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sábado, 17 de octubre de 2026

«¿SERÍA un HONOR TENERLO de CANDIDATO?: LÍDER del PAN de GIRA por TAMAULIPAS FUNGIÓ de MAESTRO de CEREMONIAS del CDV»… no le expidió una sentencia de inocencia; le ofreció una reverencia.


Jorge Romero, dirigente nacional del Partido Acción Nacional (PAN), tuvo dudas sobre la orden de aprehensión, pero ninguna para ofrecer el homenaje. Ante la posibilidad de una candidatura de Francisco Javier García Cabeza de Vaca, el dirigente nacional del PAN pasó del «según yo» al «sería un honor». Para el expediente, reservas; para el elogio, alfombra roja. Ese es el contraste que dejan sus propias palabras.

La palabra decisiva es honor. No dijo únicamente que el exgobernador tendría derecho a solicitar una candidatura, que habría que revisar su situación jurídica o que correspondería aplicar los procedimientos del partido. Fue más lejos: presentó su eventual postulación como algo que enaltecería a quienes la concedieran. No es lo mismo reconocer derechos que repartir condecoraciones.

«Según yo»: la certeza que no alcanzó para el expediente

Aqui conviene respetar la declaración completa, porque la crítica pierde filo cuando necesita hacer trampa: Romero condicionó su respuesta a que, según su entendimiento, no existiera una orden de aprehensión vigente. No anunció expresamente que lo postularía aun con ella. El problema es que hizo descansar esa condición en una fórmula repetida de incertidumbre: «según yo».

Y había antecedentes que exigían bastante más que una corazonada de dirigente. En 2024, el Tribunal Electoral confirmó la negativa de registro de García Cabeza de Vaca como candidato a diputado federal; sostuvo que se actualizaban las condiciones de inelegibilidad relacionadas con su situación de prófugo y precisó que las suspensiones penales no habían invalidado las órdenes de aprehensión. También aclaró que esa inelegibilidad no era perpetua y debía examinarse caso por caso. Ni condena eterna ni borrón por simpatía.

Además, el 24 de febrero de 2026, la Suprema Corte revocó el amparo que lo protegía frente a una orden de captura por presunta delincuencia organizada y operaciones con recursos de procedencia ilícita. Esa resolución, recogida también en la síntesis informativa de la propia Corte, contradice la imagen tranquilizadora de un asunto judicial despejado que Romero proyectó al responder.

Una orden de aprehensión no es una sentencia condenatoria. Precisamente por eso hay que separar las cosas: defender la presunción de inocencia no obliga a proclamar la ejemplaridad del investigado. Romero podía exigir debido proceso sin ponerse de maestro de ceremonias.

Su tropiezo no fue negarse a condenar: fue apresurarse a homenajear.

Una palabra con demasiada historia para usarla de porra

El Diccionario de la lengua española recoge varios sentidos de «honor»: la cualidad moral que lleva a cumplir los deberes; la buena reputación derivada de la virtud o del mérito; el homenaje que se tributa a alguien, y el acto por el cual una persona se siente enaltecida. La expresión «sería un honor» encaja especialmente en este último sentido.

Aquí importa la precisión: la frase de Romero no demuestra, por sí sola, que estuviera certificando la honradez de García Cabeza de Vaca. Esa sería una lectura excesiva. Lo que sí hace es colocar su eventual candidatura en el terreno del reconocimiento y del orgullo, no únicamente en el de la posibilidad jurídica.

Dicho sin incienso: no estaba expidiendo una sentencia de inocencia; estaba ofreciendo una reverencia.

La historia de la palabra vuelve más incómoda la escena. El latín honor, también honos, podía designar estima, recompensa pública y cargo político. La relación entre reconocimiento y posición pública está, por tanto, en su historia; incluso el español conserva «honores» para referirse a dignidades, cargos y ceremoniales.

Pero reconocer no es lo mismo que demostrar mérito. Ese es precisamente el punto: el homenaje puede concederse; la conducta que pretende justificarlo necesita acreditarse.

Por eso la pregunta pertinente no es solamente si Cabeza de Vaca podría volver a competir. Es qué tendría de enaltecedor para Acción Nacional entregarle otra candidatura. Romero invocó su «liderazgo»; no explicó en esa respuesta por qué ese liderazgo merecería el rango de honor institucional.

El honor personal y la factura partidista

Llamarlo «honor personal» es una interpretación crítica defendible, pero no una cita literal. Romero habló de «nosotros» y de que «sería un honor»; no dijo «para mí». El problema está justamente ahí: una valoración expresada por el dirigente aparece presentada como satisfacción colectiva del partido.

Puede admirarlo él. Puede reconocerle liderazgo él. Pero ¿con qué mandato convierte esa admiración en motivo de orgullo para todos?

No hace falta inventar compromisos ocultos para señalar el desliz: el salto está a la vista. De la consideración del dirigente al prestigio de la institución, sin explicar el puente.

El honor lo declara Romero; la factura reputacional se la deja al PAN.

Y esa factura choca con su argumento inicial: sostuvo que Acción Nacional era una mejor opción y respondió a los cuestionamientos judiciales denunciando persecución política. Esa denuncia puede formularse y debe examinarse, pero no sustituye la explicación de por qué la candidatura cuestionada sería una distinción para el partido.

Robert Greene: menos manual de poder, más discurso de sobremesa

El autor es Robert Greene. Sus 48 leyes del poder sirven aquí como lente estratégico, no como código moral ni como prueba de que Romero las siga. Desde ese marco, la declaración entra en tensión especialmente con tres de sus reglas:

  • Ley 4: decir menos de lo necesario. Romero podía limitarse a exigir una revisión jurídica y el cumplimiento de los procedimientos internos. Añadir «sería un honor» produjo el fragmento más fácil de aislar y el más difícil de defender: convirtió una respuesta condicionada en una adhesión emocional.
  • Ley 5: proteger la reputación. Al asociar el prestigio del PAN con una figura cuya situación judicial motivaba precisamente la pregunta, el dirigente abrió un flanco reputacional. No porque una acusación equivalga a culpabilidad, sino porque el elogio exigía una justificación que su respuesta no proporcionó.
  • Ley 20: no comprometerse con nadie. La regla aconseja conservar autonomía y capacidad de negociación. Romero mantuvo condiciones formales, pero adelantó el reconocimiento: antes de resolver la eventual candidatura, ya había anunciado cuánto le honraría concederla. En términos estratégicos, entregó parte del premio antes de cerrar el trato.

Hay, sin embargo, una lectura menos cómoda: Greene también describe, en su ley 24, las ventajas del cortesano que sabe agradar a quienes tienen poder. Si el propósito fuera congraciarse con un liderazgo interno, la frase podría tener utilidad. Pero eso no demostraría subordinación ni un acuerdo oculto; únicamente muestra que una declaración puede ser funcional hacia dentro y costosa hacia fuera.

Lo desafortunado no fue la defensa: fue la condecoración

El pronunciamiento resulta desafortunado como comunicación pública. No porque un dirigente deba condenar a un correligionario sin sentencia, sino porque confundió dos planos que debía mantener separados: la defensa de sus derechos y el entusiasmo por premiarlo.

La primera exige garantías. El segundo exige razones.

Y Romero ofreció una combinación políticamente ruinosa: incertidumbre para explicar la situación judicial y entusiasmo para anunciar la distinción.

Que el «honor» lo sienta Jorge Romero es asunto suyo. Que pretenda cargarlo a la cuenta de Acción Nacional ya merece una explicación. Porque una candidatura no es una tarjeta de agradecimiento entre conocidos, y un partido que se anuncia como alternativa no debería necesitar que su dirigente diga «según yo» para tranquilizar al público y «sería un honor» para tranquilizar al aludido.

Con información @Soy24siete/Medios/redes

“766 DÍAS de GUERRA en SINALOA EXHIBEN GOLPES INTERMITENTES al CÁRTEL, pero NO MUEVEN un CENTÍMETRO la TERCA CAPACIDAD de MATAR”…grafico no da oportunidad de mentir.


Los gráficos de muertes violentas en Sinaloa, citados en los reportes puntuales de NOROESTE, tienen como fecha de corte el 15 de octubre de 2026. Desde el inicio de la guerra, el 9 de septiembre de 2024, hasta esa fecha, han transcurrido:

  • 766 días.
  • 109 semanas y 3 días.
  • 18,384 horas, calculadas como días completos.
  • 25 meses y 6 días: dos años, un mes y seis días.

Muertes violentas

Antes del inicio de la guerra de la «CHAPIZA vs la MAYIZA» , entre enero y agosto de 2024, el gráfico registra entre 34 y 54 muertes violentas mensuales: un promedio de 44. En septiembre de 2024 la cifra sube a 144 y en octubre a 187. El máximo visible llega en junio de 2025, con 241. Después hay fluctuaciones, pero no un regreso a aquel nivel previo.

La comparación decisiva está al final:

PeriodoMuertes violentasPromedio diario
Septiembre de 2026, mes completo1535.1
Del 1 al 15 de octubre de 20261167.73

Aunque la barra de 116 es menor que la de 153, corresponde solo a la mitad de un mes. Con los valores mostrados, el ritmo diario de octubre es aproximadamente un 51.6% mayor que el de septiembre. Esa comparación describe el periodo observado; no constituye una predicción del cierre mensual, para el que se proyectan 240 asesinatos.

Aquí las barras no respaldan una narrativa de reducción sostenida de la violencia letal. Muestran una ruptura respecto del nivel anterior a la guerra y, en el corte más reciente, una aceleración diaria.

¿Qué permite decir sobre los dos bandos del cártel?

Estos gráficos no miden por separado a Los Chapitos y La Mayiza. No contienen información sobre sus finanzas, integrantes, reemplazos de mandos, control territorial o responsabilidad en cada hecho. No prueban ni que estén intactos ni que ambos hayan sido debilitados en la misma proporción, claramente desigual y es «causalidad», no casualidad.

Sí dejan una pregunta periodística que el discurso oficial debe responder: si los golpes han reducido las capacidades criminales, ¿por qué esa reducción no se traduce también en una disminución sostenida de las muertes violentas ?

No es una contradicción imposible de explicar; es una explicación pendiente. «Debilitados» necesita una medida verificable. Y «seguridad» necesita resultados para la población, no solamente un inventario de detenidos y decomisos.

Los golpes al cártel deben evaluarse también por el daño que consiguen evitar, no únicamente por los objetivos que logran capturar.

Con información: NOROESTE/

LA «ARITMÉTICA LETAL NO CABE en el CONFETI»: CASI 50 MIL CADÁVERES en 25 MESES de SHEINBAUM solo es MEJORÍA MIRÁNDOSE al ESPEJO de AMLO»… y 20 mil desaparecidos en un país donde desaparecer casi equivale a morir.


El segundo piso de la Cuarta Transformación encontró cómo salir bien en la fotografía: posar junto al primero. Según la mas reciente gráfica de TResearch, al corte presentado como “25 meses de gobierno”, Claudia Sheinbaum acumula 49,682 víctimas de homicidio doloso, frente a las 76,525 de Andrés Manuel López Obrador en el mismo tramo. Son 26,843 víctimas menos: una reducción de 35.1%. La disminución existe, pero confronta el dato oficial de 52%. Lo que no se sostiene es convertirla, por sí sola, en certificado de pacificación. Una montaña de cadáveres no se vuelve jardín porque la de al lado sea más alta.

La comodidad del encuadre consiste en escoger el espejo adecuado. Frente a López Obrador, Sheinbaum mejora; frente a todos los demás presidentes incluidos en esa comparación, queda por encima en víctimas acumuladas. 

Dentro de la serie presentada por TResearch, el segundo piso únicamente sale favorecido cuando se mide con el primero: la referencia más sangrienta de la propia gráfica. No es poca cosa bajar respecto de ese nivel; tampoco es poca cosa necesitar ese nivel para presumir.

La aritmética que no cabe en el confeti

Al mismo corte que presenta TResearch, los números colocan al gobierno de Sheinbaum así:

  • Frente a Peña Nieto: 49,682 contra 45,072. Son 4,610 víctimas más, un aumento de 10.2%.
  • Frente a Zedillo: 49,682 contra 31,444. Son 18,238 más, un incremento de 58%.
  • Frente a Calderón: 49,682 contra 23,722. Son 25,960 más, un aumento de 109.4%: más del doble.
  • Frente a Fox: 49,682 contra 21,340. Son 28,342 más, un incremento de 132.8%.
  • Frente a Salinas: 49,682 contra 14,493. Son 35,189 más, un aumento de 242.8%: alrededor de 3.4 veces su acumulado. Las diferencias y los porcentajes se calcularon a partir de las cifras del gráfico.

Así se entiende el truco del espejo: el segundo piso presume una escalera descendente cuando mira hacia AMLO, pero sigue varios peldaños arriba cuando mira hacia el resto. El dato incómodo no desaparece porque se le cambie el ángulo: en este comparativo, Sheinbaum tiene el segundo mayor acumulado de víctimas, solamente por debajo de su antecesor.

Eso sí: tampoco hay que hacer propaganda al revés. Estas cifras describen acumulados de víctimas durante determinados gobiernos; no demuestran que cada presidente haya causado personalmente cada homicidio ni bastan para establecer cuál estrategia fue más eficaz. Lo que sí permiten es pinchar el globo de una celebración que quiera presentar una mejora relativa como si fuera un país pacificado.

Menos ataúdes no significa que ya no haya funeral

49,682 víctimas registradas durante el gobierno de Sheinbaum NO son el sobrante molesto de un porcentaje favorable ni la letra pequeña que deba esconderse debajo del “35% menos” o el presumido 52%.

Una cosa es reducir la velocidad de una tragedia; otra, haber salido de ella. Si un edificio se incendia menos que el de al lado, hay una mejora. Para declararlo habitable todavía hace falta apagar el fuego.

La gráfica contabiliza homicidios; no acredita, por sí misma, el conjunto de condiciones que permitirían hablar de pacificación. Una evaluación más amplia debe mirar otras violencias y sus cambios. El Índice de Paz México 2026, por ejemplo, examina indicadores más allá del homicidio y advierte sobre el crecimiento de las desapariciones reportadas y donde Tamaulipas lidera la barbarie.

Por eso, anunciar menos asesinatos ,aun asi sea en medio del cuestionamiento por el incremento de desaparecidos ,puede ser una noticia favorable sin convertirse en acta de defunción de la violencia. El porcentaje informa una diferencia; no expide, por sí solo, un certificado de paz.

Cuantos desaparecidos: 

Una revisión del Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO) muestra que en estos dos años de gobierno han desaparecido 19,894 personas. Un promedio de 829 al mes, 28 al día. De este total, 11,677 corresponden al primer año (1 de octubre de 2024-30 de septiembre de 2025) y 8,217 al segundo (1 de octubre de 2025-30 de septiembre de 2026)….adondevanlosdesaprecidos.org

Bajar respecto del peor registro de la propia comparación,asi sea impreciso, es avanzar. Vender ese avance como pacificación sería confundir una montaña más baja con la desaparición del cementerio.

Con información: TResearch/

viernes, 16 de octubre de 2026

"YO REPARTÍA y TE REPARTÍA: EJECUTADA RECLAMÓ al CARNAL del JC el DINERO que le DIO del RANCHO PLAYERO que RECLAMA OSIEL CÁRDENAS"... van 3 ejecutados y contando.


«Cuando yo tuve dinero, cuanto dinero ganaba, repartía y te repartía». La frase aparece casi al final de la conversación y le quita cualquier aire de desconocido a Julio de la Cruz Reina, destinatario del reclamo: la mujer, ahora ejecutada, le recuerda que cuando tuvo recursos también compartió con él. No precisa cantidades, fechas ni motivos, pero sí deja asentada su versión: Julio había recibido de ella, no solamente llamadas.

El audio en video trascendido a las redes atribuye la voz a Virginia Silva García e identifica al interlocutor como Julio César de la Cruz Reyna, a quien presenta como hermano del capo del Cártel del Golfo Juan Carlos de la Cruz Reyna.

Ahora se sabe,este sería propietario de restaurante en Matamoros,también parte de otros trascendidos en redes.

La publicación en video sitúa la llamada el 7 de febrero de 2026 y entre el material difundido se exhibe una credencial de elector a nombre de Julio César ,ademas de una conversación de Whatsapp junto con un amplio escrito de denuncia con mucho mas detalles, ya publicados.

Julio César de la Cruz sería hermano de un ex-mando criminal identificado por las autoridades estadounidenses, actualmente recluido en el mismo penal federal de alta seguridad donde también está enclaustrado Osiel Cárdenas.

Por separado, una comunicación oficial estadounidense documenta los antecedentes de Juan Carlos de la Cruz Reyna como operador del Cártel del Golfo.

Según el relato enseguida sospechosamente borrado, Virginia y su madre, Gloria, fueron asesinadas el 19 de septiembre de 2026 en Altamira; su abogado, Fernando Gerardo Covarrubias Treviño, ligado a Alfredo Cardenas,Alias «El Contador» del Cartel del Golfo,había sido asesinado en Matamoros el 2 de febrero.

Este es el contexto que vuelve especialmente grave esta conversación que presume la relación entre los homicidios, las amenazas y los documentos denunciados.

Lo que sigue es el desmenuce del testimonio: una mujer atribulada y con discusiones previas en mensajes de WhatsApp que ya exhibia amagos presionada por Julio Cesar de la Cruz para entregar una propiedad a la que identifica como «Dunas» en alusión a terrenos costeros, reclama explicaciones y termina recordándole a su interlocutor que antes también le tocó de lo que ella ganaba.

El hilo conductor de toda es un presunto despojo, no una operación que la hablante haya reconocido como voluntaria.

1. «Yo no tengo por qué estar metida en arguendes»

La conversación arranca marcando distancia. Virginia rechaza que la involucren en arguendes y señala una notaria en Reynosa.

2. «En Reynosa está una notaría donde según yo a ti te tengo que entregar los ranchos. ¿Lo sabes?»

Aquí aparece el primer foco rojo: una notaría y una supuesta obligación de entregar propiedades al interlocutor. El «según» importa: ella no reconoce esa obligación; la cuestiona. La pregunta «¿lo sabes?» pone el asunto directamente frente a Julio: hay una operación que lo presenta como destinatario y ella exige explicaciones. No es precisamente una felicitación por su nueva inversión inmobiliaria.

3. «Según tú fuiste con un notario junto conmigo donde yo te doy en dación de pago un rancho»

La mujer describe una supuesta comparecencia conjunta que no acepta como cierta. Ese es el núcleo de su protesta: se estaría presentando como realizada una operación que ella desconoce. El vocabulario suena formal; el reclamo, nada: ¿cuándo fui contigo y cuándo acepté entregarte un rancho? Una firma elegante no responde esas preguntas.

4. «¿Sabías eso? Bueno, pues van a meter a la cárcel al notario»

La hablante anuncia una consecuencia penal para el fedatario.No informa de una sentencia ni demuestra que existiera una orden de aprehensión: expresa su convicción de que lo denunciado ameritaba cárcel. Dicho sin toga prestada: para ella, aquello no era un simple error de escritorio.

5. «Ni que tu hermano ni que el señor […] lo que me tengan que decir que me lo digan y de qué se trata»

La mujer rechaza la cadena de intermediarios y pide que le hablen claro. Menciona a «tu hermano» y a «el señor», pero, aunque ese pasaje no proporciona sus nombres, se presume que alude a Juan Carlos de la Cruz Reyna y Osiel Cárdenas.

6. «¿Acaso él ha pagado las deudas de los ranchos, acaso él ha puesto algo o yo soy parte de él?»

El reclamo enfrenta la supuesta entrega con preguntas sobre las aportaciones de quien pretende recibir. Ella cuestiona qué habría pagado o puesto esa persona para justificar la operación. El cierre —«¿yo soy parte de él?»— añade una negativa a ser tratada como si alguien pudiera disponer de ella y de sus bienes en el mismo paquete. Es una impugnación, no un reconocimiento de deuda.

7. «Se corta la llamada. Sí, se corta»

Este tramo exige freno editorial. La transcripción no permite distinguir si se trata de palabras pronunciadas o de una observación sobre la interrupción de la conexión. Tampoco permite afirmar que alguien colgó para intimidar, evadir preguntas o recibir instrucciones. Hasta para contar una historia brutal hay que resistir la tentación de ponerle efectos especiales.

8. «Ya mataron a licenciados […] se cumplió lo que te dijeron»

La conversación pasa de las propiedades a la violencia. El fragmento alude a abogados asesinados y a algo anunciado que se habría cumplido. 

En nuestro relato en Valor Tamaulipeco sitúamos el asesinato del abogado Covarrubias Treviño cinco días antes de la fecha que atribuye a la llamada e incluso presumimos al autor.

9. «Esa gente no está mintiendo»

La frase aparece junto a las referencias a asesinatos y advertencias cumplidas. Su peso está en que presenta a «esa gente» como creíble dentro de una conversación atravesada por el miedo. 

10. «Yo no tengo por qué vivir en estrés. Así te lo digo. Estoy harta de vivir en estrés»

Aquí la discusión deja ver su costo personal. La mujer no habla únicamente de ranchos: protesta por la forma en que está viviendo. Repite que está harta. No corresponde convertirlo en un diagnóstico clínico, pero tampoco rebajarlo a una rabieta. Es una expresión explícita de agotamiento dentro del mismo relato sobre propiedades que no quiere entregar.

11. «Lo único que presiento es que al señor Osiel Cárdenas Guillén, alguien le ha hecho creer que esas tierras son de él»

Este es el nombre de mayor peso en el testimonio y también el punto donde más cuidado exige la redacción. La mujer dice «presiento»: formula una sospecha que causalmente estaría ligada con todos los sucesos.

12. «O que las compró o lo engañaron, que se las compraron a alguien para él»

La ahora victima plantea posibilidades, no una compraventa acreditada. Puede haber una supuesta adquisición, un engaño o terceros que dijeron comprar para otra persona.

13. «Pero todo se va a aclarar […] a mí ya me llevaron hasta el límite»

La expectativa de aclaración convive con una declaración de hartazgo extremo. Primero sostiene que habrá explicación; enseguida insiste en que la han llevado al límite. Leído junto con sus objeciones a la entrega de los ranchos, el pasaje expresa resistencia, no conformidad. De voluntad tranquila para desprenderse de sus bienes, estas palabras tienen poco.

14. «Cuando yo tuve dinero, cuanto dinero ganaba, repartía y te repartía»

Este es el golpe directo al interlocutor. Según su propio testimonio, ella compartió con él lo que ganaba. La frase permite escribir que Virginia afirmaba haberle dado dinero o compartido recursos; no permite fijar cuánto, cuándo, por qué ni bajo qué acuerdo. 

Pero el reproche sí es nítido: antes recibías de mí. En medio de la controversia sobre propiedades que supuestamente debía entregar, la mujer recuerda una relación previa en la que ella se presenta como quien daba. No aporta un recibo bancario; deja un señalamiento que merece investigarse, no adornarse.

15. «A ti yo no te he pedido dinero ni te he mortificado de nada»

La frase completa el contraste: ella dice haber compartido recursos con él y niega haberle pedido dinero o causado molestias. No liquida jurídicamente ninguna cuenta, pero explica el sentido del reproche: ¿por qué aparece ahora una supuesta obligación de entregarte propiedades si yo no te he pedido dinero? Esa es la contradicción que su testimonio pone sobre la mesa.

El reclamo que no cabe debajo de un sello

La conversación atribuida a Virginia presume quién falsificó documentos, quién ordenó amenazas y quién estuvo detrás de los homicidios denunciados.

Contiene un reclamo concreto contra una supuesta entrega de ranchos que ella no reconoce, una sospecha expresamente formulada sobre Osiel Cárdenas y una afirmación directa de que había compartido dinero con su interlocutor Julio de la Cruz Reyna hermano del «JC».

Ahí está la exigencia periodística: contrastar el instrumento notarial, las comparecencias, las firmas, el presunto adeudo y los movimientos registrales descritos en la denuncia publicada. 

Porque si una mujer protesta que nunca aceptó entregar sus tierras en una entidad donde cambian de dueño con facilidad asombrosa, el sello no puede servir de escondite: tiene que servir para encontrar quién puso qué, cuándo y con autorización de quién buscaban despojarla. Y enseguida la mataron, en medio de dos asesinatos más que detonan una pregunta valida, cuantos mas faltan para que el gobierno complice de Morena y Americo Villarreal se despoje de sus miedos y detenga a los ejecutores asi como los autores intelectuales en el Altiplano.

Con información: REDES/MEDIOS