Norberto Barrón Barragán, ex-secretario particular del aun Gobernador de Morena,Americo Villarreal, pasó de ser el “cable rojo” del poder a bulto incómodo dejado en la banqueta de Palacio, y lo tiraron a la calle justo cuando más miedo da lo que sabe y a quién se lo puede contar.
El guarda‑secretos desechable
Durante años lo vendieron como simple secretario particular, pero en realidad era el cajero, mensajero y enlace con el narco de altos vuelos: el hombre que recogía maletas de dinero del Chapo Isidro mientras el extinto «Rey del Huachicol», Sergio Carmona, ponía avión, aduanas y campañas.
Desde CDMX hasta la sierra de Sinaloa, su nombre aparece en relatos de huachicol fiscal, campañas aceitadas con gasolina robada y acuerdos con la columna armada Pedro J. Méndez que convertían la democracia en negocio de balas al servicio de MORENA y el gobernador multiacusado por EE.UU.
Cuando hay poder: fuero, aviones y matriarca
Tan indispensable era el personaje que no le dieron escolta, le quisieron dar fuero: un diputado morenista empujó blindarlo justo cuando Washington ya hablaba de “alianza intolerable” entre gobierno y crimen organizado y sobrevolaban Tamaulipas aviones espía estadounidenses.

En paralelo, el gobernador se inventó,creó la Subsecretaría de Enfermería y colocó ahí a Irma Barragán Alvarado,su madre una enfermera sin mayor formación, salvo ser la progenitora del ex-poderoso secretario ligado estrechamente a la matriarca de Tamaulipas,la gobernadora de facto, Ma de la Luz Villarreal Santiago,esposa del gobernador blandengue ,huidizo y timorato.
Todo mientras su círculo es descrito por la prensa crítica e independiente como un gobierno de facto presidido por una matriarca y su “club de metiches” que reparten cargos como favores familiares.
Cuando se pierde: se rompe el juguete
En cuanto el ruido en Estados Unidos se volvió ensordecedor, el «muy bueno para ser malo» dejó de ser sombra indispensable y pasó a ser chivo expiatorio de emergencia: lo corren sin castigarlo, huye junto con todos los que incrustó en el gabinete y el boletín oficial vende la fuga como limpia moral.
Es la versión política del “no lo conocemos”, sólo que hay vuelos, fotos, columnas y expedientes que lo colocan en cada enroque clave del gobernador, desde Tamaulipas hasta las campañas en Sinaloa.
La madre, el puesto y la resaca
La pregunta que queda flotando es si, después de tirar a Norberto, también barrerán a sus incondicionales o si sólo reciclarán placas: qué va a pasar con la madre a la que le inventaron una subsecretaría cuando el hijo era intocable y la matriarca de Palacio repartía cariño y nóminas.
Porque si el guarda‑secretos ya no tiene silla, ni sus incondicionales tampoco, la subsecretaría hecha a la medida queda exhibida como lo que siempre fue: monumento burocrático al amiguismo familiar, hecho a mano y a destiempo.
Narcoestado de plastilina
Entre Norberto huyendo, sus cómplices sin castigo de lo que se presumen ya quebrantos multimillonarios y una «gobernadora de facto» mandando desde la sala de su casa, el gobierno de Américo Villarreal parece menos gabinete y más comité de riesgo: uno negocia con cárteles y otra manda sin haber ganado una elección.
Washington no necesita discursos ni “reestructuraciones”; necesita testigos, vuelos y estados de cuenta, y ahí Norberto, corrido y todo, sigue siendo la pieza que puede hundir a todos si decide dejar de ser guarda‑secretos para convertirse en confesionario federal.
Con información: TAMAULIPAS.GOB.MX/

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