La biografía perfecta para demostrar que en la 4T el mérito no está en el cerebro, sino en el apellido.
En su currículum, Lenia aparece como la estudiante eterna: Humanitas, UACM, Tepantlato, maestrías y doctorados encimados como si fueran puntos Payback.
Pero cuando abre la boca en la Corte, no cita tratados, cita ocurrencias: quiere cobrar impuestos hasta a los muertos, confunde asuntos en sesión y necesita casi un centenar de asesores para que le expliquen en qué expediente está parada.
Su paso por la política es igual de fino: permisos masivos a ambulantes, tragedias como Lobombo, conflictos con Padierna, asesorías con López Obrador y Sheinbaum, todo un tour guiado por la escuela de las malas mañas. Y aun así, con ese historial, termina como ministra gracias a un presidente que convirtió a la Suprema Corte en agencia de colocación para la familia Batres.
Al final, su historia resume la época: universidades cuestionadas, diplomas colgados, doctorados en trámite, y una funcionaria que se hace viral no por su jurisprudencia, sino por sus pifias en video y sus chismes en pleno. Porque sí, Lenia estudió mucho… pero la Constitución nunca dijo que para ser ministra hubiera que entender lo que uno está votando.
Con información: Arturo Espinosa/YOUTUBE

No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Tu Comentario es VALIOSO: