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jueves, 1 de enero de 2026

«LLEGARON a la HORA del VELORIO»: «30 SICARIOS del C.J.N.G TABLETEANDO AMETRALLADORAS EXHIBIERON la COBARDIA con CARA de COMPLICIDAD de POLICIAS y el EJERCITO que LLEGARON CUANDO se FUERON»…gracias a eso todos estan sanos, incluido el gerente de la Morgue Nacional.


Una emboscada planificada con antelación y ejecutada con tácticas de bloqueo y fuego coordinado fue la que derivó en el ataque armado contra el empresario del Mercado de Abastos Alberto Prieto Valencia en los límites de Guadalajara y Zapopan, de acuerdo con reconstrucciones oficiales y registros en video analizados por las autoridades de Jalisco.

El operativo criminal involucró a más de 30 hombres armados y al menos siete vehículos, lo que refuerza la hipótesis de una agresión directa atribuida a la delincuencia organizada a la que no han querido ponerle nombre en voz alta, su majestad el Cartel de Jalisco,al que le bastaron tan solo unos minutos para exhibir la inacción como saldo pudrición institucional.

Cobardes pero sanos

«Quince minutos bastaron para exhibir al Estado En Jalisco no gobierna el tiempo, gobierna la impunidad. Quince minutos de disparos continuos —no segundos, no un estallido aislado, sino un cuarto de hora completo de balas— no fueron suficientes para que apareciera una sola patrulla. 

Pero sí alcanzaron para dejar claro quién manda cuando el plomo habla y la autoridad calla. En el cruce de Topacio y Brillante, en la colonia Santa Eduwiges, un grupo armado montó una operación digna de manual táctico. Cercaron, avanzaron, dispararon y se retiraron con una calma que solo puede explicarse de dos maneras: o tenían certeza de que nadie acudiría, o sabían exactamente cuándo y cómo no habría respuesta. En ambos casos, el mensaje es el mismo: el Estado estorba menos que el tráfico. 

Las versiones de los vecinos son demoledoras. Cientos de detonaciones, posiciones tomadas desde distintos ángulos y un intercambio desigual en el que los escoltas del empresario —presuntamente exmilitares— intentaron contener lo incontenible mientras protegían también a su hija. 

Todo ocurrió a plena luz del día, sin prisa, sin sobresaltos, sin miedo a la ley. Porque aquí, la ley llega tarde o no llega. ¿Y el C4? ¿Y el C5? ¿Y el 911? Bien, gracias. Las cámaras grabaron, las líneas sonaron y los sistemas “de última generación” confirmaron su verdadera función: documentar el fracaso. No prevenir, no intervenir, no salvar. Solo archivar la violencia para futuras ruedas de prensa. 

Los videos difundidos después son una bofetada al discurso oficial. Los agresores se desplazan con orden, se comunican con claves presuntamente similares a las policiales y se retiran sin ser molestados. Ni persecución, ni cerco, ni reacción. 

La huida fue tan limpia como la ausencia de la autoridad. El hombre asesinado, conocido como “El Prieto”, ya había sido advertido por la realidad. Hubo ataques previos, intentos de despojo, señales claras de que la violencia rondaba. 

Pero en Jalisco, las alertas solo sirven para engrosar expedientes. La prevención no existe; la reacción es tardía; la rendición de cuentas, inexistente. Quince minutos bastaron para matar a un hombre, pero también para exhibir un modelo de seguridad que presume tecnología, coordinación y control, mientras deja barrios enteros a merced de grupos armados que operan con libertad, logística y confianza absoluta. 

Aquí no hubo sorpresa. Hubo abandono. Aquí no falló el sistema. El sistema hizo exactamente lo que siempre hace: llegar cuando ya es inútil. Y mientras tanto, el gobierno seguirá repitiendo que “se investiga”, que “no habrá impunidad” y que “se reforzará la seguridad”. Frases tan gastadas como las patrullas que nunca llegaron. Porque en Jalisco, cuando las balas tienen agenda, el Estado siempre llega tarde.»

Buscaron el mejor lugar para matarlo

Las investigaciones apuntan a que el comando siguió durante varios minutos el trayecto del empresario hasta una zona residencial cercana a su domicilio. Imágenes de cámaras y videos difundidos en redes sociales muestran cómo el vehículo deportivo en el que viajaba, un Lamborghini Urus sin blindaje, era escoltado por camionetas pick up con personal de seguridad privada.

En cierto momento una camioneta negra cerró el paso, mientras pistoleros colocados a ambos lados de la vialidad abrieron fuego de manera simultánea, una maniobra diseñada para inmovilizar al convoy y neutralizar la reacción de los escoltas.

Fuentes oficiales señalaron que los agresores utilizaron vehículos con placas clonadas del estado de Michoacán y unidades sin láminas para dificultar su rastreo. Además, se detectaron bloqueos en calles aledañas, una táctica empleada para retrasar la llegada de fuerzas de seguridad y permitir la retirada del grupo armado. Tras el ataque, cuatro automóviles presuntamente vinculados a los sicarios fueron abandonados en el lugar y en zonas cercanas.

En la escena se aseguraron cientos de casquillos de alto calibre, evidencia del volumen de fuego utilizado. La Fiscalía del Estado considera clave la declaración de uno de los escoltas heridos para precisar la ruta de escape y la cadena de mando detrás del atentado.

Las autoridades confirmaron que el ataque dejó tres personas muertas, entre ellas el empresario, además de varios heridos. El caso generó daños colaterales en viviendas y vehículos de la zona, donde vecinos quedaron atrapados en medio del fuego cruzado.

Prieto Valencia era propietario de una empresa de transporte y tenía operaciones en el Mercado de Abastos, un sector que en los últimos meses ha reportado un aumento en amenazas y esquemas de extorsión.

Lo que no se dice

Mientras más detalles se conocen de la emboscada digna de un guion de guerra —treinta sicarios, coordinación quirúrgica, una Lamborghini Urus se volvió símbolo no solo del flagelo del poderío criminal, sino del colapso moral del Estado— más evidente se hace la coreografía del silencio. 

¿Cómo es que un operativo de esa magnitud se despliega sin que el radar militar, policial o político detecte nada? Solo hay una explicación posible: la complicidad no es un accidente, es la infraestructura invisible del narcoestado.

Y entonces, cuando por fin aparece la autoridad, no es en el lugar del crimen, sino en el velorio. Llegan tarde, con gestos solemnes y miradas perdidas, como si asistieran a una obra que ya sabían cómo terminaría. No atrapan a nadie, no recogen pruebas significativas, pero eso sí, posan para las cámaras y declaran “estar investigando”. Investigan qué, ¿quién olvidó cerrar el trato?

La logística del Cártel de Jalisco,el responsable mas que principal sospechoso no fue improvisada: hay rutas despejadas, operaciones sincronizadas, bloqueos que aparecen como por arte de magia… Solo que no hay magia, hay connivencia. Cada policia que “que no vio nada” y cada minuto que llegaron tarde,son son engranajes de la misma maquinaria de impunidad.

En el fondo, el crimen ya no embosca al Estado. El Estado se ha convertido en su escolta discreta, que llega tarde, dice poco y olvida pronto. Qué comodidad la de los ausentes con uniforme: se desentienden del infierno porque, de algún modo, también lo administran.

Con informacion: LA OPINION/

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