En Ciudad Victoria, la lucha de apetitos de Morena y sus aliados, no tan aliados, ya tiene escaparate: todos hablan de transformación, todos presumen entusiasmo y todos le encuentran un irresistible encanto a la silla municipal. Puro animal político, pero ninguno mostrenco: cada suspirante trae dueño de sus afectos, padrino de sus esperanzas o grupo que le acaricia la candidatura. Aquí nadie parece caminar solo; cada quien va enseñando el “jabón que lo patrocina”, aunque todavía falte comprobar cuál lava, cuál perfuma y cuál nomás hace espuma.
La disputa tiene nombre administrativo: Coordinación Municipal de los Comités de Defensa de la Transformación. Pero el horizonte de los aspirantes huele a alcaldía y conviene distinguir el apetito de la garantía: la convocatoria no entrega una candidatura municipal ni establece que ganar la coordinación asegure después la postulación. Primero viene el acomodo partidista; la silla del Ayuntamiento sigue siendo otra pelea.
BRAÑA: ENTUSIASMO FAMILIAR Y SEÑALAMIENTOS A CUESTAS
De acuerdo con la información publicada por El Norte, el Diputado federal del PVEM José Braña anunció su registro apenas cuatro horas después de reunirse en privado con el Gobernador Américo Villarreal. Llegó acompañado de su familia y cargando un apellido políticamente rendidor: su parentesco con el ex Presidente Andrés Manuel López Obrador.
También llegó con señalamientos de presunta guerra sucia contra correligionarios y adversarios. Braña rechazó esas acusaciones.
La estampa, eso sí, resulta sabrosa: entusiasmo hacia las cámaras, reunión privada con el Gobernador y acusaciones de fuego amigo como música de fondo. En esta familia política, los abrazos no alcanzan para esconder los codazos.
CADA SUSPIRANTE CON SU RESPALDO
Rómulo Pérez, Subsecretario de Gobierno de Enlace Legislativo y presidente del Consejo Estatal de Morena, también quiere entrarle.
Su situación exhibe una diferencia de trato: la convocatoria no exige expresamente que deje la presidencia del Consejo Estatal, aunque sí impone obligaciones de imparcialidad ,esas que no son la especialidad de la casa.
No es un permiso para utilizar el partido en beneficio propio, pero eludir la tentación es harto complicado: es una tensión que Morena tendría que explicar. Competir y conservar una posición de dirigencia no se vuelven compatibles por arte de entusiasmo.
Hugo Reséndez, Secretario del Ayuntamiento, aparece respaldado por Eduardo Gattás que con identidad propia ha desafiado una y otra vez el poder del gobernador Americo Villarreal. La relación es poco armónica entre el Alcalde y el gobernador , su aspiración representa algo más que una ocurrencia individual: es la apuesta del grupo municipal por conservar espacio frente al poder estatal.
La diputada Katalyna Méndez, quien ha sido blanco de la «guerra sucia», entra con el respaldo de la «mujer vitamina», la poderosa esposa del Gobernador, como una posición de la «familia», por ahora en problemas penales y familiares, uno tras otro, como saldo de sus malos oficios.
La Diputada local Blanca Anzaldúa también anunció su registro. No hace falta inventarle madrina a esta última para completar el zoológico: basta observar que la fila crece y que ninguno quiere quedarse mirando cómo otro se sirve.
GUERRA SUCIA PROHIBIDA; APETITOS SIN CLAUSURA
La convocatoria pone un candado que merece atención: prohíbe a los aspirantes realizar acusaciones públicas o en medios contra el partido, sus órganos de dirección y otros participantes, con posibilidad de cancelar el registro y dar vista a la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia. Esa conveniente prohibición no distingue expresamente entre imputaciones falsas y denuncias documentadas.
Ahí está la paradoja: combatir la guerra sucia es necesario; convertir cualquier denuncia pública en motivo de castigo es otra cosa. No es lo mismo impedir una calumnia que pedirle al agraviado que cierre la boca para no descomponer la fotografía familiar de un partido que se ha caracterizado por estar criminal y políticamente organizado,al grado de ser considerado en análisis jurídico en un ente colaborador del narcoterrorismo.
Apetitos, pues, sobran. Vocación de servicio, dicen todos. Y viendo tanta devoción simultánea por administrar Ciudad Victoria, sale sola la malicia popular: “han de pagar mucho”, pues todos quieren ser alcaldes.
La frase retrata el hambre de puesto, no demuestra un negocio ilícito. Pero deja la pregunta clavada: ¿les urge servir a la ciudad o les urge que la ciudad les sirva de siguiente escalón?
Con información: ELNORTE/


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