La videovigilancia tiene una especialidad que no debería presumir: faltar a la cita cuando más se necesita. Donde urge una cámara, no hay; cuando la hay, queda preguntar si funciona. Esta vez, en el punto de la avenida Gómez Morín donde el jueves pasado fueron ejecutados dos expolicías, ni siquiera hubo que llegar a la segunda pregunta: según la Fiscalía General de Justicia, no había cámaras municipales ni estatales.
El fiscal Javier Flores informó que en el lugar del doble homicidio, ocurrido en la rampa de acceso a Morones Prieto, a la altura de la colonia Doctores, en Monterrey, al parecer no había equipos del C4 municipal ni del C5 estatal. Dos siglas para la vigilancia y un mismo resultado en ese punto: ausencia.
Ahora los investigadores buscan imágenes de cámaras particulares y de otros tramos para reconstruir el recorrido de los vehículos y establecer si alguien seguía a las víctimas. La vigilancia pública faltó en el sitio del ataque; toca buscar si algún particular tuvo una cámara que ayude a llenar el hueco.
«Se están revisando todas las cámaras desde antes del recorrido que realizaron los vehículos para ver si tenían el seguimiento de algún vehículo en particular», explicó Flores. El fiscal confirmó que la persecución ocurrió por vialidades de Monterrey, pero no detalló la ruta ni identificó a los posibles responsables.
Según fuentes allegadas a la investigación, los asesinados eran Juan Carlos Serroque Robledo, de 48 años, expolicía de San Pedro hasta 2006, y José Manuel Martínez Macías, de 52, quien perteneció al grupo élite SWAT de Seguridad Pública estatal hasta 2010.

Ambos habían sido detenidos por presuntos vínculos con grupos delictivos y posteriormente recuperaron la libertad por causas no especificadas. Las mismas fuentes los señalaron como presuntamente ligados al Cártel de los Beltrán Leyva, organización que mantuvo presencia durante años en San Pedro y que actualmente enfrenta disputas territoriales con otros grupos criminales.
Aunque el caso no demuestra que todas las cámaras fallen ni que siempre estén mal ubicadas. Sí deja una postal bastante penosa: dos hombres perseguidos y asesinados, un punto sin cobertura pública y una investigación que ahora depende de encontrar imágenes en otra parte. Para reconstruir el crimen, habrá que empezar por reconstruir lo que la videovigilancia no vio.
Con información: ELNORTE/

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