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miércoles, 18 de septiembre de 2019

9 CARTELES la "MUEVEN en 80% de MUNICIPIOS" en MEXICO INFECTADOS por NARCOS...a nivel de PANdemia el PRImen Organizado.

“El 80 por ciento de los municipios de México están gobernados por autoridades que tienen vínculos directos o indirectos con el crimen organizado en cualquiera de sus modalidades”, dijo a SinEmbargo el escritor y periodista Ricardo Ravelo Galó.
Para el especialista en crimen organizado, “esto quiere decir que [los criminales] tienen el 80 por ciento de las corporaciones policiacas estatales y municipales bajo control”, y “esa es la razón por la que no hay seguridad” en el país.
Hoy en día existen nueve grandes cárteles a nivel nacional –Arellano Félix (o de Tijuana), Beltrán LeyvaCarrillo Fuentes (o de Juárez), Golfo, Caballeros Templarios, Sinaloa (o del Pacífico), Jalisco Nueva Generación, La Familia y Los Zetas– además de cinco –Los Viagras, del Noreste, del Poniente, del Sureste y Nueva Plaza– que han ido cobrando fuerza en los últimos cinco años.
Esta cantidad de grandes organizaciones criminales es dos veces mayor a la que la Procuraduría General de la República –hoy Fiscalía General de la República (FGR)– reconoció en 2005, cuando los principales cárteles eran los de Tijuana, Sinaloa, Juárez y Colima (que fue absorbido por el CJNG hace poco más de 10 años).
El aumento de grupos delictivos –entre los que se cuentan al menos 74 brazos armados de los principales cárteles a nivel nacional– fue un proceso natural por la adaptación del crimen organizado a las demandas de mercado, según la doctora Guadalupe Correa-Cabrera, profesora asociada de Política y Gobierno de la Universidad estadounidense George Mason.
Hoy en día “tenemos muchas células operando como células complejas adaptativas”, dijo la especialista en crimen organizado. Esto quiere decir que hubo un proceso de “fragmentación” de los grupos delictivos durante los últimos 19 años, en que las organizaciones delictivas se fueron especializando y organizando para competir por el mercado de la droga y de otras actividades criminales (armas, extorsión, prostitución, secuestro, trata, entre otros).
Entre los momentos clave para entender la evolución del crimen organizado en México están la “transición política del 2000”, la aparición de Los Zetas entre 1993 y 2003, así como el inicio de la llamada “guerra contra el narcotráfico” de 2006.
Durante esos años, ocurrió el desmantelamiento de las estructuras tradicionales de poder de la hegemonía del Partido Revolucionario Institucional (PRI), la militarización de los cárteles mexicanos y la implementación de estrategias frontales más violentas para defenderse del Estado Mexicano, coincidieron Ravelo y Correa-Cabrera.
Debido a la naturaleza del crimen organizado mexicano –que opera como un conjunto de “empresas criminales” motivadas por el dinero, más que por la “infiltración política” que tienen y que las alimenta– el Gobierno federal tendrá el reto de luchar en contra de “la criminalidad que se genera por el vacío de Estado que priva en todo el país”, con dinámicas que van mucho más allá de la Guardia Nacional, los programas sociales y el fin de la guerra contra el narcotráfico, explicaron Ravelo y Correa-Cabrera a SinEmbargo.
“Ya están militarizados, ya saben cómo extraer rentas, tienen acceso a armas de alto calibre y no les puedes decir ‘¡pórtense bien!’ porque no tenemos todavía la capacidad económica para darles trabajos” que cubran los ingresos que tienen dedicándose a lo que se dedican. Por ello, la doctora Guadalupe Correa-Cabrera afirmó que aunque la estrategia del Presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) es “interesante”, es insuficiente para cubrir el tamaño del problema en un contexto en que hay “muchas promesas”, pero en un país con una economía que “no está creciendo”.
Para Ravelo, las acciones del actual gobierno “permiten ver un futuro inmediato muy negativo”, ya que su estrategia plantea combatir las carencias como punto de origen de la violencia, cuando “en realidad”, la delincuencia se origina por la falta de Estado de derecho.
Como ejemplo mencionó el caso de Tamaulipas, en donde no hay Estado de derecho. “Es decir, hay una autoridad gubernamental, hay una Fiscalía y hay policías; pero estas están al servicio del narcotráfico. Lo mismo pasa en Guerrero y en Michoacan, donde hay vacíos de Estado porque no se aplica la Ley; porque aún conociendo quiénes están vinculados al narcotráfico, el Gobierno federal no actúa para desmantelar a los grupos criminales ligados a la política”.
Para los analistas, la experiencia internacional (Colombia e Italia) indica que la solución está en el reforzamiento del Estado de derecho y en la persecución de redes criminales de empresarios y políticos ligados a grupos delictivos, por lo que se vuelve esencial un sistema de inteligencia financiera y fiscal, además de estrategias de bienestar, combate a la pobreza y reestructuración del combate delictivo frontal.
EXPANSIÓN CRIMINAL EN MÉXICO
El crimen organizado, su comportamiento y su operación no es la misma en uno u otro lado de la República Mexicana; y “hoy por hoy tenemos una fragmentación de las células criminales”, explicó la doctora Correa-Cabrera.
Por un lado está la situación que se vive en las costas este (Golfo de México y Mar Caribe) y oeste (Golfo de California y Océano Pacífico) del país, que son rutas naturales para el tráfico de armas entre México y Estados Unidos, así como de sustancias activas y narcóticos que fluyen por el Continente Americano e incluso a otras partes del mundo (como Asia y Europa).
La situación en la región costera del Golfo de México, sobre todo en Tamaulipas y Veracruz, que se extiende desde el este hasta la mitad del territorio mexicano (Hidalgo, Estado de México, Ciudad de México, Morelos, Tlaxcala y Puebla) experimenta un entorno de divisiones de bandas delictivas, caracterizado por tener un “equilibrio muy sensible” en que la pelea de plazas es más común que en otras regiones del país.
Algo similar ocurre en la región norte de México, en que existe una disputa territorial por la zona –sobre todo en los estados de Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas– que antes era controlada por el Cártel del Golfo y Los Zetas, cuya fragmentación –como en el caso del Cártel del Noreste que surgió de Los Zetas– sacudió la paz en la región norte, afectando parte del Bajío (sobre todo a Michoacán, San Luis Potosí y Zacatecas) y del sureste (Campeche, Quintana Roo, Tabasco y Yucatán) de México.
Para la doctora Correa-Cabrera, los casos más emblemáticos de “limpias” de espacios por parte del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) están en los estados de Michoacán y Veracruz. Sin embargo, el periodista y escritor Ricardo Ravelo Galó explicó que, además de estas dos entidades federativas, Guanajuato, Guerrero, Jalisco y Tamaulipas se suman a “las zonas más violentas” del país.
Como ejemplo de las disputas existentes, Ravelo recordó que Michoacán es un estado peleado por cuatro organizaciones criminales –el CJNG, Los Viagras, Los Valencia, lo que queda de Los Caballeros Templarios y la Familia Michoacana– a las que se suman grupos de autodefensa que están metidos en tráfico de drogas.
Para Ravelo, “la violencia en Michoacán en parte se recrudece porque es un punto de abasto o de abastecimiento. Es decir, buena parte de los productos y activos que vienen de Centro y Sudamérica es descargada en las costas michoacanas […] y ese corredor llega hasta lo que es Guerrero y también toca parte de Morelos y del Estado de México”. Por ello, el escritor aseguró que Michoacán “es una puerta importante en la Ruta del Pacífico”.
Sobre la región del Golfo de California y del Pacífico mexicano, Correa-Cabrera dijo que existe una “mayor lógica” en la organización y estabilidad de los grupos delictivos, ya que aunque no está libre de la lucha de plazas, hay un “mayor control” por parte de los grandes cárteles, como el CJNG y el Cártel de Sinaloa. Acerca del Bajío –Aguascalientes, Guanajuato, Jalisco, Michoacán, Querétaro, San Luis Potosí y Zacatecas– menciono que hoy en día se vive un proceso de “expansión del CJNG”.
En los escenarios de disputas territoriales por parte de los grupos criminales, los especialistas destacaron los casos del norte, este y del sureste de México.
Allá en el norte, reconocieron que hay una disputa entre el Cártel del Golfo, el Cártel del Noreste y Los Zetas por el control fronterizo del corredor “Durango-Coahuila-Nuevo León-Tamaulipas”; en la región del Golfo de México el CJNG y Los Zetas pugnan por todo el comercio que viene desde el Caribe, que se extiende por toda la Península de Yucatán y que cruza por Tabasco para subir por la costa hasta Tamaulipas.
“Sólo en Guerrero hay 350 organizaciones criminales y todas son ramificaciones; son grupos que operan en dos o tres municipios que tienen el control político, tienen el control de la policía, el control del secuestro, el tráfico de drogas y además tienen líneas de parentesco. Son familias que controlan todo”.
Esta entidad, que en lo que va de 2019 tuvo la cuarta tasa de homicidios dolosos y la sexta tasa de secuestro más altas a nivel nacional según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), “es un caso atípico de multiplicación de grupos delictivos” en el país, porque allí “el crimen organizado tiene el control territorial y el control político”, además de que allí reina la impunidad y subsiste una condición geográfica inigualable: “Es el único estado en donde se cultiva amapola por encargo”, según Ravelo.
Para el escritor, “en Guerrero hay municipios amapoleros que al mismo tiempo están agrupados en distritos que los tiene bajo control político el PRI o el PRD a través de Los Ardillos o Los Rojos; o bien Los Guerreros Unidos y los candidatos de estos grupos criminales que hoy son alcaldes o legisladores en el estado. Es decir que la actividad política está totalmente relacionada con la actividad criminal en Guerrero”.
LA FRAGMENTACIÓN HISTÓRICA
La llamada “guerra contra el narcotráfico” terminó de abrir la Caja de Pandora en 2006. Pero el recrudecimiento de la violencia y la lucha territorial de los grupos delictivos en México fue un proceso paulatino que empezó en la década de los noventa, con un punto de quiebre en el año 2000, cuando el fin de la hegemonía priista marcó “el inicio de una nueva era en cuestiones de delincuencia organizada” –no sólo narcotráfico–, explicaron Guadalupe Correa-Cabrera y Ricardo Ravelo Galó.
En ese momento, en que el Partido Acción Nacional (PAN) llegó a la Presidencia de la República por primera ocasión, “se pierde la capacidad y el control por parte del Estado para administrar el narcotráfico y las rutas del narcotráfico”, debido a que había un Presidente de un partido y gobernadores de otro –en su mayoría priistas– que empezaron, cada uno, a apoyar a diferentes grupos criminales”. Según Correa-Cabrera, “entonces empieza a haber una gran lucha por el territorio y las plazas del narcotráfico”.
Lo anterior implicó un rompimiento entre los grupos criminales y el poder central. Para Ravelo, antes del 2000 los grupos delictivos negociaban “con el Ejército, la Marina o el Presidente; pero al no haber ya esto, [los criminales] se diseminaron por todas partes, ocuparon más territorio y empezaron a pactar con autoridades menores” (como alcaldes y altos mandos policiacos). En consecuencia, poco a poco los cárteles tradicionales “dejaron de ser grupos grandes, regionales y se transformaron por la misma dinámica del negocio”.
“Al mismo tiempo, en esta lucha intestina que empieza a expandirse, surge un nuevo modelo de delincuencia organizada […] en las peleas por plazas en el territorio mexicano. ¿Qué fue lo que pasó? El surgimiento de Los Zetas” al final de la década de los noventa.
De acuerdo con la doctora Correa-Cabrera, “uno de los motivos de la creación de Los Zetas fue precisamente esta lucha por el territorio. Osiel Cárdenas Guillén, que era en ese momento [1999-2003] líder del Cártel del Golfo, trata de proteger su plaza más importante, que es la plaza de Nuevo Laredo, Tamaulipas, y se hace de una guardia pretoriana” (un cuerpo de protección militar) para luchar contra el Cártel de Sinaloa y su entonces aliado, el Cártel de Los Valencia.
Con la creación de Los Zetas, el Cártel del Golfo se hizo de un cuerpo de ex fuerzas especiales del Ejército Mexicano –ex integrantes del Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales o GAFE– que operaban para la Policía Federal (PF) en la frontera norte de México (Tamaulipas). Uno de ellos fue el ex GAFE y cofundador de Los Zetas Arturo Guzmán Decena, un castrense dedicado a entrenar (1994-1997) a militares en operaciones de contra-insurgencia para luchar contra la Guerrilla Zapatista. Sin embargo, “cuando el zapatismo ya no fue un riesgo de seguridad nacional, [los ex GAFE desertaron y] se fueron a la frontera […] para los operativos antinarcóticos”.
Según Correa-Cabrera, “ahí ellos empiezan a dominar territorios de manera militar, con entrenamiento y estrategia castrenses y armamento de alto calibre. La militarización de la delincuencia organizada hace que se expandan y diversifiquen los órganos de control y el control de todas las actividades criminales que no estaban solamente reservadas al narcotráfico”. Poco a poco, este modelo se empezó a extender de Tamaulipas a todo el corredor norte de México, cruzando verticalmente a la Nación, primero por el oeste –sobre todo en Guerrero y Michoacán– y luego por Veracruz.
A partir de la fragmentación y militarización de los grupos criminales, comenzó un tercer proceso de transformación en el Bajío mexicano.
“Michoacán es una tierra en donde estaban los hermanos Valencia controlando las actividades del narcotráfico y llegaron los grupos de Tamaulipas de la mano con otros grupos que nunca fueron de narcotraficantes”, sino que eran grupos de vigilancia parecidos a las autodefensas y que años más tarde (en 2006) se fragmentarían –primero en Los Treviño y Los Lazcano– para conformar a La Familia Michoacana, explicaron los especialistas.
Estos grupos se militarizaron y fueron “exportando su modelo de diversificación de actividades criminales y de extracción de rentas mediante el secuestro y la extorsión en sus diferentes formas, como el cobro de derecho de piso”. Es en este punto en que el crimen organizado, como lo conocemos en la actualidad, comienza a tomar su forma.
Sin embargo, faltarían un par de elementos más para explicar el recrudecimiento de la violencia. Primero la guerra contra el narcotráfico (2006) que obligó a los cárteles a una carrera armamentística y a la adopción de estrategias de combate más agresivas; luego la lucha entre Los Zetas y el Cártel del Golfo (2009-2010) que plantó la semilla para la creación del CJNG; y la captura definitiva de “El Chapo” Guzmán Loera (2016).
La lucha entre Los Zetas y el Cártel del Golfo “llevó a otras dinámicas que junto con la lucha territorial y la declaración de la guerra contra las drogas con Felipe Calderón Hinojosa, provocó guerras muy intestinas entre el Estado y la delincuencia organizada”, explicó Correa-Cabrera.
El conflicto primero explotó en Veracruz –con los “Mata Zetas” que se transformarían en el CJNG– y se extendió como pólvora enardecida a través de todo el Golfo de México. Luego se reprodujo el mismo modelo de antaño: Se conformó un grupo (CJNG) protegido por el Estado mexicano, que terminó convirtiéndose en uno de los cárteles “más importantes del país”, luego de la muerte del ex líder de Los Zetas Heriberto Lazcano Lazcano, en octubre de 2012, y con el encarcelamiento definitivo de “El Chapo” en enero de 2016.
Fuente.-

VIDEO: PIDEN INVESTIGAR al "ESCUADRON de la MUERTE" de CABEZA de VACA INCRUSTADO en el CAIET de FELIX RODRIGUEZ...deciden cuando y a quien matar.

Con el claro propósito de delinquir, de competir con el crimen que hoy le ha declarado la guerra en una especie de "pleito entre bandas de distinto bando",el Gobernador panista de Tamaulipas Francisco Javier Garcia Cabeza de Vaca "DEFORMO" un decreto publicado en 2012 y modificado a su "gusto" en Enero de 2017 para dar lugar a una  banda de criminales e incrustarlos en un órgano desconcentrado de la SECRETARIA de SEGURIDAD PUBLICA ESTATAL para efectos de "dotarlos de vehículos y armamento" del que venían haciendo usufructo al inicio de su gobierno sin que la SEDENA se percatara y consiguiera asi consolidar lo que hoy es su brazo armado y ejecutor.

El citado grupo que hoy opera bajo "legalidad fingida" esta adscrito al Centro de Analisis de Informacion y Estudios de Tamaulipas (CAIET),dependientes ahora de  SSP-ESTATAL para efectos de "BURLAR las LICENCIAS de PORTACION de ARMAS OTORGADAS por la SEDENA a los cuerpos policiacos, resultado de modificar y "prostituir" el Decreto que le dio origen en  Enero 10 de 2012 con propósitos distintos y sin carácter policiaco que luego en enero de 2017 seria tergiversado para dar forma a una "banda de asesinos,plagiarios y extorsionadores",muchos de ellos importados, ex-miembros de la Policia,los Zetas o el Cartel del Golfo operando bajo las ordenes de ARTURO RODRIGUEZ RODRIGUEZ con curricula ligada al "PLAGIO y EXTORSION" en PUEBLA y con el antecedente de una FICHA ROJA en INTERPOL.

Ayer Milenio publico las declaraciones de Raymundo Ramos del COMITE de D.H que pide investigar a ARTURO RODRIGUEZ RODRIGUEZ y al citado CAIET actuando como "ESCUADRON de la MUERTE" al servicio de Garcia Cabeza de Vaca.



ACUSAN LOS ACUSADOS:

Fuente.-Medios/redes/


martes, 17 de septiembre de 2019

EL "CODIGO del SILENCIO" MATA MAS POLICIAS en E.U que el "CUMPLIMIENTO del DEBER"...se estan inmolando.

Mientras conducía a toda velocidad por la ruta 1 bajo una mañana gris y fría de febrero, el corazón de Dave Betz estaba al límite.
Durante 32 años había sido policía y se había acostumbrado a la adrenalina de las persecuciones, pero esa mañana estaba buscando a su hijo: un par de horas antes había recibido una llamada en la que le decían que David, también policía, no se había presentado al trabajo.
El asunto no se veía bien.
Después de colgar la llamada, él abrió la puerta del cuarto de su hijo donde encontró la funda de su pistola vacía.
“Llamé a mis amigos y les dije: ‘miren, esto no es bueno. No tengo una buen presentimiento sobre esto para nada’ Yo sabía que algo no estaba marchando bien”, relató.
Al cruzar el estacionamiento vacío del Club Deportivo de Boston, Dave notó que el carro de su hijo, un Volkswagen con los vidrios polarizados, estaba en un rincón distante del gimnasio.
Cuando se puso delante del carro confirmó sus peores presentimientos:
“Él estaba en el carro, sentado y tenía su teléfono en el regazo. Lo supe de inmediato. Pero yo simplemente no lo quería saber a la vez”, relató con la voz entrecortada.
David Betz murió debido un disparo autoinflingido, sin dejar ninguna explicación sobre porque se había quitado la vida. Él ahora forma parte de ese grupo de cientos de policías en EE.UU. que se han suicidado dejando atrás un sinnúmero de preguntas sin responder.
Siempre creí que podía ver si alguien necesitaba ayuda. Pero no pude verlo en mi hijo y eso me duele mucho“, dijo Dave.
En 2018, un estudio a nivel nacional halló que en EE.UU. son más los policías que se suicidan que los que mueren cumpliendo con su deber.
Y el estudio también señala con claridad que los oficiales de policía tienen el mayor riesgo de suicidio entre todas las profesiones por una combinación fatal: estrés intenso, presión para ocultar su angustia emocional y fácil acceso a un arma de fuego.
El año pasado, 167 policías se suicidaron, mientras que en lo que va de 2019 lo han hecho 130, cuando aún faltan tres meses para que culmine el año, de acuerdo con Blue Help, una organización que apoya la prevención de este problema a nivel nacional.
Lo grave es que ese número apenas refleja los suicidios confirmados. Algunos expertos indican que esas cifras pueden ser mayores debido a que algunas familias prefieren no reportar la causa de la muerte o describirla como algo natural.

Una realidad silenciosa

La ciudad de Nueva York es la que tiene peores números a nivel nacional. El jefe departamento de policía (NYPD, por sus siglas en inglés), James O’Neill, declaró una emergencia de salud mental debido al suicidio de nueve policías en los últimos meses.
“Necesitamos cambiar la cultura. Necesitamos asegurarnos de que nuestros policías tienen acceso a programas de salud mental, para que puedan hacer bien el trabajo que quieren hacer”, señaló O’Neill.
Pero la crisis continúa. Robert Echeverría, de 56 años, murió por una herida de bala que él mismo se disparó en agosto de este año, solo un día después de que otro policía, Johnny Ríos, se suicidara.
La hermana de Echeverría, Eileen, le dijo a la BBC que ella había contactado a Asuntos Internos sobre la salud mental de su hermano. Incluso pocas semanas antes de su muerte.
El NYPD dijo que iba a investigar, pero nada ocurrió. Ella culpa a los altos mandos.

Comisionado de la POlicía de Nueva York

“El departamento de policía está roto en muchos niveles. No es lo mismo de antes, que era cuando respetaban a los policías”, dijo.
“Ahora los escupen en las calles y cuando van con sus jefes, estos también los escupen. ¿Yo podría tener una vida normal bajo esas condiciones? Realmente no podría hacerlo, no soy lo suficientemente fuerte. Que Dios bendiga a los que lo soportan”, añadió.
El NYPD dijo que está investigando la muerte de Echeverría.
Estados y ciudades alrededor del país tienen problemas similares. California, Florida, Nueva York y Texas reportaron cada una cerca de 10 suicidios el año pasado, de acuerdo a Blue Help.
A principios de este años, el Departamento de Policía de Chicago, la segunda mayor fuerza del país con 13.000 uniformados fue confrontada sobre el problema de los suicidios.
Estas tragedias han hecho que se haya lanzado una campaña de salud mental, que ha incluido duplicar el número de psicólogos disponibles, además de un video en el que se puede ver a uno de los jefes de la institución admitiendo sus problemas de salud mental.
El presidente de EE.UU., autorizó cerca de US$7,5 millones para financiar una campaña de prevención del suicidio, que incluyen capacitación sobre asistencia en este tipo de temas para reducir el número de víctimas.

Policía de Nueva York.

Pero no solo es un problema de EE.UU. Es una tendencia que se repite en otros países donde los policías están armados con una pistola.
El año pasado, Francia vio un incremento del 36% de la tasa de suicidios de policías en comparación con el público en general, y este año unos 64 policías se quitaron la vida.
Ese número contrasta por ejemplo con Reino Unido, donde entre 2015 y 2017 se suicidaron 23 policías. A diferencia de Francia y EE.UU., la mayoría de policías no van armados.
Cerca de dos tercios de todas las muertes con armas de fuego en Estados Unidos son suicidios, de acuerdo a un estudio realizado por Everytown.
Aunque hay menos gente que intenta suicidarse con un arma (6% de todos los intentos), la naturaleza letal de este tipo de armamento hacen que cerca de la mitad de todos los suicidios involucren un arma de fuego.
Al menos seis de las nueve muertes de los oficiales del NYPD fue ocasionada por un arma -la mayoría de esos casos con el arma de dotación.
"Ser familiar de alguien que se quitó la vida es pertenecer a un grupo al que nunca quisimos pertenecer"", Source: Janice McCarthy , Source description: , Image:

¿Por qué el suicidio es tan alto entre policías?

John Violanti, un policía que lleva 23 años de servicio, profesor de la Universidad de Buffalo y que es especializado en salud mental, señala que la naturaleza del trabajo es gran parte de la ecuación que conduce a los suicidios.
Ellos ven chicos abusados, cadáveres en descomposición, accidentes de tránsito. Y lo que eso significa es que esos eventos difíciles se van a acumulando uno tras otro”, señaló.
“Si te pones un chaleco antibalas antes de salir para tu trabajo, eso es un indicio que ya sales con la posibilidad de que te disparen o que tu familia pueda sufrir algún daño. Así que ese tipo de cosas pesan mucho en la mente, y con el tiempo, lastima a los policías“, añadió.
Y también hace mención a las dificultosas relaciones entre varias comunidades, donde la policía debe intervenir.
“Tenemos un conflicto. Tenemos un conflicto social. Y los policías quedan en medio de toda esa violencia y muchas veces no saben qué hacer”, concluyó.
Mark DiBona, quien lleva 33 años en la policía, y quien es vocero de Blue Help, tiene experiencia lidiando con estrés postraumático en el trabajo.
Él fue voluntario durante tres días después de los infortunados atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York. Poco tiempo después cayó en una fuerte depresión.

Janice McCarthy

Me quería morir. No quería seguir porque sentía que había fallado“, dijo.
Sentado frente al volante de su vehículo, Mark le escribió una carta llena de rabia al departamento de policía y dos cartas más en las que le pedía disculpas a su madre y a su esposa, antes de ponerse el caño de la pistola en la boca.
De un momento a otro, un compañero pasó al lado de su carro y lo interrumpió justo antes de jalar el gatillo.
Pero de acuerdo a su experiencia -junto a otros policías- él cree que una de las grandes barreras para buscar ayuda es el estigma que viene cuando se exterioriza esta situación.
Tenemos un arma, un bolillo, vestimos un chaleco salvavidas. Todo para protegernos físicamente“, dijo.
“Necesitamos eso sin duda. Pero tenemos muy poco entrenamiento para protegernos mentalmente”, señaló.
El estigma parte de perpetuar la cultura del machismo que se vive dentro de la policía, una noción que Janice McCarthy está intentando cambiar entrenando a oficiales de policía en prevención sobre el suicidio y a través de su organización Cuidando a los Sobrevivientes de los Policías que se Suicidan (Copss), que trabaja con las familias afectadas por la muerte de los policías que se quitan la vida.
El esposo de Janice, Paul, se mató en julio de 2006 después de 21 años de carrera en la policía de Massachusetts. De acuerdo a Janice, Paul sufrió de estrés postraumático después de presenciar tres accidentes de carros.
“Él pudo haber cambiado llantas, pudo salvar niños que nacieron prematuros. Pero no pudo salvarse porque nadie le permitió el lujo de decir ‘¿Qué está mal?, ¿estás bien amigo?“.
Ella ahora aconseja a los legisladores en Massachusetts para elaborar una ley que obligue a los policías entrenarse en temas de salud mental. La propuesta de ley, que tiene cerca de cuatro años de trabajo, necesita ser aprobada.
Pero muchos expolicías y consejeros señalan que no solo con prevención y más terapia se solucionan las cosas.

El miedo de perder tu pistola

La idea de que la identidad de un policía está atada a su pistola es un estigma que es muy difícil de cambiar.
“Unas de las cosas de ser policía es que entre más estás en el trabajo, más consume tu identidad”, señaló de nuevo Mark DiBona sobre la importancia de la placa y el arma de dotación.
Chris Prochut fue comandante en Bolingbrook, un suburbio del oeste de Chicago, en el preciso momento en el que el departamento de policía al que pertenecía recibió una gran atención internacional sobre la investigación de un caso de alto de perfil.
Prochut debió lidiar con la presión de la prensa, que le pedía detalles del exsargento Drew Peterson, quien estaba siendo acusado de asesinar a su tercera y cuarta esposa -que aún sigue reportada como desaparecida
“Creí que podía manejar las situación porque eso es lo que hacen los policías. Pero no fue así“, explicó.
“Comencé a no dormir. Después, no quería a mi familia cerca de mi”, dijo.

Chris Prochut y su esposa y su hijo.

Presionado por su esposa, Chris buscó ayuda y finalmente obtuvo una medicación que le ayudó con la angustia. Pero el dolor no paró. Al final decidió que era mejor acabar con su vida.
En mi cabeza no habría otra opción porque ya había intentado con algo de terapia, medicamentos. Eso no funcionaba para mí”, indicó.
Entonces elaboró un plan: se iba a marchar a una localidad vecina para que sus compañeros no tuvieran que investigar su suicidio, encontró un bosque alejado y preparó todo para quitarse la vida allí.
“El plan estaba listo”, recordó.
Pero un par de días antes de ejecutar el plan, su esposa notó que algo no estaba bien y llamó a los colegas de Chris para que intervinieran y lo llevaran a un centro siquiátrico.
Después de que salió del hospital, se dio cuenta que había perdido el derecho a portar un arma, y al no poder portar un arma, era casi imposible seguir siendo policía.
Al poco tiempo perdió su trabajo.
Entonces se mudaron a Wisconsin, donde ahora trabajan y además tienen una consultoría para apoyar a los policías en este tipo de casos.

Chris Prochut


Las leyes desde entonces han cambiado en el estado de Illinois y ahora se les permite a los dueños de armas un periodo de 60 días de gracia mientras su solicitud de renovación es procesada.
Esto con la idea de que los policías busquen ayudan mental sin el temor de que van a perder su licencia.
Pero Chris también quiere mostrar que hay vida después de la policía.
“Me tomó un par de años darme cuenta que había una vida después de la policía, pero para eso tienes que estar acá. Vivo. Y también tomar la decisión de hacerlo”, explicó.
“Perdí mi arma de dotación y mi trabajo como policía. Pero ahora estoy aquí, y estoy bien”.

La vida continúa

De vuelta en Boston, Cameron, el hermano menor de David, intenta hablar sobre él, pero le cuesta mucho. Básicamente, él era su héroe.
“La vida para ellos continúa. La vida para nosotros continúa de una manera diferente”, dijo Dave sobre otros policías.
Mucho de lo que hace ahora Dave tiene como objetivo recordar a su hijo. Su oficina está llena de imágenes de David y del resto de la familia, con algunos elementos que sirven para traer de vuelta la memoria de su hijo.
Pero al final muestra uno de sus brazos que tiene tatuado un mensaje que le había escrito David para un día del padre, poco antes de quitarse la vida: “Papá, sos mi héroe. Siempre recuerda que te voy a amar para siempre y voy a tener siempre tu ‘6’ (su número de la suerte). Con amor, David“.

Dave Betz muestra el tatuaje que se hizo con el último mensaje que le envió su hijo.

La muerte por suicidio puede herir mucho el valor de los seres queridos y los miembros de la familia al dejar preguntas sin responder sobre lo que podría haber sido diferente para evitar una tragedia.
Ser familiar de alguien que se quitó la vida es pertenecer a un grupo al que nunca quisimos pertenecer“, explicó Janice.
“Si alguien muere por un suicidio, todos creen tener su propia idea de lo que salió mal. Es natural tratar de resolver algo y ponerlo en una pequeña caja, envolverlo y guárdalo “.
Para este grupo de sobrevivientes hablar con los oficiales es una forma de llenar ese vacío dejado por aquellos que perdieron por suicidio.
Janice siempre tiene un mensaje: “Si mañana no eres policía, ¿quién eres?”
“Bueno, ¿eres un esposo? ¿Eres un padre? Necesitas ser multidimensional y debes cuidarte emocionalmente”, anotó.
“Me gustaría que supieran que son más que un oficial de policía y que su vida significa más que este trabajo”, concluyó.

fuente.-Con informacion de:BBC/

"GATOS,PERROS,PAJAROS y DELFINES" los OTROS AGENTES de la AGENCIA CENTRAL de INTELIGENCIA...porque en la guerra y el amor todo se vale.

A comienzos de 1974, Do Da era el primero de su clase de espionaje y en camino a convertirse en agente de la CIA de alto vuelo: tenía un mejor desempeño cuando estaba bajo presión, podía cargar más peso que los demás y escapar de quienes lo atacaran.
Pero cuando fue sometido al examen más difícil de su entrenamiento desapareció tras ser vencido por dos ejemplares de su misma especie: cuervos.
El pájaro fue por mucho tiempo una figura central de un programa que la CIA utilizó durante la Guerra Fría en su lucha contra la Unión Soviética.
El jueves, la agencia de inteligencia publicó decenas de documentos sobre programas de entrenamiento de gatos, perros, delfines y pájaros a los que pretendió emplear como «espías».
La CIA analizó la manera de utilizar gatos como escuchas itinerantes -«vehículos de vigilancia de audio»- y colocar implantes eléctricos en el cerebro de perros para ver si podían ser controlados a la distancia. Pero ninguno de esos programas llegó demasiado lejos.
Más envergadura tomaron los experimentos con delfines, que fueron entrenados para convertirlos en potenciales saboteadores y espiar a los submarinos nucleares soviéticos, acaso la mayor amenaza para el poderío estadounidense a mediados de los años 1960. 
Los proyectos Oxygas y Chirilogy apuntaron a determinar si los delfines podían ser entrenados para remplazar a los buzos humanos y colocar explosivos en barcos amarrados o en movimiento o escabullirse en los puertos soviéticos con el fin de depositar balizas acústicas o instrumentos de detección de misiles.
También estos proyectos terminaron siendo abandonados.
«Captores vivientes»
Pero lo acaparó la imaginación de los responsables de la inteligencia estadounidense durante la Guerra Fría fueron los pájaros: palomas, halcones, cuervos, búhos e incluso ciertas aves migratorias.
La CIA llegó a reclutar a ornitólogos para que determinaran cuáles aves migratorias pasaban una parte del año en una región situada al sureste de Moscú, en el entorno de la ciudad de Chikhany, en la que los soviéticos disponían de fábricas de armas químicas.
La agencia percibía a los pájaros como «sensores vivos» que, sobre la base de su alimentación, podían revelar en sus entrañas las sustancias que los soviéticos estaban experimentando.
A comienzos de los años 70, la CIA se inclinó por las aves rapaces y los cuervos, con la esperanza de que pudieran ser entrenados para participar en misiones como la colocación de micrograbadores en los vanos de ventanas. 
En el marco de un proyecto bautizado como Axiolite, entrenadores basados en la isla San Clemente, en la costa sur de California, enseñaron a pájaros a volar kilómetros y kilómetros entre un barco y la costa.
Si uno de los «candidatos» aprobaba el examen, se lo enviaba a territorio soviético con una cámara colgada a su cuerpo para tomar imágenes y regresar al punto de partida. 
Las aves eran inteligentes pero «tal vez demasiado lentas para evitar los ataques» de otros pájaros, consignó un informe. Dos halcones murieron de enfermedades. 
El pájaro más promisorio era el cuervo Do Da. Resistente, capaz de determinar altura y vientos favorables y suficientemente astuto como para burlar los ataques de sus congéneres: era «la estrella del proyecto», según escribió un científico. 
Pero la sesión de entrenamiento del 19 de junio resultó fatal. Otros cuervos lo atacaron y nunca más se lo vio.
Palomas sobre Leningrado
Las palomas, utilizadas durante dos milenios como mensajeras y para tomar fotografías durante la Primera Guerra Mundial, fueron otra de las grandes esperanzas de los servicios de inteligencia norteamericanos.
La CIA disponía de centenas de palomas, a las que entrenaba en su territorio equipándolas con cámaras.
El objetivo era que espiaran los astilleros de Lenigrado (actual San Petersburgo), donde los soviéticos construían sus submarinos nucleares.
Pero la experiencia no resultó lo bastante buena: muchas de las aves huyeron con sus costosas cámaras a cuestas y nunca más se las volvió a encontrar.
Los documentos publicados no especifican si se llegó a realizar la operación de Leningrado, pero un informe de la CIA de 1978 señala claramente que existían demasiados interrogantes acerca de la fiabilidad de estas aves.