Aunque México repite en las mañaneras hasta el cansancio que es “soberano” y lo usa de argumento para resistirse en cooperar con EE.UU con calculo politico, en los hechos Estados Unidos ya pasó de socio a filtro de confianza, como presume la destacada periodista Martha Idalia Gomez en entrevista para Aristegui Noticias,al advertir que acaba de incidir en los mas recientes cambios en el ejercito y Guardia Nacional.
El discurso: soberanía de cabecera
- En Palacio se insiste un día sí y otro también en que ningún gobierno extranjero dicta la agenda de seguridad, que no hay tutelaje y que México “ya no es colonia de nadie”.
- El relato oficial vende coordinación “entre iguales” y presume que toda decisión en Fuerzas Armadas responde solo al interés nacional y a la pacificación, jamás a presiones del vecino.
La nota: mando made in Comando Norte
María Idalia Gómez documenta que los cambios en la cúpula de DEFENSA y la Guardia Nacional ya fueron revisados, opinados y avalados por el Comando Norte de Estados Unidos, con guiño del Comando Sur.
No es un simple “se enteraron”: los perfiles de los nuevos mandos pasaron por ventanilla gringa para validar que fueran “confiables” para la coordinación en seguridad interior.
Reestructura con sello ajeno
La joya es la modificación de la Subsecretaría de la Defensa, puesto clave en lo operativo y político, y la concentración de funciones administrativas que antes estaban repartidas entre Sedena, Fuerza Aérea y Guardia Nacional.
Sobre el papel, la reingeniería busca cerrar espacios a la corrupción y garantizar que del lado mexicano no haya mandos que se “descoordinen” con las exigencias de Washington en inteligencia y combate al crimen.
El general “sorprendente”
El general de división Guillermo Briseño Lovera, hoy al frente de la Tercera Región Militar (Sinaloa y Durango, vitrinas del fracaso de la pacificación), ya fue movido a nuevo responsable de la Guardia Nacional.
Es el clásico ascenso con biografía incómoda: trayectoria en territorios donde el crimen manda la agenda, pero que pasa el filtro de confianza estadounidense y se recicla como pieza estratégica del nuevo organigrama.
No intervención… pero participación directa
Gómez remarca que no es “intervención militar extranjera”, sino participación activa de Estados Unidos en decisiones de seguridad interior: es decir, no entran con botas, entran con visto bueno sobre quién lleva las botas.
Mientras las mañaneras juran que aquí nadie se deja presionar, la realidad es una mezcla de cooperación y presión: aval de mandos, exigencias de depuración interna y más coordinación en inteligencia, con un margen de soberanía que ya parece nota al pie del tratado.
Con informacion: ARISTEGUI NOTICIAS/

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