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lunes, 12 de octubre de 2026

EL «MUNDO NO BASTA para ESCONDERLO»: los SUIZOS YA SABÍAN de AMÍLCAR, el SOCIO de ANDY, y los 3 MIL MILLONES»… el dinero y lo tarugo son muy difíciles de esconder.


Jorge Amílcar Olán Aparicio, señalado como operador financiero de Andrés López Beltrán, anda de país en país con un equipaje que no cabe en ninguna maleta: tres mil millones de pesos que, según la columna de Raymundo Riva Palacio en El Financiero, en su mayoría no le pertenecen. El problema no es encontrar alojamiento. Es encontrar un lugar donde no lo alcancen quienes quieren escuchar sus secretos y quienes quieren recuperar su dinero.

La ruta descrita por el periodista comienza en Suiza, pasa por Dubai y regresa a Europa, ahora a un país no identificado de lo que se conocía como Europa del Este: las naciones que estuvieron bajo la órbita soviética antes de la caída del Muro de Berlín. En su entorno todavía creen que se fue a España. Funcionarios de países que le siguen la pista desde el año pasado, citados en la columna, ofrecen otra ubicación y sugieren algo más incómodo para el tabasqueño: estaría moviéndose sin demasiados apoyos desde México.

Porque una cosa es que públicamente se diga que no hay una investigación en su contra y otra que los expedientes estén vacíos. Según Riva Palacio, existen al menos dos investigaciones en curso en la Fiscalía General de la República y la Unidad de Inteligencia Financiera. La aparente tranquilidad oficial, bajo esa versión, tiene más de discurso que de diagnóstico.

Dos investigaciones y una red de conexiones

La primera investigación mencionada tiene que ver con una transferencia de mil 400 millones de pesos realizada por Gina Olán, hermana de Amílcar, que habría sido detectada por la UIF y revelada por Latinus la semana anterior.

La segunda apunta a vínculos entre las sociedades de Amílcar y seis empresas con razones sociales en la Ciudad de México, Monterrey, Cholula, Atizapán y Querétaro. La columna las señala como vehículos de lavado de dinero y sostiene que por ellas presumiblemente circularon recursos de Los Chapitos hacia campañas políticas en Baja California Sur.

En ese entramado aparecen, como accionistas, el exgobernador Narciso Agúndez Montaño y su hijo Christian Agúndez Gómez, alcalde de Los Cabos. Son señalamientos sobre operaciones bajo investigación, no una sentencia que permita dar por acreditada la responsabilidad de los involucrados.

El punto de conexión entre los Agúndez y Amílcar, según el texto, es el senador Adán Augusto López Hernández. Antes de que el asunto adquiriera olor a expediente financiero, el negocio de Amílcar era la compraventa de relojes de alta gama adquiridos en Zúrich. López Hernández habría sido su principal cliente. Del lujo en la muñeca a los movimientos de dinero, la columna dibuja una relación que las autoridades estarían examinando.

Riva Palacio también presenta a Amílcar como uno de los operadores financieros del llamado Grupo Tabasco, encabezado por López Hernández y descrito como un paraguas para los hijos del expresidente Andrés Manuel López Obrador. En particular, destaca su prolongada relación de amistad y negocios con Andrés, Andy, López Beltrán.

La pregunta que, de acuerdo con el periodista, intentan resolver las autoridades es más grave que cualquier afición por los relojes: si las empresas de Amílcar también sirvieron para mover dinero del Cártel de Sinaloa.

Lugano: el penthouse dejó de ser escondite

Desde hacía casi un año se sabía que Amílcar vivía en Suiza. Su refugio estaba en Lugano, ciudad que el artículo describe como la quinta más cara del país y la quinta más costosa de Europa. Un retiro de lujo, hasta que llegaron una cámara y una pregunta.

A finales de septiembre, Irving Pineda, reportero de TV Azteca, y un camarógrafo mostraron el penthouse donde vivía con su familia e intentaron entrevistarlo. Según la columna, lograron identificarlo pese a que se había sometido a una cirugía plástica. El rostro habría cambiado; el interés por sus negocios, no.

La difusión de su ubicación exacta volvió a poner bajo discusión los negocios de los hijos del expresidente. El texto sostiene que revelar ese paradero estaba periodísticamente justificado por el interés público del personaje. Para Amílcar, en cualquier caso, significó que la discreción de su domicilio se había terminado.

Después salió hacia Dubai, donde, según el relato, tiene un departamento. Poco después regresó al continente europeo para instalarse en otro escondite. Cambiar de dirección no equivale, sin embargo, a borrar el rastro.

Fuentes que Riva Palacio presenta como conocedoras de primera mano afirman que el gobierno suizo ya tenía información sobre él y lo consideraba un “ciudadano de interés” por su prominencia pública en México. Esas fuentes atribuyen a los servicios suizos el seguimiento inicial del socio de los López Beltrán y de López Hernández.

Dos teléfonos y ninguna garantía de silencio

La vigilancia descrita en la columna no se habría limitado a cámaras. Las fuentes citadas hablan de una tecnología identificada como digital framework, a la que atribuyen capacidad para geolocalizar simultáneamente dispositivos definidos dentro de ciertos parámetros, sin las limitaciones de alcance que menciona el relato.

Según esa versión, mediante ese sistema se grabaron conversaciones que Amílcar sostuvo fuera de su departamento con un segundo teléfono. El primero, afirma el artículo, ya estaba intervenido por los servicios de inteligencia estadounidenses. Quizá creyó que salir del domicilio y cambiar de aparato bastaba para hablar tranquilo. La columna sostiene que no fue así.

Washington quiere un fiscal, no otra conversación

Una fuente estadounidense citada por Riva Palacio sostiene que Amílcar ya tiene poco más que contarles a quienes han hablado con él. Lo pendiente sería que formalice lo dicho ante un fiscal federal, para que sus señalamientos puedan incorporarse a un procedimiento judicial.

En otras palabras: conversar no basta. Para llevar las acusaciones a tribunales, necesitan que dé un paso que, según esa fuente, todavía no ha dado.

La columna compara esa conducta con la de Alex Saab: hablar con las autoridades estadounidenses, pero aplazar la formalización de la cooperación. En su relato, recuerda los contactos de Saab con la DEA, su detención en África, su traslado a Estados Unidos y su posterior regreso a Venezuela mediante un intercambio de prisioneros. También afirma que, después de la caída de Nicolás Maduro, Saab terminó nuevamente en una cárcel federal en Miami. Esa última secuencia es una afirmación del artículo proporcionado, no un hecho verificado en esta reescritura.

El paralelo no establece que Amílcar vaya a correr la misma suerte. Sirve para ilustrar el riesgo de negociar indefinidamente mientras se teme más a unos interlocutores que a otros.

La fuente estadounidense lo resume con una frase: “Tuvo más miedo a los dueños de su dinero que a nosotros”. Se refiere a los tres mil millones de pesos que, según la columna, Amílcar transfirió a cuentas en Suiza cuando salió de México. Mucho dinero para administrarlo; demasiado para fingir que nadie preguntará por él.

El dinero también deja huellas

El cerco descrito por Riva Palacio tiene dos lados. De uno están los fiscales estadounidenses, interesados en lo que Amílcar pueda declarar sobre la familia López Obrador, el senador López Hernández y el Grupo Tabasco. Del otro, las personas que le habrían entregado recursos para ocultarlos y trabajarlos en cuentas fuera de México.

Unos quieren declaraciones. Otros quieren su dinero. Amílcar aparece en medio, con información que puede comprometer relaciones y fondos cuyo origen puede comprometer a sus propietarios.

La columna subraya que el dinero deja trazabilidad cuando circula por sistemas financieros como el suizo. Bajo ese planteamiento, recuperarlo no sería sencillo ni rápido si sus dueños quieren evitar que las autoridades estadounidenses conozcan quién aportó los recursos y de dónde salieron. El escondite cambia; el rastro bancario no se muda con la misma facilidad.

Esa combinación —dinero ajeno, posibles declaraciones y propietarios interesados en permanecer fuera del expediente— es la que el periodista presenta como una situación delicada, incluso de riesgo. También sería, según su interpretación, la explicación del pánico de Amílcar cuando se encontró con Pineda en el estacionamiento de su penthouse.

Personas que conocen su relación con los hijos del expresidente aseguran que mantuvo comunicación con Andy hasta que su domicilio quedó expuesto. Después, el texto deja dos incógnitas: si conservaron el contacto y si Amílcar, convencido de que su nuevo paradero sigue siendo secreto, continúa hablando con los López Beltrán.

La ruta, según este relato, no es simplemente Suiza-Dubai-Europa del Este. Es el recorrido de alguien que intenta ganar tiempo entre dos exigencias: explicar lo que sabe y responder por el dinero que lleva.

Con información: ELFINANCIERO/RAYMUNDO RIVAPALCIO/

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