Claudia Sheinbaum salió ayer a la mañanera con el cuchillo en la boca y la lista de pendientes diplomáticos bajo el brazo:quiere lo que casi todos desean, que el exgobernador panista de Tamaulipas (2016-2022), Francisco Javier García Cabeza de Vaca, sea traído de regreso a México, esposado y sin fuero mediático, y ya le está tocando la puerta a Washington como si fuera cobradora de Coppel en colonia popular en quincena atrasada.
En plena conferencia y luego de una pregunta en la mañanera, la presidenta se plantó frente a las cámaras para recordar que el exgobernador de Tamaulipas no es un influencer de la diáspora azul, sino un sujeto con orden de aprehensión vigente por delincuencia organizada, lavado de dinero y demás lujos que da el poder mal ejercido, que ella misma no reconoce en el caso de Rubén Rocha Moya, porque ese es de su partido,es de su narcocamada.
“No me ayudes, compadre” :
«El periodista pregunton le advierte que el exgobernador reaparecio en programa de radio de Querétaro y se ofreció casi como padrino político mientras en los expedientes aparece como hombre “querido por la ley” y en Palacio Nacional lo bautizan, sin anestesia, como prófugo de la justicia.
Y ahí es donde la escena alcanza nivel de comedia involuntaria: un presunto fugitivo dando cátedra de legalidad en la radio, un gobierno federal pidiéndole a Washington que deje de hacerse el sordo, y la figura del “no me ayudes, compadre” flotando sobre la entrevista, porque cada vez que Cabeza de Vaca abre el micrófono en Estados Unidos, le regala otro argumento a México para recordarle al vecino que lo tiene guardado, cómodo y bien protegido.
Porque para el gobierno federal, Cabeza de Vaca no es “exiliado”, ni “perseguido político”: es, simple y llano, prófugo de la justicia, firmado y sellado por los expedientes y por la Suprema Corte que ya le tiró un amparo que intentaba blindarlo.
Sheinbaum recordó que desde abril de 2024 la Cancillería metió formalmente la solicitud de detención provisional con fines de extradición, pero en los pasillos gringos el expediente sigue en la bandeja de “pendiente de leer”, sin siquiera llegar a una corte federal.
En otras palabras: México manda papeles, Estados Unidos manda silencio, y el exgobernador sigue viviendo cómodamente al norte del Río Bravo con doble nacionalidad y transitando por aeropuertos.
Lo mismo, asistiendo a partidos del Mundial y viviendo en McAllen, Texas, con cero preocupaciones de que le llegue una patrulla de Harfuch a capturarlo y sacarse la foto, aunque dure pocos días en prisión como «Titan» o menos de siete meses que fue lo que permaneció recluido en el penal del Altiplano,Jesus Eduardo Govea, actual fiscal de justicia del gobierno de Morena y Américo Villarreal en Tamaulipas.
Con información: DEBATE/



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