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jueves, 15 de octubre de 2026

“¿90% MENOS de ROBOS?: CHOQUE BRUTAL de REALIDAD y PROPAGANDA de GENERAL EXHIBE BLOQUEO por FASTIDIO de KÍNDER SAQUEADO 5 VECES”… ahí donde piden ayuda al “Contador” del CDG.


En el discurso farsante , la delincuencia casi está liquidada. En un jardín de niños de Ciudad Victoria, los ladrones se llevaron el cableado, los alimentos y la posibilidad de que 125 alumnos tuvieran clases. Mientras el secretario de Seguridad Pública de Tamaulipas, general Carlos Arturo Pancardo Escudero, presume una reducción del 90% menos robos.

Las familias del kínder Profesora Bertha Sierra Bustamante, en Ciudad Victoria, donde también le piden ayuda al capo del Cártel del Golfo, terminaron bloqueando la carretera Interejidal después de cinco robos en menos de un mes. 

Vaya manera de estrellarse la propaganda contra una escuela a oscuras.

El plantel está en la colonia La Presita, en la capital del estado. No en algún rincón que las autoridades apenas estén descubriendo en el mapa. Su directora, Luz María del Carmen Aguilar Trujillo, denunció que los robos comenzaron desde el 26 de junio y que los responsables fueron llevándose el cableado por secciones hasta dejar la escuela completamente sin electricidad. Los padres pagaban reparaciones con actividades de recaudación; los delincuentes regresaban. Las familias poniendo dinero para reparar lo que la vigilancia no consiguió proteger.

Y no les bastó con los cables: también entraron al comedor y se llevaron alimentos destinados a los menores. La directora advirtió que, para algunos de esos niños, esa comida representa el único alimento que reciben, dadas las condiciones en que viven. Aquí el daño no cabe en una gráfica bonita: alcanza el salón, el bolsillo familiar y la comida de los alumnos.

“Los papás ya están cansados porque ya no hay dinero para resolver esto”, declaró la directora. Así de sencillo y así de brutal: las familias agotaron sus recursos mientras los robos continuaban. La supuesta eficacia de la seguridad no les alcanzó ni para conservar encendida su escuela.

DENUNCIARON. PIDIERON VIGILANCIA. LOS ROBOS SIGUIERON

Que nadie salga con el comodín de que “la ciudadanía debe denunciar”. Según el testimonio de la directora, hubo reportes al 911, denuncias ante la Fiscalía, solicitudes de rondines desde el primero de julio y oficios a la Secretaría de Educación y al Centro Regional de Desarrollo Educativo, el CREDE. No faltaron avisos: faltó una respuesta que consiguiera detener los robos.

“Todas las autoridades conocen la situación, pero ya esto es algo que nos rebasa”, sostuvo. El 14 de octubre, las familias bloquearon la carretera Interejidal, a la altura de la calle Francisco de la Fuente, para exigir la restitución de la electricidad. Para entonces, 125 alumnos estaban afectados y las clases permanecían suspendidas por segundo día consecutivo. Después de tocar puertas institucionales, los padres terminaron cerrando una carretera.

Ese es el tamaño del fracaso en este caso: para reclamar condiciones elementales de funcionamiento escolar, las familias tuvieron que sacar la protesta del plantel y ponerla sobre el asfalto. El bloqueo no apareció de la nada; llegó después de denuncias, reparaciones pagadas por los padres y nuevos saqueos.

GENERAL: AL 90% LE FALTA EXPLICACIÓN, NO FANFARRIA

El porcentaje atribuido por Pancardo exige algo más serio que una celebración: qué delitos incluye, qué territorio abarca, qué periodos compara y cuál es la base de cálculo. 

LA FACTURA NO LA PAGA EL DISCURSO

En La Presita, los costos tienen destinatarios perfectamente identificables: padres que recaudan para reparar, una comunidad escolar que denuncia sin conseguir frenar los saqueos y 125 niños afectados por la suspensión de clases. Ese es el saldo documentado, no una “percepción” que pueda barrerse debajo del templete.

Al gobierno de Américo Villarreal no le corresponde escoger entre presumir indicadores y proteger escuelas: le corresponde acreditar los primeros y cumplir con lo segundo. Porque un porcentaje no repone cables, no devuelve alimentos y no abre un salón sin electricidad.

La seguridad no se demuestra poniéndole un número grandote al discurso. Se demuestra evitando que, después de denunciar y volver a denunciar, una comunidad tenga que bloquear una carretera para exigir que sus niños regresen a clases. En este kínder, lo que quedó a oscuras fue la escuela; lo que quedó exhibido fue el discurso.

Con información: Hoytamaulipas

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