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domingo, 4 de octubre de 2026

¿CUÁL SOBERANÍA? ¿La de MICRÓFONO? : MEXICO IMPORTA 40% de DIESEL y MUCHO HUACHICOLEADO pero TRUMP podria CERRAR la LLAVE a las IMPORTACIONES»…la autosuficiencia prometida sigue sin alcanzar para llenar el tanque.


La soberanía energética mexicana tiene un detalle incómodo: necesita que Estados Unidos siga vendiéndole diésel. Según el reportaje de EL PAÍS, cerca del 40% del consumo nacional depende de ese mercado. Mucha independencia en el discurso; demasiada dependencia al otro lado del Río Bravo.

Donald Trump no necesitó cerrar la llave para exhibir el problema: bastó con amenazar con prohibir las exportaciones. El 2 de octubre, el G7 acordó liberar 100 millones de barriles de petróleo y combustibles durante cuatro meses, con una entrega inicial importante de diésel. Después, Trump anunció que no impondría el veto. El peligro inmediato retrocedió; la vulnerabilidad mexicana no se fue a ninguna parte. Que el proveedor cambie de opinión no convierte al comprador en autosuficiente.

Dos Bocas no tapa el hueco

La promesa era llegar a 2024 refinando en México todo el crudo de Pemex para garantizar el abasto de combustibles. Estamos en 2026 y la realidad sigue importándose. En junio, México compró unos 199.000 barriles diarios de diésel estadounidense, 11% más que en el mismo mes de 2025, según las cifras de la EIA citadas en el reportaje. La autosuficiencia prometida sigue sin alcanzar para llenar el tanque.

Tampoco sería riguroso negar los avances: en agosto, las siete refinerías nacionales produjeron más de 316.000 barriles diarios de diésel, un aumento mensual de 9,3%. Dos Bocas aportó 106.000. Pero, de acuerdo con ese mismo reporte, la producción nacional cubre alrededor del 60% del consumo. Producir más no equivale a producir lo suficiente, por mucho que la propaganda quiera refinar una cosa hasta convertirla en la otra. 

Y Deer Park merece una precisión elemental: está en Texas. Tener una refinería mexicana en territorio estadounidense puede fortalecer a Pemex; no borra la frontera ni coloca su producción fuera del alcance de las decisiones de Washington. La bandera del propietario no cambia la ubicación de la planta. 

El problema no admite consignas

El riesgo no es únicamente pagar más caro. Una restricción estadounidense podría comprometer el suministro que México necesita y que no puede sustituir de inmediato. Más de 200.000 barriles diarios de importaciones no aparecen por decreto, por patriotismo ni por conferencia de prensa. El problema exige producción, almacenamiento y proveedores alternativos; no otra ceremonia para declarar consumada la independencia. 

Mientras tanto, el Gobierno contiene los precios mediante estímulos fiscales. Eso puede amortiguar el golpe al consumidor, pero no fabrica un solo litro de diésel. Renunciar a recaudar ayuda a sostener el precio; no resuelve la dependencia del suministro. Confundir ambas cosas sería presumir que se reparó el motor porque alguien decidió pagar parte de la gasolina. 

La crítica de fondo tampoco debería reducirse a «importar es traicionar» o «construir refinerías lo resuelve todo». La seguridad energética exige distinguir entre una compra conveniente y una dependencia indispensable. Cuando un solo proveedor puede alterar el abasto con una decisión política, la soberanía deja de medirse por discursos y empieza a medirse por alternativas reales. 

México no necesita otra fecha solemne para anunciar que ahora sí será autosuficiente. Necesita demostrar que puede abastecerse cuando Washington decida privilegiar su propio mercado. Hasta entonces, la soberanía energética seguirá siendo una promesa con una cláusula escrita en inglés: sujeta a disponibilidad del proveedor. 

Con información: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/KARINA SUAREZ/

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