Visitanos tambien en:

sábado, 22 de agosto de 2026

SE «VA A QUEDAR SIN RANCHO: EE.UU BUSCA DECOMISARLE RANCHO en CALIFORNIA a CACAIXTLON GRINGO del CJNG… las herencias de sangre siempre vienen con broncas incluidas.


Juan Carlos Valencia González, compró en 2011 un rancho en Hemet, California, por 250.000 dólares usando únicamente el apellido materno: Juan Carlos González. Quince años después, la propiedad —hoy valuada en hasta 695.000 dólares— es objeto de un proceso federal de decomiso, mientras su dueño figura como el nuevo jefe del CJNG y carga una recompensa de 25 millones de dólares sobre la cabeza.

El rancho del futuro capo

Antes de convertirse en el Pelón o el R3, antes de heredar la silla sangrienta de su padrastro, Nemesio Oseguera Cervantes, el Mencho, Juan Carlos Valencia González apostó por un pedazo de campo californiano. Tenía 26 años, era 2011 y el expediente de compraventa lo registró como Juan Carlos González: sin Valencia, sin estridencias, sin el apellido que conectaba de inmediato con Rosalinda González Valencia y el clan de Los Cuinis.

El precio fue de 250.000 dólares, en su mayor parte cubiertos con un préstamo. La operación se hizo con Hemet Auto Center Leasing Inc. y el terreno, de 19.468 metros cuadrados —casi tres canchas de fútbol—, quedó catalogado para uso residencial. Sin embargo, durante 15 años no se solicitó un solo permiso de construcción, según los registros inmobiliarios del condado de Riverside revisados por EL PAÍS.

No fue una mala jugada financiera. Apenas entre 2012 y 2013, el valor del predio saltó 51%. Después siguió subiendo, entre 5% y 12% cada año, hasta que la oficina catastral local calculó que podría venderse por hasta 695.000 dólares: casi el triple de la cifra original. En 2025, además, generó 3.747 dólares de impuesto predial, 7% más que el año anterior.

Un refugio con olor a estiércol

El rancho está en Hemet, a 140 kilómetros al este de Los Ángeles, en una zona de cercos, caballos, predios baldíos, cultivos, casas elegantes y cerros secos, pedregosos y empinados. Un paisaje de tranquilidad rural, salvo por los ventarrones que pueden traer el olor del estiércol y por el detalle incómodo de que uno de los propietarios del lugar es uno de los narcos más buscados del planeta.

El sitio funcionó como una especie de escape para Valencia González, nacido en Santa Ana en 1984, ciudad donde aún viven varios de sus familiares. No hay albercas de revista ni ostentación de nueva riqueza: hay una pequeña casa casi derruida, una galera de madera, una camioneta vieja cubierta de polvo, una bandera estadounidense ondeando en medio del terreno, dos gallos, dos perros, un chivo y un borrego.

En la reja metálica se leen advertencias que combinan la rusticidad con una paranoia bastante funcional: “Mantén la puerta cerrada. No importa lo que te digan los caballos”; “Cuidado con los perros”; y “Cámaras de seguridad y grabadora de audio en uso”. No es exactamente el retiro espiritual de un empresario agrícola. Es un rancho con animales, vigilancia y una historia que llegó hasta Washington.

De hijastro a sucesor

Valencia González es hijo de Rosalinda González Valencia y Armando Valencia Cornelio, quien pasó de productor de aguacates a fundador del Cartel del Milenio, organización antecedente del CJNG. La relación de sus padres fue breve. Rosalinda después se unió a el Mencho, con quien tuvo tres hijos: Jessica Johanna, Rubén y Laisha Michelle Oseguera González, los tres nacidos en San Francisco, California.

La familia no necesitaba demasiadas presentaciones en el mapa criminal. Los hermanos de Rosalinda, conocidos como Los Cuinis, han sido señalados por autoridades como el brazo financiero del CJNG. Dentro de ese engranaje, el Pelón escaló hasta dirigir el Grupo Elite, un comando de sicarios dedicado principalmente a proteger al jefe del cartel.

Según el Departamento de Justicia estadounidense, Valencia González “organizó numerosos actos violentos”, además de fabricar, transportar y distribuir toneladas de narcóticos. En 2020, Estados Unidos le presentó cargos por importación de drogas y uso de armas de fuego.

Su coronación llegó en febrero de 2026, tras la muerte de el Mencho durante un operativo militar en Jalisco. La muerte del capo no desintegró la estructura criminal que controlaba producción y distribución de múltiples drogas hacia decenas de países, ni el imperio que se había extendido por 21 de los 32 estados mexicanos. La DEA lo dijo sin rodeos: “La caída del Mencho no acabó con el CJNG”. Para su director, Terrance Cole, el Pelón se convirtió en “la principal prioridad de la DEA”.

La recompensa también escaló a nivel de sucesión: 25 millones de dólares por información sobre Valencia González, por encima de los 20 millones ofrecidos por Rafael Caro Quintero, histórico objetivo de la DEA por el asesinato de un agente estadounidense en 1985.

El decomiso se acerca

El rancho llevaba años bajo la mira del Gobierno de Estados Unidos, pero las sanciones del Departamento del Tesoro impuestas a finales de julio de 2026 lo colocaron abiertamente bajo reflector. La designación de la OFAC implica congelar bienes y cuentas bancarias de Valencia González en Estados Unidos, y prohíbe a ciudadanos y empresas estadounidenses hacer transacciones con él.

A finales de julio, el Departamento de Justicia inició ante un tribunal federal del Distrito de Columbia un procedimiento para decomisar el terreno. El caso ya quedó en manos de un juez en Washington D.C. y lo encabeza la Sección de Lavado de Dinero, Narcóticos y Decomisos de la División Criminal del DOJ. La hipótesis oficial: el inmueble está ligado al recién ungido jefe del Cartel Jalisco Nueva Generación.

Mientras tanto, la administración cotidiana del predio recae, según una fuente de la DEA citada por EL PAÍS, en José María González Valencia, tío materno del capo y residente del condado de Orange. El dato es relevante porque convierte al rancho en algo más que una propiedad abandonada: es un activo que seguía operando, cobrando renta y sosteniendo una rutina aparentemente menor.

“Te tienes que salir”

El inquilino es un criador de caballos mexicano que pidió anonimato. Llevaba tres años ocupando el predio cuando recibió una llamada de José María González Valencia. El mensaje fue breve, seco y suficiente: “Te tienes que salir”. No hubo explicaciones. Tampoco preguntas. “No hice más preguntas porque no conviene”, relató.

Cada mes, dijo, el tío del capo acudía a cobrar 1.500 dólares de renta. Siempre en efectivo. El criador ya trasladó sus caballos a una granja cercana, pero teme que el Gobierno tome posesión del rancho antes de que consiga retirar el resto: fierros viejos, una caminadora para equinos, una silla de montar, la casita desvencijada, la pick-up polvorienta y los animales que aún quedan allí.

Cuando uno de los gallos canta, el hombre lo mira y sonríe. La afición por las aves de pelea era, curiosamente, algo que compartía con el Mencho. El criador asegura no saber casi nada sobre quien gestiona la propiedad y absolutamente nada sobre su dueño real. “No es mi negocio, lo mío es pagarle la renta”, insiste.

Supone que la orden de desalojo anticipa una rendición práctica: no habrá pleito contra el Gobierno porque el terreno terminará por cederse. Conoció a José María González Valencia por amistades comunes, en una finca de la zona; sabe que vive en Santa Ana y lo describe como “buena persona, a todo dar”.

De lo único que dice estar seguro es de que él y su familia “son gente de rancho”. Una descripción modesta para una propiedad que pasó de refugio campirano de un joven llamado Juan Carlos González a evidencia inmobiliaria de la nueva cabeza del CJNG.

Con información: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/ISAIAS ALVARADO/

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Tu Comentario es VALIOSO: