y oscuras intenciones. Una navaja suiza de la victimización.
El mensaje final no busca explicar por qué le retiraron la visa al “chico”. Busca mantener la idea de que al “grande” lo persiguen porque sigue siendo el gran tótem del movimiento. Y si no hay expediente, prueba ni anuncio que lo confirme, no importa: en la lógica de Jose Ramiro, la ausencia de evidencia también es evidencia de que los vecinos se la están pensando.
Luego viene el catálogo completo: el neoliberalismo, los gobiernos entreguistas, los bots, las granjas, los medios y el pueblo “mucho muy despierto”. Sólo faltó culpar al algoritmo, al calentamiento global y a los tamales de chipilín.
Con información: PROCESO/

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