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miércoles, 22 de abril de 2026

LOS «MASS SHOOTING y EFECTO CONTAGIO»: «CASO MICHOACAN de MAESTRAS SACRIFICADAS FUE el AVISO que PRELUDIABA TEOTIHUACAN y la AMENAZA de VOLVERSE parte del PAISAJE»..violencia sin destinatario claro,disparos al azar.


Teotihuacán ,que fue cuna de civilizaciones, ahora es postal turística: aparentemente, laboratorio de importación de violencias ajenas. Porque lo ocurrido —un tiroteo que dejó muertos, heridos y turistas en modo “esto no venía en el paquete”— no encaja del todo en el catálogo tradicional del horror mexicano. Aquí no hubo ajuste de cuentas con recibo fiscal del narco, ni disputa territorial con marca criminal. Aquí hubo algo más inquietante: violencia sin destinatario claro. Disparos al azar. 

Y eso, aunque suene incómodo, se parece demasiado a otra cosa: al modelo gringo del mass shooting, ese fenómeno que en Estados Unidos dejó de ser anomalía para convertirse en rutina estadística… y contenido viral.

Hace semanas, el aviso ya estaba sobre la mesa con el caso de Michoacán: un adolescente, un rifle de asalto y un video como trofeo. Ahora, menos de un mes después, Teotihuacán confirma que no era un episodio aislado, sino un síntoma. 

Porque cuando la violencia deja de responder a lógicas “productivas” —dinero, territorio, poder— y empieza a operar bajo incentivos simbólicos —notoriedad, imitación, narrativa— estamos en otro terreno. Uno mucho más difícil de contener.

La literatura académica lleva años advirtiéndolo: los tiroteos se contagian. No como virus biológico, sino como fenómeno social amplificado por la exposición mediática. Cada evento aumenta la probabilidad del siguiente. Sherry Towers ,quien estudia las estadísticas de «tiroteos masivos», lo ha documentado en EE.UU.

Entonces, ¿es correcta la sabiduría convencional de que algunos tiroteos masivos son imitadores?,le preguntaron.

A: Sí, creemos que sí. De hecho, durante el juicio del tirador del cine Aurora, el padre de una de las víctimas pidió a los medios de comunicación que no cubrieran el juicio, porque temía que la cobertura inspirara asesinatos imitadores. Desafortunadamente, su predicción se hizo realidad. Un pistolero abrió fuego en un cine de Luisiana, y en un cine de Tennessee un hombre atacó a la gente con un hacha. Todo dentro de dos semanas.

Adam Lankford lo explicó con algo más incómodo: muchos perpetradores no solo quieren matar, quieren ser vistos. Quieren existir en la vitrina.

Y aquí entra el elefante en la sala: el ecosistema informativo. No, no se trata de culpar a los medios como si fueran gatillos automáticos, pero tampoco de fingir que la cobertura es inocua. Nombrar al tirador, mostrar su cara, diseccionar su manifiesto… todo eso puede terminar funcionando como campaña de marketing póstumo. Gratis. Viral. Replicable.

México, hasta ahora, había tenido una “ventaja”: su violencia, brutal como es, seguía una lógica funcional. El crimen organizado mata por algo. Pero los tiroteos indiscriminados no necesitan razón, solo contexto. Y ese contexto —hiperconectado, saturado de estímulos, con acceso real a armas— ya está aquí.

Porque sí, aunque nos guste repetir que “aquí no es como allá”, las armas siguen fluyendo. Más de la mitad vienen de Estados Unidos, legal o ilegalmente, como si la frontera fuera un filtro decorativo. Y sin armas, no hay espectáculo. Sin disponibilidad, no hay masacre.

El problema es que México aún está en esa fase peligrosa donde todo esto parece excepción. Donde todavía se puede decir “fue un caso aislado” sin que suene ridículo. Pero esa ventana se está cerrando rápido.

Si el Estado mexicano decide seguir leyendo estos eventos como simples homicidios más en la estadística —mezclándolos en la licuadora de siempre—, va a perder lo esencial: que esto es otro fenómeno, con otra lógica y, por tanto, con otras reglas.

Aquí no basta con más patrullas ni con discursos de ocasión. Se necesita algo más incómodo: entender, medir, anticipar. Crear inteligencia específica sobre este tipo de violencia, ajustar la cobertura mediática sin caer en censura, y —herejía política— tomarse en serio el tema de las armas más allá del discurso soberanista de siempre.

Porque si algo enseña Estados Unidos no es solo cómo empieza este fenómeno… sino lo rápido que se normaliza.

Y una vez que se vuelve paisaje, ya no hay política pública que alcance.

La pregunta, entonces, no es si México puede evitar convertirse en versión tropicalizada del problema.

La pregunta es si alguien en el poder ya entendió que esto no es el mismo incendio de siempre… sino uno nuevo, que apenas está agarrando oxígeno.

Con informacion: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/EUGENIO WEIGEND VARGAS/ CARLOS PÉREZ RICART

"SI OS MOVEIS,OS SACRIFICO ?": "FUE un TIRADOR FANTASIOSO en un ESCENARIO de INSEGURIDAD PERFECTO para PERPETRAR ATAQUE"...portador de una playera alusiva a Columbine,otra masacre de otro 20 de abril, pero de 1999 en EE.UU


La escena parece escrita por un guionista enfermo de simbolismos baratos: Teotihuacán, lunes 20 de abril, y un sujeto que decide convertir la Pirámide de la Luna en altar de sacrificios… pero no de dioses prehispánicos, sino de su propio delirio.

“Si os movéis, os sacrifico. Esto se construyó para sacrificar, cabrones”, gritaba Julio César Jasso Ramírez mientras encañonaba a una treintena de turistas tirados como ganado en el primer basamento. Mexicano, sí, pero adoptando un castellano impostado para burlarse de europeos, como si el acento le diera estatura a su violencia.

“Y vosotros de mierda que habéis venido desde la puta Europa, no vais a regresar”, remataba. Todo esto con revólver en mano y con una mujer grabando el infierno desde el suelo, abrazada a su hijo menor. El registro no es solo evidencia: es la radiografía de un Estado que llegó tarde.

El atacante ya había disparado antes. “Han muerto dos putos coreanos allá, los he sacrificado como a perros”, dijo. En realidad, las víctimas eran dos canadienses de apellido Li: una mujer muerta, un hombre herido. Seis extranjeros más también fueron baleados. El saldo: sangre internacional sobre piedra milenaria.

“A la muerte no se le mira directamente”, le gritó a otro rehén que lo observaba demasiado. Frase de asesino con aspiraciones teatrales.

El guion se rompe cuando entra la realidad: “¡Guardia Nacional! ¡Tire su arma y descienda!”. Jasso sube al segundo nivel y los rehenes, en modo supervivencia pura, bajan como pueden la pirámide. Treinta minutos de terror en uno de los sitios más visitados del país.

Pero esto no fue un arranque. Fue una puesta en escena cuidadosamente ensayada.

El fanático con calendario propio

La Fiscalía del Estado de México no lo maquilló: perfil “copycat”. Jasso no improvisaba, imitaba. Admirador de Hitler —nacido un 20 de abril— y portador de una playera alusiva a Columbine —masacre ocurrida también un 20 de abril de 1999—, el tipo decidió que la coincidencia de fechas era suficiente para montar su propia versión.

No llegó por casualidad: hizo visitas previas, se hospedó cerca, estudió el terreno, trazó rutas. Planeación, reconocimiento, ejecución. Esto no es locura espontánea; es violencia organizada en pequeño formato.

Teotihuacán: tierra de nadie con pirámides

Mientras el país intenta procesar el ataque, los especialistas dicen lo que las autoridades evitan: Teotihuacán es un desmadre institucional.

“Es un desorden, cada quien hace lo que quiere”, resume Luis Cacho, especialista en derecho cultural. Custodios relajados, ambulantes invadiendo espacios, reglas que existen solo en el papel.

La arqueóloga Linda Rosa Manzanilla, con medio siglo excavando la zona, no pide milagros: pide orden. Literalmente.

“Esto no puede pasar”, dice. Pero pasa. Y no es nuevo.

Hace dos años se topó con un cadáver abandonado en la zona arqueológica. Sí, un cadáver en uno de los sitios turísticos más importantes del país. A eso súmele robos de cableado, saqueo de equipo y una sensación general de abandono.

Con 1.6 millones de visitantes al año —y picos de hasta 38 mil en un solo fin de semana—, el sitio opera más por inercia que por control. Y ahora, con el Mundial a 52 días, la pregunta no es si el mundo vendrá… sino qué se va a encontrar.

Manzanilla lo dice sin rodeos: detectores de metal, videovigilancia, control real. Lo básico. Lo mínimo. Lo urgente.

Porque si algo dejó claro el episodio de la Pirámide de la Luna es esto: el problema no fue solo un tirador con fantasías históricas. Fue el escenario perfecto para que lo hiciera.

Con informacion: ELNORTE/

«ESPOSA de EX-GOBERNADOR un ANIMAL POLITICO de COLMILLO PRIISTA RECICLADO en VERDE se DUELE de sus INSTINTOS PRIMARIOS»…expediente como arma, el litigio como castigo y la ley como extensión de su dominio.


En el zoológico político mexicano, donde abundan las especies adaptadas al poder y a la impunidad, emerge una figura bien conocida en el Estado de México: Eruviel Ávila, ese ejemplar de viejo colmillo priista reciclado en verde, que hoy vuelve a exhibir —según denuncia pública— no sólo su vocación de poder, sino sus instintos más primarios.

María Irene Dipp Walter lo dijo sin rodeos: amenazas, presión psicológica y el uso del aparato legal como garrote doméstico. No es menor el señalamiento. La ecuación es conocida: poder político + conflicto familiar = terreno fértil para el abuso asimétrico. Y cuando quien detenta ese poder ha gobernado uno de los estados más opacos y violentos del país, la sospecha adquiere densidad específica.

“Vivo con el temor constante de perder a mis hijos”, afirma Dipp. Una frase que, más que personal, resuena estructural: el miedo como herramienta, la intimidación como lenguaje. Según su testimonio, el diputado del PVEM habría recurrido a amenazas civiles y penales tras su intento de separación. Traducido al castellano político: el expediente como arma, el litigio como castigo, la ley como extensión del dominio.

Dipp asegura que su única intención fue sacar a sus hijos de un entorno tóxico. Pero en el ecosistema del poder, la toxicidad suele normalizarse, y quien intenta romperla paga el costo. “Hoy lo hago responsable de cualquier situación que afecte nuestra integridad”, advierte, dejando constancia pública, como quien sabe que en México la prevención también se escribe en video.

Horas después, el tono muta. Aparece un segundo mensaje: diálogo, cordialidad, comunicación “sin riesgos”. El libreto clásico de contención de crisis. La narrativa se recompone, la tensión se matiza, el conflicto se encapsula. Del señalamiento frontal al lenguaje diplomático en cuestión de horas. ¿Conciliación genuina o control de daños? Pregunta obligada cuando hay capital político en juego.

Por su parte, Eruviel Ávila responde con la fórmula institucional: conversaciones privadas, bienestar de los hijos, disposición al diálogo. El manual del político experimentado que sabe que en estos casos lo que no se dice pesa más que lo que se declara.

Así, el retrato queda delineado: un actor político curtido, formado en las entrañas del sistema mexiquense, donde el poder no se explica sin control, ni el control sin presión. Un perfil que, en el mejor de los casos, refleja las inercias de una clase política que confunde autoridad con dominio; en el peor, exhibe la peligrosa normalización de la intimidación como extensión de la vida pública hacia la privada.

Porque cuando el poder se ejerce sin contrapesos, ni siquiera las paredes del hogar quedan fuera de su alcance.

Con informacion: ELNORTE/

EL «INSTINTO ASESINO del GATILLO FACIL»: «POLICIA VERACRUZADA MATA por HORROR,VULGO a lo PENDEJO a MEDICA que JAMAS les DISPARÓ»…si no te asesina el narco,lo hace la policia,el ejercito o un zafarinfas en una pirámide.


En Veracruz, gobernada por Morena y Rocio Nahle, donde la realidad suele superar cualquier manual de incompetencia institucional, la Secretaría de Seguridad Pública volvió a intentar lo imposible: vender como “confusión” lo que en realidad huele a gatillo fácil, instinto asesino negligencia criminal y una alarmante ausencia de protocolos básicos.

La versión oficial es casi insultante en su simpleza: policías estatales “repelieron una agresión” durante la persecución de un vehículo sospechoso… y en ese noble acto terminaron baleando a dos mujeres en un coche particular. Una de ellas, la anestesióloga Bertha Burciaga Mora, murió. La otra sobrevivió. El problema es que, conforme avanzan los datos, la narrativa se desmorona: no hay evidencia clara de que alguien les disparara primero. Es decir, no repelieron nada. Dispararon. Punto.

Traducido del burocratés al español real: confundieron un vehículo, abrieron fuego sin verificar, y después intentaron acomodar los hechos a una historia de “agresión” que, convenientemente, nadie puede sostener.

Porque aquí la pregunta incómoda es inevitable: ¿qué tipo de protocolo permite a policías disparar múltiples veces contra un vehículo civil sin haber confirmado una amenaza real? La respuesta corta: ninguno serio. La respuesta larga: el que se aplica cuando el entrenamiento falla, el mando se diluye y el criterio se sustituye por pánico… o por pura irresponsabilidad.

La SSP habla de “priorizar la seguridad” y “canalizar a las víctimas a servicios médicos”, como si eso borrara el detalle central: ellos mismos generaron la emergencia. No es auxilio, es control de daños. No es accidente, es consecuencia.

Y luego viene el clásico cierre institucional: condolencias, investigaciones en curso, armas aseguradas, elementos puestos a disposición. El guion de siempre. El problema es que ya no alcanza. Porque no se trata de un error administrativo ni de una falla menor en la cadena de mando. Se trata de una vida perdida por una decisión precipitada, sin verificación, sin control y sin justificación real.

A Bertha Burciaga no la mató un enfrentamiento. No cayó en fuego cruzado. La mató una estructura de seguridad que dispara primero y explica después, un fenómeno que también replica el ejercito y no una, muchas veces y no a veces, siempre.

Y eso, por más que lo maquillen, no es un “error”. Es horror. Vulgo: a lo pendejo. Acciones que ofenden mas que las palabras.

Con informacion: ELNORTE/

«NO se FUGÓ…se FUE con PRIMITO de TIEMPO COMPLETO ?»: «NO HALLAN al GOPES MULTIASESINO del CDV que AMERICO dejó ESCAPAR de la CARCEL»…y ahora podria ser parte del sicariato del CDG como el «Marino loko».

En Tamaulipas hay dos cosas que nunca fallan garrafalmente igual que su gobernador: los comunicados oficiales llenos de “cero impunidad”… y las fugas que parecen coreografiadas con precisión quirúrgica. La más reciente joya del repertorio: la evasión de un multiasesino, exintegrante del Grupo de Operaciones Especiales (GOPES) —ese grupo de élite que actuaba como «brazo armado» en los tiempos del exgobernador panista Francisco García Cabeza de Vaca,quienes combatian al crimen cometiendo mas crimenes y que ahora Americo Villarreal Anaya,dejó escapar, aunque antes lo quiso hacer el propio CDV al pretender inculpar al crimen, del crimen.

No es cualquier nombre en la lista. De acuerdo con la información y la evidencia tangible, «JOSE ARTURO», identificado como otro destacado miembro de la «FAMILIA N» y que se fugó del Centro de Justicia Penal en Ciudad Victoria el pasado 3 de abril,estaría vinculado no solo al Cartel de la Barredora» del CDV, tanto o cuanto mas peligrosos que CDG y/o CDN que comandaba FELIX ARTURO RODRIGUEZ, un ex-ficha roja de la INTERPOL ligados a la masacre de Camargo de 2021, donde 19 personas fueron calcinadas,17 de ellas migrantes,asi como otra terrible asesinato en contra de un indefenso ingeniero,con mas de 300 disparos en Rio Bravo.

Pero hoy,un caso que en teoría debía ser ejemplo de justicia…vuelve a exhibir la fragilidad del desgobierno de Villarreal Anaya y su manifiesta complicidad,el alma de su sistema operativo.

Porque aquí no estamos hablando de un reo improvisado que brincó una barda con una cuerda hecha de sábanas. Estamos hablando de un operador entrenado, con formación táctica financiada con dinero público incluso de EE.UU,como cita Milenio y que simplemente “se fue,se escapó,se escabulló,se juyó”. Y el gobierno “humanista” de Américo Villarreal, tan dado a los discursos de transformación, terminó administrando otra fuga de alto calibre y que nos remite al Fiscal de las fugas.

GOPES: del uniforme al submundo criminal

Los GOPES nacieron como grupo de operaciones especiales para darle nombre legal a otra turba de criminales apoyados entonces en el llamado CAIET,por cierto RECIEN desaparecido por Americo Villarreal a casi 4 años de gobernanza criminal.

En papel: élite policial. En la práctica —según múltiples señalamientos y expedientes—: una estructura que operaba en zonas mas negras y rojas que grises , donde la línea entre autoridad y crimen organizado se volvía peligrosamente difusa,borro$a.

El problema no es solo lo que hicieron en activo. Es lo que pasa después.

Cuando un elemento con entrenamiento táctico, conocimiento de inteligencia operativa y redes internas se fuga, no desaparece: se recicla.

La hipótesis incómoda: ¿reclutamiento natural?

En Tamaulipas ya vimos el caso de Erick Guevara, alias “El Marino Loko”, exelemento de la Marina que terminó operando como ejecutor para la estructura criminal de César Morfín Morfín, “El Primito”. Es decir: del Estado al narco, sin escalas.

Bajo ese antecedente, la pregunta no es descabellada:

¿Un ex-GOPES fugado, con historial violento y entrenamiento especializado, realmente está “prófugo”… o simplemente cambió de nómina?

Si, como apunta la evidencia mas que las versiones periodísticas que estos perfiles ya mantenían vínculos operativos con el crimen desde su etapa en activo, la fuga no sería una anomalía, sino una transición. Un movimiento administrativo no oficial: del uniforme al sicariato formal.

El patrón que nadie quiere nombrar

El verdadero escándalo no es una fuga. Es el patrón:

  • Elementos de élite acusados de abusos graves.
  • Procesos judiciales débiles o contaminados.
  • Fugas “oportunas”.
  • Reaparición —directa o indirecta— en estructuras criminales.

Y mientras tanto, los gobiernos cambian de color, pero no de resultados.

Epílogo: la seguridad como simulación

El caso expone algo más profundo: el Estado no solo pierde a estos elementos… los forma.

Cada operador que termina del lado criminal no es una falla individual, es un síntoma institucional. Es la evidencia de que las estructuras de seguridad no están conteniendo al crimen, sino alimentándolo.

Porque en Tamaulipas, al parecer, la especialización sí funciona… solo que no necesariamente para el lado que dicen los discursos.

Y mientras las autoridades siguen “investigando” cómo se escapó, la pregunta real ya es otra:

¿A quién está sirviendo ahora?

Y esto es verderamente peligroso,tanto como su gobernador y estructuras al servicio del crimen.

Con informacion:REDES/MEDIOS/

«NARCOS GANONES»: «MORENA VA contra GOBERNADORA PANISTA,AGENTES LOCALES y ENTES de EMBAJADA de EE.UU que MURIERON UNIENDO ESFUERZOS para COMBATIR NARCOS»…también participó el ejercito, pero con ellos no se mete el gobierno hipocrita.


En el teatro de la soberanía selectiva —esa que se invoca con solemnidad cuando conviene y se archiva en la gaveta cuando estorba— el oficialismo Moreno y el aparato legislativo a su servicio, ha decidido montar una función donde la muerte es apenas un daño colateral narrativo, un detalle incómodo que se barre bajo la alfombra para no interrumpir el discurso central: la supuesta afrenta a la patria por la presencia de agentes extranjeros que ya quedo claro estaban en las inmediaciones de la escena que combate al narco desmantelando narcolaboratorios que «desmantelan miles de vidas de este y el otro lado de la frontera».

Porque aquí no se discute, en el fondo, la infausta muerte —de miembros de una embajada, un jefe policiaco, un subordinado— sino el atrevimiento de haber cooperado sin pedir permiso al catecismo político de la 4T que se trasformo en adiciónes a la retrograda Ley de Seguridad Nacional que si la atendemos y entendemos a rajatabla, el gobierno en turno y su estratega han violado sistemáticamente al incumplir con lo dispuesto en su artículado y que en todo caso,tambien habrían violado la ley.

La indignación no brota por la violencia, sino por la intromisión. La sangre pasa a segundo término; la soberanía, en cambio, se convierte en bandera, aunque esté cuidadosamente maquillada para proteger intereses que rara vez coinciden con los de la seguridad pública y con demasiada frecuencia rozan la conveniencia del ecosistema criminal.

Conviene recordar —y aquí el alegato exige precisión quirúrgica— que estamos frente a materia regulada por la Ley de Seguridad Nacional, un ordenamiento que no admite interpretaciones caprichosas ni usos facciosos. 

Dicha ley establece con claridad los supuestos de cooperación internacional en materia de seguridad, así como los mecanismos de coordinación con agencias extranjeras. No es un terreno de improvisación política, sino de legalidad estricta. Y, sin embargo, es precisamente ese marco el que el propio oficialismo ha tensado, reinterpretado y, en ocasiones, abiertamente vulnerado cuando la narrativa así lo ha requerido.

Resulta entonces jurídicamente insostenible —por no decir abiertamente hipócrita— que hoy se pretenda erigir un escándalo institucional por hechos que, en otros contextos, han sido tolerados, promovidos o discretamente encubiertos por las mismas fuerzas políticas que ahora rasgan vestiduras. La ley no puede ser invocada como arma arrojadiza ni como escudo selectivo; su aplicación debe ser general, coherente y, sobre todo, consistente en el tiempo.

En este contexto emerge el punto de acuerdo promovido por la bancada de Morena en el Senado, que busca llamar a comparecer a la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, y al fiscal César Jáuregui. La acusación: haber permitido la participación de agentes estadounidenses en un operativo antinarco. La premisa: una supuesta violación a la legalidad. El trasfondo: una disputa política revestida de formalidad jurídica.

El procedimiento, por supuesto, avanza con la previsibilidad de una mayoría disciplinada: turno a comisiones, dictamen expedito, aprobación en el pleno antes del cierre del periodo. Una coreografía parlamentaria que apunta más a la escenificación que al esclarecimiento. Porque si de verdad se tratara de un examen serio de constitucionalidad, la lupa tendría que ampliarse mucho más allá de Chihuahua.

Y ahí es donde el argumento opositor —convenientemente incendiario, pero no por ello carente de sustancia— introduce una variable incómoda: la selectividad. Si la vara es la legalidad en materia de seguridad nacional, entonces la lista de comparecencias no puede limitarse a una gobernadora panista. La consistencia exigiría revisar actuaciones de múltiples entidades, incluidas aquellas gobernadas por Morena, donde la línea entre cooperación, omisión y tolerancia ha sido, en el mejor de los casos, difusa.

La analogía de Poncio Pilatos, traída al debate por Ricardo Anaya, no es jurídicamente elegante, pero sí políticamente eficaz: lavarse las manos transfiriendo responsabilidad a un actor opositor mientras se evita una revisión integral del fenómeno. Y ese, precisamente, es el núcleo del problema.

Porque al final, lo que se está litigando en la arena pública no es solo la presencia de agentes extranjeros, sino el control del relato: quién define qué es soberanía, cuándo se viola y, sobre todo, a quién se le exige rendir cuentas. Mientras tanto, la violencia real —la que produce cadáveres y descompone territorios— queda subordinada a una disputa de competencias que, paradójicamente, termina beneficiando a quienes operan mejor en la ambigüedad: las estructuras criminales.

Así, entre exhortos legislativos y comparecencias anunciadas, la soberanía se convierte en un concepto elástico, útil para el discurso pero incapaz de ofrecer respuestas efectivas. Y la ley, esa que debería ser el ancla del Estado, termina utilizada como instrumento retórico en una batalla donde la prioridad no es la justicia, sino la conveniencia política.

Con informacion: ELNORTE/