La Fiscalía General de la República armó su acusación contra Miguel Ángel Solano Ruiz con una combinación que merece lupa, no aplausos: un video de YouTube de autoría desconocida y un testigo colaborador que lo señala como operador de una red de huachicol fiscal, pero admite que jamás lo conoció en persona.
El testigo asegura que se comunicaba con él mediante una aplicación; sin embargo, cuando entregó los teléfonos de las personas que mencionó, no proporcionó el del hombre al que identificó como Solano Ruiz.
La investigación también incluye movimientos financieros millonarios que no corresponden con su sueldo reportado. Hay dinero que explicar, sí; lo que no sobra es claridad sobre cómo se acreditó la identidad del supuesto interlocutor.
Primero YouTube; luego, la solemnidad ministerial
El 4 de octubre, durante la audiencia inicial, la FGR presentó a Solano Ruiz como una pieza clave de la red de huachicol fiscal presuntamente encabezada por los hermanos Farías Laguna. El jueves 8 compareció ante un juez de control en el Centro de Justicia Penal Federal de Almoloya de Juárez, Estado de México, y fue vinculado a proceso por delincuencia organizada para cometer delitos en materia de hidrocarburos.
Según Proceso, la Fiscalía citó para iniciar la investigación un video de YouTube cuya autoría se desconoce, recurso que también utilizó en el caso de los Farías Laguna. La sesuda institución encontró así una puerta de entrada al expediente en la plataforma donde conviven investigaciones, tutoriales y ocurrencias. El problema no es que una pista aparezca en internet: es cuánto se logra acreditar después, fuera de la pantalla.
En ese video se atribuye a Solano Ruiz, Fernando Ernesto Magaña Gutiérrez, Carlos de Jesús Estudillo Villalobos —subdirector de la aduana marítima de Tampico— y al testigo colaborador “Santo” la formación de equipos para declarar hidrocarburos como aceites u otras sustancias y evadir impuestos.
La petición de órdenes de aprehensión incorpora además un relato sobre el almirante retirado Luis Jorge Goicoechea Sotomayor, presuntamente cooptado por Francisco Javier Antonio Martínez y el capitán Magaña Gutiérrez. Incluye al capitán Solano Ruiz, señalado como excoordinador externo de aduanas, entre quienes supuestamente reclutaban marinos retirados, activos y civiles para actividades de huachicol y tráfico de drogas.
También lo ubica, junto con su amigo, el capitán Clímaco Aldape Utrera, como enlace entre titulares de aduanas y gestor de cambios de personal con el visto bueno de los Farías. Todo ello forma parte de los señalamientos de la Fiscalía, no de una culpabilidad ya demostrada.
“Lo primero, la discreción”; la identidad, para después
La descripción coincide con una declaración escrita que “Santo” entregó a la FGR el 13 de mayo de 2025. Ahí atribuyó a Solano Ruiz un control prácticamente general sobre las aduanas y su personal, así como el envío de efectivo para pagar a agentes aduanales a cambio de permitir el paso de buques con hidrocarburos etiquetados como aditivo. Pero reconoció que nunca lo había conocido personalmente.
“Santo” contó que llegó a la aduana de Tampico sin conocer las leyes y reglamentos aduaneros ni de comercio exterior. Ya instalado, tuvo contacto por Threema con alguien identificado como “NK”, quien se presentó como su enlace con la Agencia Nacional de Aduanas de México, institución a la que el testigo estaba adscrito además de su puesto en la Secretaría de Marina.
¿Por qué no preguntó su nombre? Porque, explicó, ya le habían advertido: “Lo primero la discreción”. Dos semanas después consultó a su director, quien le dijo que “NK” era un elemento de nivel central y aventuró una identificación bastante menos contundente que una ficha oficial: había un civil que había tomado un curso de aduanas, “tal vez sea ése” y le decían “Mike”.
El testigo también expresó su agradecimiento por la posibilidad de cobrar dos sueldos, el de Marina y el de la ANAM. Su director volvió a recordarle la “gran discreción” respecto de los recursos monetarios. Para el 16 de mayo de 2025, en otra entrevista, “Santo” ya identificaba a “NK” como Miguel Ángel Solano Ruiz y le atribuía los movimientos de personal en Tampico, aduana de la que él mismo se convirtió en titular en pocos meses. La nota no explica qué verificación permitió pasar del “tal vez” a esa identificación.
Sobres, perfumes y una nómina de “jugadores”
Según “Santo”, “NK” enviaba mediante terceros sobres o cajas de perfume con efectivo: “gratificaciones” de entre 40 mil y 300 mil pesos para distintos funcionarios por cada buque que entraba a la aduana. El dinero llegaba entre tres días y una semana después de que la embarcación zarpara.
El testigo dijo que comenzó a recibir su parte con el segundo buque que arribó durante su administración: 300 mil pesos por embarcación. También recibía los documentos de sus compañeros, a quienes “NK” llamaba “jugadores”. Una elección de vocabulario a tono con una operación que, según el relato, repartía premios sin pasar por la ventanilla de la legalidad.
Había dinero para 12 personas, pero “Santo” afirmó que sólo lo distribuía entre seis compañeros y él. El resto se lo llevaba a su alojamiento en el búnker y lo guardaba “para cualquier eventualidad”. Aseguró que quería entregarlo a las autoridades como atenuante y aportar información. Una reserva de efectivo con explicación preventiva incorporada.
El contacto al que nunca vio y cuyo teléfono no entregó
Cuando la FGR le preguntó dónde y cuántas veces se había reunido con “NK”, respondió que nunca. Con quien sí tuvo tres encuentros fue con una persona identificada como “O”, que lo contactaba para entregarle dinero destinado a sus subordinados.
Las reuniones, relató, ocurrieron en plaza Laguna, frente a la Laguna del Carpintero, en el centro de Tampico. Ubicó la oficina de ese intermediario en el tercer piso, a mano izquierda, en el segundo local junto a un salón de belleza, y dijo que ahí supo que se llamaba Osvaldo u Osvel. Para ese contacto hubo encuentros y hasta señas del local; para “NK”, comunicaciones por una aplicación.
“Santo” sostuvo que informaba a “NK”, mediante Threema, sobre el inicio y término de la descarga de los buques. Cuando zarpaban, su interlocutor le avisaba que lo contactarían para entregarle dinero y le aseguraba que todo estaba en regla, que no se preocupara y que contaban con el respaldo de “Los Primos” y otros altos funcionarios. Identificó a “Los Primos” como Manuel Roberto y Fernando Farías Laguna, sobrinos del exsecretario de Marina Rafael Ojeda Durán.
En esa misma entrevista reiteró que nunca conoció personalmente a Miguel Solano Ruiz y que sólo sabía de su relación con el sistema aduanal y sus contactos de alto nivel en el gobierno. Entregó números telefónicos de las personas señaladas, pero no el de “NK”, pese a atribuirle todas esas comunicaciones. La acusación tiene un nombre; el relato publicado deja pendiente explicar cómo se comprobó que ese nombre correspondía a quien estaba detrás de la aplicación.
Los millones tampoco son un detalle decorativo
Las debilidades del relato del testigo no borran el otro frente de la investigación. Según los datos financieros citados por Proceso, Solano Ruiz recibe 18 mil 785.20 pesos mensuales de nómina y no tiene registrada otra actividad que le genere ingresos. La FGR obtuvo información de operaciones y adquisiciones que no coinciden con ese perfil:
- Entre 2020 y 2025 registró deducciones por un millón 508 mil 157.60 pesos; entre 2020 y 2022 recibió más de 5 millones de pesos mediante cheques de caja.
- El Sindicato de Trabajadores Proactivos de la República Mexicana le depositó 127 mil pesos y la Federación Nacional de Trabajadores de la Industria expidió cheques a su favor por 50 mil pesos.
- En dos años compró más de 2 millones de pesos en tarjetas de vales de despensa electrónicos de Toka Internacional; en 2025 adquirió joyería por más de 400 mil pesos.
- Entre 2018 y 2025 gastó más de 6 millones de pesos en tarjetas de crédito.
- Entre 2015 y 2023 realizó pagos por apuestas de 52 millones 128 mil 239 pesos; el 99.73% fue cubierto en efectivo.
- Entre 2020 y 2023 compró inmuebles por más de 9 millones de pesos, pagando más de 800 mil en efectivo y más de 2 millones mediante cheques de caja.
Además, la Unidad de Inteligencia Financiera lo investiga por operaciones inusuales reportadas por distintos bancos, relacionadas con transferencias internacionales por 109 mil 653.60 dólares, equivalentes a aproximadamente un millón 970 mil 876 pesos, según la publicación.
Ese caudal merece una explicación seria. Pero los movimientos millonarios y la identificación de “NK” son cuestiones distintas: la información publicada no permite dar por resuelta la segunda con la primera. La sesuda FGR tiene por delante algo más exigente que citar YouTube y recoger señalamientos: explicar, con elementos verificables, quién hizo qué y cómo lo sabe. Porque una acusación de esta magnitud necesita investigación sólida, no fe ministerial.
Con información: PROCESO/

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