Ocho inmuebles, cinco pagados al contado, y más de 52 millones de pesos en apuestas. El llamado Capitán Sol no llevaba precisamente una vida discreta: llevaba una vida de millonario con ingresos cuyo origen las autoridades no han logrado explicar. La discreción, al parecer, la pusieron los controles institucionales.
Según el expediente judicial citado por EL UNIVERSAL, Miguel Ángel Solano Ruiz, excapitán de corbeta en retiro y quien se desempeñó como coordinador externo en Aduanas, adquirió ocho propiedades entre 2013 y 2023 por más de 13 millones de pesos.
Cinco las liquidó al contado: una en Xalapa y cuatro en Alvarado. Más de 10 millones desembolsados sin crédito. Una bonita colección de ladrillos para acompañar los ingresos que el análisis financiero únicamente identificó como nómina.
Pero lo verdaderamente obsceno está en el casino: entre 2015 y 2023, los sujetos obligados reportaron 400 avisos de operaciones de apuesta por 52 millones 128 mil 239 pesos. El 99.73% de los pagos fue en efectivo. No hablamos de una sospecha escondida debajo de una piedra: hablamos de operaciones reportadas, millones circulando y una montaña de papel que merece una explicación institucional, no una fanfarria.
Todavía en febrero de 2025, Solano Ruiz compró una pieza de joyería de 428 mil 500 pesos y la pagó en efectivo. Mientras tanto, el análisis de la UIF referido en un oficio del 5 de junio de ese año no identificó otra fuente de ingresos distinta de la nómina, y la investigación dejó sin explicar el origen de diversos depósitos que acumulaban más de 23 millones de pesos. El dinero hacía ruido; falta explicar quién debía escucharlo y qué hizo al respecto.
La FGR que tambien tiene testimonios que lo ligan con «Andy», una referencia que apunta al hijo de Lopez Obrador (…eso no les interesa), lo acusa de posible participación en delincuencia organizada para cometer delitos en materia de hidrocarburos, en la modalidad de ocultamiento y con agravante de servidor público.
Permanece en El Altiplano. Eso es una acusación, no una sentencia; pero tampoco convierte en proeza institucional el descubrimiento de un patrimonio y unas operaciones que se extendieron durante años.
Que ahora no nos vendan como hazaña de inteligencia lo que exige, antes que aplausos, una rendición de cuentas porque expone algo suficientemente escandaloso: propiedades, efectivo, apuestas y depósitos de origen no explicado. Antes del desfile de medallas, una pregunta bastante menos cómoda: ¿qué hicieron los controles con todas esas señales?
Con información: ELUNIVERSAL/

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