“Nosotros no matamos a inocentes”, dice una voz mientras un grupo de unos 20 hombres armados y con el rostro cubierto sostienen armas largas. Varios de ellos sujetan una manta con las iniciales C.D.S. M-F, que aluden al Cartel de Sinaloa y a la fracción de uno de los hijos de Ismael El Mayo Zambada, Ismael Zambada Sicarios, Mayito Flaco.
En un video difundido ayer lunes, que dura unos dos minutos, los presuntos delincuentes se adjudican el asesinato de 10 personas en Zacatecas, que ha conmocionado al Estado después de que cinco de los cuerpos fueran hallados colgados en un puente el fin de semana.

En la grabación mencionan que ellos “matan y privan de la libertad” a quienes no respetan los acuerdos con ellos y con sus aliados. También mandan un mensaje al gobernador del Estado, el morenista David Monreal. “Le pedimos a usted, señor gobernador David Monreal, que cumpla y respete los acuerdos que tiene su gabinete con nuestra organización, ya que por nuestra parte estamos cumpliendo, y para muestra, ahí está lo que nos encargó“, dicen.
Otro de los nombres a los que hacen alusión los encapuchados es el del general Porfirio Fuentes Vélez, comandante interino de la V Región Militar, el responsable de las operaciones militares en los Estados de Colima, Jalisco, Nayarit, Aguascalientes y Zacatecas que fue profusamente acusado durante su estadía en Sinaloa.
“No piense que nos intimida con sus putas fuerzas especiales que acaban de arribar al Estado”, dicen. Fuentes Vélez, con más de 40 años de servicio, tomó protesta de su cargo apenas en agosto del año pasado en la sede de la región a su cargo, en Jalisco,tras ser removido de Sinaloa por las mismas acusaciones extensivas a otro mando militar en Zacatecas.
El “pacto” dicho en voz alta
Lo que muestra ese video no es un “desliz”, es la radiografía en vivo y a color de un régimen que se jacta de “no mentir, no robar, no traicionar”, mientras un comando del Cártel de Sinaloa le recuerda al gobernador de Morena qué fue exactamente lo que les encargó. En Zacatecas ya ni se molestan en esconder la relación: el narco graba el spot y el gobierno pone la escenografía institucional.
La grabación es un parteaguas porque, por primera vez, la narrativa del pacto no la cuentan “los adversarios”, sino los propios sicarios.
Un tipo encapuchado, rodeado de al menos una veintena de hombres armados, le habla al gobernador David Monreal como quien le recuerda a un empleado que ya hizo el depósito: “ahí está lo que nos encargó”.
El “pequeño golpe de autoridad”
El comando reconoce que el asesinato de 10 personas, cinco de ellas colgadas en un puente de Zacatecas, es apenas “un pequeño golpe de autoridad”.
Con esa frase dejan claro quién manda sobre quién: el Estado no impone el orden, lo subcontrata.
Las víctimas no son anónimos “daños colaterales”: ahí están el exalcalde panista de Sombrerete, Ignacio “Nacho” Castrejón; el abogado Andrés Vázquez Gurrola, exregidor panista; funcionarios de Fresnillo como Fidel Alvarado de la Torre y Jesús Gerardo “Chuy” Muñetón Hernández; y diversos empresarios y productores identificados por la prensa.
La selección de objetivos parece lista negra de alguien con acceso a información y estructuras de poder, no capricho de sicario aburrido.
“Si nos traiciona en los pactos…”
El encapuchado no se anda por las ramas: habla de “pactos que tenemos no solo con usted, también con sus corporaciones”.
No es sólo una amenaza al gobernador, es un dictamen: parte de las estructuras estatales y municipales están, como mínimo, bajo sospecha directa de colusión.
Cuando advierte que, si “traiciona los pactos”, el gobernador y su descendencia terminarán igual o peor que las víctimas, exhibe la degradación total del Estado: la autoridad electoralmente legítima se mueve bajo las mismas reglas que cualquier plaza controlada por un cártel.
Ahí está, desnudo, el modelo: gobiernos que presumen “no militarizar” mientras tercerizan la violencia a grupos criminales, hasta que el socio armado decide ajustarle cuentas al socio político.
El fiscal y la colusión que ya no se puede negar
El fiscal general de Zacatecas, Cristian Paul Camacho, intenta vestir de lenguaje técnico lo que el video grita sin pudor: una de las principales líneas de investigación son “posibles actos de extorsión y colusión de servidores públicos”.
Traducido: alguien desde adentro del aparato estatal estaba jugando a dos bandas con el crimen organizado y la cosa se les salió de control.
El propio fiscal habla de abrir investigaciones financieras y de una trama de extorsión que toca a funcionarios municipales, particularmente en Fresnillo.
En paralelo, la Fiscalía ha detenido previamente a policías estatales por extorsión y asociación delictuosa, lo que confirma que el problema no es “una manzana podrida”, sino un árbol entero abonado con impunidad.
Morena, Zacatecas y la vieja película del “nuevo” régimen
No es un episodio aislado en un estado cualquiera: es el laboratorio de la llamada Cuarta Transformación en manos de un clan, el de los Monreal, que lleva décadas tratando a Zacatecas como feudo familiar en medio de sospechas, pero mas entre evidencias que han sido soslayadas por calculo politico.
A las denuncias de nepotismo y redes de influencia en el Poder Judicial se suma ahora un comando del Cártel de Sinaloa reclamando el cumplimiento de acuerdos.
Mientras Morena, a nivel nacional, acusa a otros de “narco-partidos”, en Zacatecas se acumulan señalamientos de colusión, desde fotos de operadores morenistas con funcionarios judiciales federales hasta denuncias formales de vínculos irregulares.
La narrativa oficial de “gobernar con honestidad” se estrella contra la realidad de un estado donde los colgados en puentes son más elocuentes que cualquier mañanera.
El narco como poder constituyente de facto
Zacatecas es uno de los escenarios donde se cruzan las guerras entre el Cártel de Sinaloa y el CJNG, y donde el gobierno estatal presume despliegues de fuerzas federales que, según el propio comando, “no intimidan a nadie”.
Cuando los sicarios se burlan de las “putas fuerzas especiales que acaban de arribar al Estado”, no ridiculizan a un general, exhiben a un gobierno que perdió el monopolio de la violencia hace años.
El resultado es un país donde los cárteles hacen conferencias de prensa en video, explican su versión de los hechos y marcan públicamente las reglas de convivencia: quien se manifieste o se oponga, “va a acabar colgado o poquito peor”.
Y el gobierno, atrapado entre su propia narrativa de “abrazos” y la realidad de un narco empoderado, apenas alcanza a prometer investigaciones exhaustivas mientras cuenta cadáveres y redacta comunicados.
Con información: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/EROKA ROSETE/

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