Hay cosas que en México no cambian ni con todo el discurso del humanismo y la “transformación”: una de ellas es que la justicia sigue cojeando. Pero cuando la cojera lleva tacones institucionales y el acusado tiene credencial de Morena, el paso se vuelve una coreografía patética: tres avances, dos retrocesos y una reverencia forzada ante la cámara.
La gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila, lo sabe bien. Entre declaraciones de fe en la FGR y reflexiones dignas de un retiro espiritual (“la Fiscalía es muy seria”, dice, como quien repite un mantra para ahuyentar al demonio de la sospecha), intenta esquivar el lodazal donde su exesposo, Carlos Torres, se hunde más cada semana.
A Torres lo investigan por huachicol,tráfico de armas, lavado, narcotráfico… lo habitual en los círculos donde la línea entre política y delito es tan delgada que se confunde con el borde del presupuesto.
Los gringos ya les habían quitado la visa —detalle menor, según la mandataria, porque “no es requisito para gobernar”—, pero la realidad es terca: lo que comenzó como un rumor terminó con una investigación federal que ya arrastra a exfuncionarios, notarios y hasta a un senador reciclado del morenismo fronterizo.
Y mientras Torres jura que todo es fruto de una denuncia anónima sin rostro ,la carpeta de investigación pinta un retrato preciso del sistema: una red de extorsión en aduanas, transferencias millonarias, compra de bienes raíces al norte del muro y una estructura que opera con la fluidez de un negocio familiar o una estructura politica y criminalmente organizada como en Tamaulipas.
Sí, la justicia tardará, se perderá entre sellos, protocolos y declaraciones piadosas. Pero al final todo cojo llega a la meta. Y cuando llegue —porque llegará—, probablemente encuentre un cadáver político, otro expediente sellado y un nuevo discurso sobre la “profundidad” de las investigaciones. Lo único que seguirá intacto, claro está, será la capacidad de Morena para llamar “ataques electorales” a lo que huele, desde lejos, a podredumbre judicial, lo mismo en Tijuana que en Tamaulipas.
Con informacion: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/RODRIGO SORIANO

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