Visitanos tambien en:

sábado, 22 de agosto de 2026

“ROCHA REGRESA, la SANGRE NO se VA y su VIDA PELIGRA: los CHAPITOS se FORTALECEN bajo AMENAZA de la MAYIZA”… mala decisión del gobernador: va a volcar todo y a todos en su contra.


Rubén Rocha Moya volvió al Palacio de Gobierno como si Sinaloa fuera una oficina que se puede abandonar por “asuntos personales” y recuperar después de que pase el escándalo. Pero afuera no lo recibieron con flores ni aplausos: ciudadanos cubrieron las escalinatas con mantas rojas, un río de sangre simbólico para recordarle al gobernador que, aunque él regrese al escritorio, los muertos no regresan a sus casas.

“Rocha regresa, pero la sangre no se va”, decía una de las cartulinas. Y no es una consigna exagerada: es el resumen más preciso de un estado que se desangra mientras el poder intenta vender normalidad, legalidad y discursos de “firmeza”.

Rocha llegó al Gobierno de Sinaloa en 2021 bajo acusaciones de haber recibido ayuda del crimen organizado: amenazas, secuestros de operadores políticos y una elección marcada por el olor a pólvora. Ya instalado en el cargo, la violencia no disminuyó; se convirtió en paisaje. Y desde julio de 2024, tras la captura de Ismael “El Mayo” Zambada en Estados Unidos, el infierno terminó de abrirse.

Zambada acusó haber sido entregado por Joaquín Guzmán López después de ser citado a una supuesta reunión con Rocha Moya. En ese mismo episodio apareció el nombre de Héctor Melesio Cuén Ojeda, rival político del gobernador, asesinado aquel día. La Fiscalía estatal quiso vender el cuento de un asalto en una gasolinera; después, la FGR confirmó que el homicidio ocurrió en el lugar ligado a la traición de “El Mayo”. Otra vez, la versión oficial quedó embarrada de dudas, contradicciones y descrédito.

Mientras las facciones del Cártel de Sinaloa convierten al estado en un campo de batalla, la cifra de homicidios ya supera los 3 mil —cerca de 4 mil, de acuerdo con Noroeste— y deja un número similar de familias rotas. Son más de 4 mil desaprecidos y, en conjunto, más de 8 mil razones para que nadie acepte el regreso triunfal de un gobernador señalado por Estados Unidos por presuntos nexos con el narcotráfico.

Porque siempre se puede estar peor

Y lo que viene puede ser todavía aun mas perjudicial para los gobernados. Rocha vuelve a un cargo que su propio partido parece tolerar con pinzas y que el gobierno federal observa como quien ve una bomba con el temporizador encendido. 

Morena podrá emitir deslindes, los gobernadores podrán fingir distancia y Palacio podrá administrar el daño, pero el mensaje ya está dado: el gobernador de Sinaloa quedó políticamente aislado.

Sin respaldo pleno, sin coordinación real y con un gobierno estatal bajo sospecha, la estrategia de seguridad no sólo se estanca: retrocede. Porque cuando el poder se fragmenta, las instituciones se paralizan y los políticos se pelean por salvar su pellejo, quienes sí tienen mando, armas y disciplina aprovechan el vacío.

Los Chapitos no necesitan una declaración oficial para fortalecerse; les basta con un Estado distraído, una clase política dividida y autoridades más ocupadas en deslindarse de Rocha que en recuperar el control de Sinaloa. En esa disputa, el gobernador intenta regresar al despacho, Morena intenta lavarse las manos y el crimen organizado vuelve a cobrar la factura.

La violencia no espera comunicados. Y en Sinaloa, cada ruptura política se traduce en una oportunidad para que los cárteles gobiernen donde el gobierno renunció a hacerlo.

Posdata: Rocha Moya no sólo regresa políticamente debilitado; vuelve marcado en medio de una guerra criminal que ya lo puso en la mira. En octubre de 2024, volantes atribuidos a La Mayiza llamaron a “derrocar” al gobierno y señalaron directamente al gobernador como aliado de Los Chapitos; la propia Secretaría de Seguridad Pública de Sinaloa confirmó entonces la distribución de esos panfletos, aunque advirtió que podía tratarse de una maniobra distractora.

Bajo esas condiciones, su vida está en peligro. No por una metáfora de columna política, sino porque un gobernador señalado por una facción criminal, aislado por su partido y enfrentado a una crisis de seguridad sin control deja de ser sólo un mandatario: se convierte en una pieza expuesta en el tablero de una guerra que no reconoce investiduras, discursos ni conferencias de prensa.

Con información: REFORMA/ MEDIOS/REDES

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Tu Comentario es VALIOSO: