En solo dos días consecutivos de revisiones, autoridades militares y estatales localizaron armas de fuego, incluida una granada y fusiles de uso exclusivo del Ejército, droga, dinero en efectivo y decenas de objetos prohibidos al interior del Centro Penitenciario de Aguaruto, en Culiacán.
Ni control, ni seguridad: lo único que demuestran estos decomisos en Aguaruto es que el penal funciona como Oxxo del narco, y el gobierno presume como “logro” lo que en realidad es la prueba pericial de su propio fracaso en cadena perpetua.
El circo del “operativo exitoso”
Dos días de revisiones y salen con granada, fusiles de uso exclusivo del Ejército, pistolas, droga, celulares, radios, whisky, básculas y hasta módem, como si estuvieran cateando una sucursal del crimen organizado, no un penal supuestamente “bajo control del Estado”.
Lo venden como hazaña, pero la única moraleja es obvia: si entra una granada a un centro penitenciario, no es gracias a la magia, es gracias a una red de complicidades que empieza en la puerta y termina en la nómina oficial.
El coladero de armas “bajo resguardo”
En cuatro módulos encuentran siete armas de fuego, incluidos dos fusiles calibre 5.56 y una granada de fragmentación, más cargadores llenos, y al día siguiente en otros módulos aparecen seis armas cortas adicionales, como si la cárcel tuviera refill automático.
Si después de 29 revisiones en diciembre y 1,077 objetos asegurados el penal sigue igual o peor, la única constante no son los decomisos, es la descomposición de la autoridad que permite que el arsenal entre y solo lo “descubra” cuando hay conferencia de prensa.
Penitenciaría o tiendita premium
La lista parece catálogo: marihuana en varias presentaciones, cocaína en dosis finamente empaquetadas, básculas grameras, radios, teléfonos celulares, USB, módem, banda ancha, whisky y efectivo en seis cifras; lo único que falta es que acepten pago con terminal bancaria.
Eso no es un hallazgo aislado, es un modelo de negocio estable: el penal como hub logístico donde todo entra, todo se vende y, de vez en cuando, algo se “asegura” para la foto institucional y el boletín de “cero tolerancia”.
Derechos humanos… de quién
Las autoridades presumen que las revisiones se hicieron “sin incidentes” y “en apego a los derechos humanos”, mientras el mismo historial de riñas, balaceras, muertos y lesionados confirma que el único derecho garantizado ahí es el de seguir operando el delito desde adentro.
Echarle la culpa a la “antigüedad del edificio” es casi poético: como si fuera el cemento, y no la corrupción, el que metiera granadas, fusiles, droga y celulares al penal de Aguaruto una y otra vez.
El éxito contable del fracaso
Suman armas, dosis, teléfonos y pesos decomisados como si fueran indicadores de eficiencia y no el inventario mínimo del desastre institucional que administran con cinismo y ruedas de prensa.
Cuando un gobierno tiene que presumir lo que decomisa dentro de sus propias cárceles, no está demostrando fuerza, está firmando, con número de folio, que perdió el control hace años y que ahora solo se dedica a levantar actas de su propio ridículo.
Con informacion: REVISTA ESPEJO/

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