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miércoles, 26 de agosto de 2026

“OTRA DOSIS de lo que NO CURA: ESTRATEGIA CIRCULAR RECETA a SINALOA LLENA de MILITARES OTRO REFORZAMIENTO para REFORZAR lo REFORZADO”…la bacteria criminal aprende, muta y desarrolla resistencia.


Mazatlán recibe otros 1,300 militares y el gobierno vuelve a anunciar el mismo “reforzamiento” que, desde hace dos décadas, refuerza lo ya reforzado: más tropas para fortalecer la presencia, contener la violencia, disuadir al crimen y, de paso, fortalecer el fortalecimiento. Una estrategia circular, casi litúrgica: cuando el paciente empeora, se le receta otra dosis de lo que no lo curó.

Con este nuevo envío, el despliegue federal en Sinaloa ronda ya los 18 mil elementos, si se consideran los contingentes acumulados y los últimos movimientos. En Mazatlán, a los 1,300 recién llegados se suman los 1,500 marinos que la propia Presidencia reportó para el puerto, además de Ejército, Guardia Nacional y demás presencia federal ya instalada. Y, sin embargo, julio cerró con más de 30 asesinatos; hubo ataques con explosivos improvisados contra personal naval, un marino muerto, heridos, drones convertidos en plataformas de agresión y balaceras que ya alcanzan el centro turístico. 

El remedio no sólo no baja la fiebre: presume el termómetro mientras el enfermo delira.

Sun Tzu, el maestro «Sun», en el arte de la guerra, advertía que la estrategia sin táctica es el camino más lento hacia la victoria, y que la táctica sin estrategia es apenas el ruido previo a la derrota. 

Aquí ni siquiera hay misterio: abundan los uniformes, los patrullajes y los boletines; escasea una estrategia que modifique los incentivos criminales, desarticule redes financieras, proteja testigos, investigue homicidios,casi 95% quedan impunes entre ellos casi 100 uniformados, depure policías y recupere instituciones locales después de desmantelar el apoyo político a criminales que suele venir acompañado del combate sesgado y selectivo. 

Aqui confunde ocupación con control, presencia con la presumida inteligencia y despliegue con resultado.

La analogía clínica ya es brutalmente precisa. Desde 2006, el Estado ha aplicado el mismo antibiótico de amplio espectro —militarización reactiva— una y otra vez, aun cuando la bacteria criminal aprende, muta y desarrolla resistencia. 

Las facciones se fragmentan, se adaptan, reclutan, diversifican sus armas y disputan territorios con mayor capacidad letal. Pero la receta oficial permanece intacta: otros mil, otros mil 300, otro “reforzamiento”, otro comunicado que anuncia tranquilidad justo cuando la violencia cobra nueva musculatura.

En medicina, insistir con un antibiótico que genera resistencia no es perseverancia: es mala práctica. En seguridad pública, repetir durante veinte años una fórmula que coincide con escaladas, reacomodos violentos y territorios cada vez más militarizados tampoco debería llamarse estrategia. Es, en el mejor de los casos, terquedad institucional; en el peor, la administración burocrática de una enfermedad que se presume combatir.

Porque el problema no es que lleguen 1,300 soldados a Mazatlán. El problema es que, después de casi dos décadas, ésa siga siendo la gran idea. El gobierno vuelve a enviar refuerzos a reforzar lo reforzado, como si el país no hubiera aprendido que una cama llena de médicos no salva al paciente cuando todos insisten en recetarle el mismo medicamento equivocado como gritan los gráficos de NOROESTE de las tres principales violencias.

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Con información: ELNORTE/ NOROESTE/

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