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miércoles, 19 de agosto de 2026

“MAFIOSO SÍ es MILITANTE de MORENA: LIDERESA lo CONFIESA con la MISMA CARA de ‘YO NO FUI’ con que DIJO que NO”… había comprobado la probidad con premura.


Ariadna Montiel, líder nacional de Morena, por órdenes de Andrés Manuel López “Hablador”, pasó de no conocer a presunto “mafioso” a descubrir que llevaba más de una década afiliado al partido.

Primero negó que Alejandro Arcos Romero fuera militante; después, con el padrón en la mano, resultó que estaba afiliado desde 2013.

Una precisión menor, dirán: apenas 13 años de diferencia entre “no es de Morena” y “sí está desde el inicio”.

Ariadna Montiel estrenó una nueva modalidad de deslinde político: negar primero, verificar después y encomendar el problema a la Comisión de Honestidad cuando ya no queda mucho margen para hacerse la sorprendida.

Hace apenas una semana, la dirigente morenista aseguró que Alejandro Arcos Romero —señalado por presuntos nexos con la mafia rumana— no era militante del partido. No sabía quién era, no participaba en el movimiento y, por supuesto, Morena no tenía por qué responder por él. Caso cerrado, carpeta archivada y siguiente pregunta.

Pero el padrón tuvo la mala costumbre de hablar. Ahora Montiel dice que el coordinador le informó que Arcos Romero está afiliado desde 2013, prácticamente desde los albores del movimiento. Es decir: no era militante… hasta que alguien revisó la lista.

La explicación es que Morena tiene más de 12 millones de afiliados y que nadie puede conocerlos a todos. Cierto: es difícil pasar lista. Pero quizá no tanto cuando el nombre aparece vinculado a una investigación de alto impacto y a personajes cercanos a aspirantes relevantes en Quintana Roo.

La conducta de la líder nacional del partido , puede conceptuarse como una incongruencia deliberada en el ejercicio de su función, caracterizada por emitir una negación categórica sin verificación suficiente y rectificarla después de que los datos oficiales la desmienten.

No se trata solo de una imprecisión: cuando quien debe comprobar hechos actúa con premura selectiva —rigurosa para atribuir responsabilidades ajenas, negligente para revisar las propias— incurre en una forma de engaño político y administrativo. La dolo radica, en su sentido común, en presentar como certeza aquello que no ha sido debidamente comprobado, con el probable propósito de deslindar a la institución de una liga mas con mafiosos.

Así, la versión oficial evolucionó con rapidez: de “ese señor no es de Morena” a “sí está afiliado, pero que la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia decida qué hacer”. En Morena, al parecer, la militancia no se confirma por convicción, trayectoria o padrón, sino cuando ya aparece en los encabezados incómodos.

Con información: ELNORTE/

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