En el Centro de Monterrey, la noche tuvo su propio capítulo de neurociencia aplicada al desastre: un hombre de unos 35 años decidió que una antena de telefonía de 20 metros era el lugar idóneo para procesar una pelea de pareja, una presunta intoxicación y, aparentemente, una conspiración internacional en su contra.
Johnny —conocido por vecinos como “El Pelón”— escaló la estructura ubicada entre Washington y Serafín Peña armado con un cuchillo, short azul, tenis blancos y una seguridad emocional que, claramente, no venía incluida con el resto del equipo.
Sin playera, pero con una misión que sólo su sistema nervioso parecía comprender, mantuvo movilizados durante dos horas a policías y rescatistas.
Desde las alturas, el hombre repetía que no necesitaba ayuda para bajar. El pequeño detalle era que tampoco bajaba. Una contradicción bastante común cuando el cerebro entra en modo “alarma total”: la corteza prefrontal —la parte encargada de calcular riesgos, frenar impulsos y evitar ideas absurdamente peligrosas— parece pedir licencia, mientras el miedo, la paranoia y la impulsividad toman el volante sin saber conducir.

Los reportes apuntan a que el hombre podría encontrarse bajo efectos de alguna sustancia, además de atravesar un conflicto sentimental. Es decir: una mezcla de emociones desbordadas, posible intoxicación y una antena de 20 metros; el tipo de cóctel que no aparece en ninguna carta de bar, pero que suele terminar con Protección Civil haciendo horas extra.

Finalmente, cerca de la 1:15 de la madrugada, Johnny accedió a descender por sus propios medios. Ya abajo, fue entregado a la Policía de Monterrey y aseguró que “lo querían matar”, aunque no aclaró quiénes eran esos supuestos perseguidores ni si también tenían experiencia en escalar infraestructura de telecomunicaciones.
No hubo lesionados, pero quedó otra postal del deterioro que puede provocar una crisis de intoxicación: cuando la percepción se distorsiona, el peligro deja de parecer peligro y una antena ya no es una antena, sino, quizá, el último bastión de una guerra que sólo está ocurriendo dentro de la cabeza.
Con información: ELNORTE/

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