«Cuando yo tuve dinero, cuanto dinero ganaba, repartía y te repartía». La frase aparece casi al final de la conversación y le quita cualquier aire de desconocido a Julio de la Cruz Reina, destinatario del reclamo: la mujer, ahora ejecutada, le recuerda que cuando tuvo recursos también compartió con él. No precisa cantidades, fechas ni motivos, pero sí deja asentada su versión: Julio había recibido de ella, no solamente llamadas.
El audio en video trascendido a las redes atribuye la voz a Virginia Silva García e identifica al interlocutor como Julio César de la Cruz Reyna, a quien presenta como hermano del capo del Cártel del Golfo Juan Carlos de la Cruz Reyna.
Ahora se sabe,este sería propietario de restaurante en Matamoros,también parte de otros trascendidos en redes.
La publicación en video sitúa la llamada el 7 de febrero de 2026 y entre el material difundido se exhibe una credencial de elector a nombre de Julio César ,ademas de una conversación de Whatsapp junto con un amplio escrito de denuncia con mucho mas detalles, ya publicados.
Julio César de la Cruz sería hermano de un ex-mando criminal identificado por las autoridades estadounidenses, actualmente recluido en el mismo penal federal de alta seguridad donde también está enclaustrado Osiel Cárdenas.
Por separado, una comunicación oficial estadounidense documenta los antecedentes de Juan Carlos de la Cruz Reyna como operador del Cártel del Golfo.

Según el relato enseguida sospechosamente borrado, Virginia y su madre, Gloria, fueron asesinadas el 19 de septiembre de 2026 en Altamira; su abogado, Fernando Gerardo Covarrubias Treviño, ligado a Alfredo Cardenas,Alias «El Contador» del Cartel del Golfo,había sido asesinado en Matamoros el 2 de febrero.
Este es el contexto que vuelve especialmente grave esta conversación que presume la relación entre los homicidios, las amenazas y los documentos denunciados.
Lo que sigue es el desmenuce del testimonio: una mujer atribulada y con discusiones previas en mensajes de WhatsApp que ya exhibia amagos presionada por Julio Cesar de la Cruz para entregar una propiedad a la que identifica como «Dunas» en alusión a terrenos costeros, reclama explicaciones y termina recordándole a su interlocutor que antes también le tocó de lo que ella ganaba.
El hilo conductor de toda es un presunto despojo, no una operación que la hablante haya reconocido como voluntaria.
1. «Yo no tengo por qué estar metida en arguendes»
La conversación arranca marcando distancia. Virginia rechaza que la involucren en arguendes y señala una notaria en Reynosa.
2. «En Reynosa está una notaría donde según yo a ti te tengo que entregar los ranchos. ¿Lo sabes?»
Aquí aparece el primer foco rojo: una notaría y una supuesta obligación de entregar propiedades al interlocutor. El «según» importa: ella no reconoce esa obligación; la cuestiona. La pregunta «¿lo sabes?» pone el asunto directamente frente a Julio: hay una operación que lo presenta como destinatario y ella exige explicaciones. No es precisamente una felicitación por su nueva inversión inmobiliaria.
3. «Según tú fuiste con un notario junto conmigo donde yo te doy en dación de pago un rancho»
La mujer describe una supuesta comparecencia conjunta que no acepta como cierta. Ese es el núcleo de su protesta: se estaría presentando como realizada una operación que ella desconoce. El vocabulario suena formal; el reclamo, nada: ¿cuándo fui contigo y cuándo acepté entregarte un rancho? Una firma elegante no responde esas preguntas.
4. «¿Sabías eso? Bueno, pues van a meter a la cárcel al notario»
La hablante anuncia una consecuencia penal para el fedatario.No informa de una sentencia ni demuestra que existiera una orden de aprehensión: expresa su convicción de que lo denunciado ameritaba cárcel. Dicho sin toga prestada: para ella, aquello no era un simple error de escritorio.
5. «Ni que tu hermano ni que el señor […] lo que me tengan que decir que me lo digan y de qué se trata»
La mujer rechaza la cadena de intermediarios y pide que le hablen claro. Menciona a «tu hermano» y a «el señor», pero, aunque ese pasaje no proporciona sus nombres, se presume que alude a Juan Carlos de la Cruz Reyna y Osiel Cárdenas.

6. «¿Acaso él ha pagado las deudas de los ranchos, acaso él ha puesto algo o yo soy parte de él?»
El reclamo enfrenta la supuesta entrega con preguntas sobre las aportaciones de quien pretende recibir. Ella cuestiona qué habría pagado o puesto esa persona para justificar la operación. El cierre —«¿yo soy parte de él?»— añade una negativa a ser tratada como si alguien pudiera disponer de ella y de sus bienes en el mismo paquete. Es una impugnación, no un reconocimiento de deuda.
7. «Se corta la llamada. Sí, se corta»
Este tramo exige freno editorial. La transcripción no permite distinguir si se trata de palabras pronunciadas o de una observación sobre la interrupción de la conexión. Tampoco permite afirmar que alguien colgó para intimidar, evadir preguntas o recibir instrucciones. Hasta para contar una historia brutal hay que resistir la tentación de ponerle efectos especiales.
8. «Ya mataron a licenciados […] se cumplió lo que te dijeron»
La conversación pasa de las propiedades a la violencia. El fragmento alude a abogados asesinados y a algo anunciado que se habría cumplido.
En nuestro relato en Valor Tamaulipeco sitúamos el asesinato del abogado Covarrubias Treviño cinco días antes de la fecha que atribuye a la llamada e incluso presumimos al autor.
9. «Esa gente no está mintiendo»
La frase aparece junto a las referencias a asesinatos y advertencias cumplidas. Su peso está en que presenta a «esa gente» como creíble dentro de una conversación atravesada por el miedo.
10. «Yo no tengo por qué vivir en estrés. Así te lo digo. Estoy harta de vivir en estrés»
Aquí la discusión deja ver su costo personal. La mujer no habla únicamente de ranchos: protesta por la forma en que está viviendo. Repite que está harta. No corresponde convertirlo en un diagnóstico clínico, pero tampoco rebajarlo a una rabieta. Es una expresión explícita de agotamiento dentro del mismo relato sobre propiedades que no quiere entregar.
11. «Lo único que presiento es que al señor Osiel Cárdenas Guillén, alguien le ha hecho creer que esas tierras son de él»
Este es el nombre de mayor peso en el testimonio y también el punto donde más cuidado exige la redacción. La mujer dice «presiento»: formula una sospecha que causalmente estaría ligada con todos los sucesos.
12. «O que las compró o lo engañaron, que se las compraron a alguien para él»
La ahora victima plantea posibilidades, no una compraventa acreditada. Puede haber una supuesta adquisición, un engaño o terceros que dijeron comprar para otra persona.
13. «Pero todo se va a aclarar […] a mí ya me llevaron hasta el límite»
La expectativa de aclaración convive con una declaración de hartazgo extremo. Primero sostiene que habrá explicación; enseguida insiste en que la han llevado al límite. Leído junto con sus objeciones a la entrega de los ranchos, el pasaje expresa resistencia, no conformidad. De voluntad tranquila para desprenderse de sus bienes, estas palabras tienen poco.
14. «Cuando yo tuve dinero, cuanto dinero ganaba, repartía y te repartía»
Este es el golpe directo al interlocutor. Según su propio testimonio, ella compartió con él lo que ganaba. La frase permite escribir que Virginia afirmaba haberle dado dinero o compartido recursos; no permite fijar cuánto, cuándo, por qué ni bajo qué acuerdo.
Pero el reproche sí es nítido: antes recibías de mí. En medio de la controversia sobre propiedades que supuestamente debía entregar, la mujer recuerda una relación previa en la que ella se presenta como quien daba. No aporta un recibo bancario; deja un señalamiento que merece investigarse, no adornarse.
15. «A ti yo no te he pedido dinero ni te he mortificado de nada»
La frase completa el contraste: ella dice haber compartido recursos con él y niega haberle pedido dinero o causado molestias. No liquida jurídicamente ninguna cuenta, pero explica el sentido del reproche: ¿por qué aparece ahora una supuesta obligación de entregarte propiedades si yo no te he pedido dinero? Esa es la contradicción que su testimonio pone sobre la mesa.
El reclamo que no cabe debajo de un sello
La conversación atribuida a Virginia presume quién falsificó documentos, quién ordenó amenazas y quién estuvo detrás de los homicidios denunciados.
Contiene un reclamo concreto contra una supuesta entrega de ranchos que ella no reconoce, una sospecha expresamente formulada sobre Osiel Cárdenas y una afirmación directa de que había compartido dinero con su interlocutor Julio de la Cruz Reyna hermano del «JC».
Ahí está la exigencia periodística: contrastar el instrumento notarial, las comparecencias, las firmas, el presunto adeudo y los movimientos registrales descritos en la denuncia publicada.
Porque si una mujer protesta que nunca aceptó entregar sus tierras en una entidad donde cambian de dueño con facilidad asombrosa, el sello no puede servir de escondite: tiene que servir para encontrar quién puso qué, cuándo y con autorización de quién buscaban despojarla. Y enseguida la mataron, en medio de dos asesinatos más que detonan una pregunta valida, cuantos mas faltan para que el gobierno complice de Morena y Americo Villarreal se despoje de sus miedos y detenga a los ejecutores asi como los autores intelectuales en el Altiplano.
Con información: REDES/MEDIOS




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