Cuando el contrabando de combustibles desde Estados Unidos hacia México —el llamado “huachicol fiscal”— aparece en la conversación, el gobierno de Morena en Tamaulipas, encabezado por Américo Villarreal Anaya, parece haber descubierto la fórmula mágica de la política mexicana: no responder por las sombras, sino encender reflectores sobre el operativo ajeno.
Muy y pese a que Villarreal Anaya ha sido mencionado en diversas publicaciones de prestigio internacional y que afirman que autoridades de Estados Unidos lo indagan por ese delito, según una nota que cita al Los Angeles Times.

El gobernador Villarreal presume que el delito “pierde terreno”, como si el problema fuese una mancha de humedad y no una red de complicidades oficiales con uniformes de todos colores que exigen no solo explicaciones, castigos ejemplares.
El huachicol “pierde terreno”… pero la retórica gana kilómetros
Porque en Tamaulipas, el huachicol fiscal ya no es un asunto que amerite preguntas incómodas: al parecer basta con declararlo en retirada y asunto resuelto.
El gobernador Américo Villarreal asegura que los operativos federales han “acotado” el tráfico ilegal de combustibles. Qué alivio: la realidad, según el discurso oficial, se compone con una frase, una visita presidencial y la conveniente ubicación geográfica de la entidad.
Porque, claro, Tamaulipas es frontera; pasan gasolinas, diésel, tráileres, aduanas, negocios y todo tipo de explicaciones prefabricadas. Pero cuando la conversación se acerca a presuntos vínculos políticos, empresariales, militares y criminales señalados en publicaciones periodísticas, la respuesta institucional parece cambiar de carril: ya no se trata de quién se benefició, quién protegió, quién financió o quién sabía, sino de presumir que la Federación “ha estado muy atenta” y le faltó decir, muy involucrada.
La maniobra es conocida: cuando el lodo salpica el saco guinda, se saca el extintor de la narrativa. Se habla de aseguramientos, de vigilancia, de coordinación y de delitos federales; todo, menos de las responsabilidades políticas locales y de las acusaciones que circulan alrededor de personajes vinculados con Morena en Tamaulipas.
Es la vieja doctrina del “yo no fui, fue la geografía”: Texas está cerca, las refinerías también, y por eso —parece sugerirse— cualquier cuestionamiento incómodo debe perderse entre las pipas.
El problema es que un operativo no sustituye una explicación. Que la autoridad federal investigue no exonera automáticamente a quienes desde el poder estatal presumen limpieza, mientras las versiones periodísticas y los testimonios en investigaciónes en EE.UU plantean redes de financiamiento, relaciones empresariales y protección política que merecen ser esclarecidas con documentos, investigaciones formales y resultados públicos, no con boletines de autocelebración,ni negociaciones en el oscurito para «medio» salvarse.
Decir que el huachicol fiscal “pierde terreno” puede funcionar como titular amable con ayuda mediática con cargo al erario.
Pero no responde a lo esencial: ¿quién ganó durante años con ese terreno?, ¿quién abrió la puerta?, ¿quién miró hacia otro lado? La respuesta tiene nombre y apellido: Américo Villarreal Anaya.
En política, la doble moral del gobernador huele peor que la gasolina de contrabando: condena el delito en el micrófono mientras evita hablar como beneficiario directo del delito que lo llevó a la silla del gobierno en medio de la matazón por las ganancias.
En Tamaulipas, antes de cantar victoria, convendría que Americo despejara el humo. Porque cuando el discurso oficial se vuelve tan perfumado, casi siempre es porque alguien no quiere que se perciba el olor del combustible.
Con información: Hoytamaulipas/

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