La deuda de Pemex con sus proveedores ya asciende a unos 21 mil millones de dólares y no es un rezago marginal como aseguró la Presidenta Claudia Sheinbaum en su conferencia mañanera de ayer.
No es un “rezaguito”, Presidenta. Es un cráter de más de 350 mil millones de pesos abierto en la caja de Pemex, donde proveedores que ya hicieron el trabajo siguen esperando que alguien, por lo menos, les acepte la factura.
La versión oficial dice que 95 por ciento de los proveedores ya cobró y que sólo quedan “muy pocos” pendientes. Pero la AMESPAC pone los números sobre la mesa y el discurso se desinfla: de los trabajos realizados en 2024 todavía se deben alrededor de 10 mil millones de dólares. Lo más absurdo es que 96 por ciento de ese monto ni siquiera aparece como deuda reconocida, porque las empresas no han podido facturar los servicios que Pemex ya recibió.
Traducido al idioma de la banqueta: Pemex pide el trabajo, se lleva la mercancía, usa la maquinaria, perfora el pozo, mueve el equipo… y luego se hace el sorprendido cuando le cobran. No es que no deba: es que, según los empresarios, buena parte de la deuda está estacionada en el limbo burocrático, ese lugar donde los pagos se evaporan entre sellos, oficinas y sistemas que “están en proceso”.
Y el hoyo no se está cerrando; sigue creciendo. A lo pendiente de 2024 se suman cerca de 9 mil millones de dólares por servicios de este año, entre facturas vencidas y trabajos terminados que tampoco pueden documentarse formalmente. Resultado: una deuda superior a 21 mil millones de dólares, equivalente a 85 por ciento del monto histórico que obligó al gobierno a montar un programa extraordinario de pagos con Banobras.
Decir que son “muy pocos casos” es como ver una fuga de agua inundando la sala y tranquilizarse porque apenas va por los tobillos. El problema no es sólo cuánto debe Pemex, sino que no reconoce con claridad lo que debe, no habilita la facturación y no ofrece una ruta confiable para pagar. Así ninguna empresa planea, invierte ni mantiene empleos: trabaja a crédito para una petrolera estatal que presume fortaleza mientras deja a sus proveedores haciendo fila con la mano extendida.
La cuenta no desaparece porque no esté en el balance. Sólo cambia de bolsillo: la absorben las empresas proveedoras, sus trabajadores, sus acreedores y las regiones petroleras que dependen de esa cadena productiva. Pemex podrá llamar “marginal” al adeudo; para quien tiene nómina, maquinaria parada y créditos corriendo, 21 mil millones de dólares no son una anécdota. Son una sentencia de asfixia financiera.
Con información: ELNORTE/

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