La Fiscalía General de la República volvió a demostrar que cuando el objetivo no forma parte del ecosistema oficial, la maquinaria sí arranca, engrana y hasta presume eficiencia de primer mundo. Ahora resulta que sí hay “datos de prueba contundentes”, dictámenes, análisis científicos y toda una coreografía institucional para desmenuzar una red de huachicol fiscal que —oh sorpresa— operó durante meses moviendo miles de millones de pesos.
Según la FGR, el ex gobernador panista Ernesto Ruffo no solo estaba en el tablero, sino en el centro de una estructura que, con precisión casi quirúrgica, importaba combustible desde Texas, eclaraba una fracción ridícula ante el fisco y lo distribuía por medio país. Todo con una elegancia administrativa que haría sonrojar a cualquier manual de evasión: declarar el 10% de la carga real, triangular recursos en cuentas puente y mover más de tres mil millones de pesos como si fueran fichas de dominó.
Pero lo verdaderamente admirable no es la sofisticación del esquema, sino el súbito despliegue de capacidades del Estado. Porque cuando se trata de ajenos al régimen, la FGR no titubea: reconstruye rutas, identifica 80 cuentas bancarias, rastrea operaciones en dólares, coordina detenciones en múltiples estados y hasta produce videos explicativos con narrativa épica incluida.
Un prodigio de coordinación institucional que, curiosamente, no siempre aparece en otros expedientes igual de voluminosos, pero menos convenientes.
La Fiscalía habla de 4 mil 238 operaciones, millones de litros no declarados y evasión fiscal por más de 106 millones de pesos. Cifras escandalosas, sin duda. Aunque uno no puede evitar preguntarse si el verdadero escándalo es el tamaño del fraude… o la selectividad con la que se enciende el reflector.
Porque cuando el implicado es “el otro”, el mensaje es claro: la ley existe, funciona y se aplica con rigor. Cuando no, la misma ley suele entrar en modo ahorro de energía.
Así, entre conferencias, videos y detenciones oportunas, la FGR nos recuerda que la justicia en México no es ciega… pero sí bastante selectiva con a quién mira fijamente.
Con información: ELNORTE/

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