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jueves, 23 de julio de 2026

LOS «TERRITORIOS de ZACATECAS y DURANGO FACTURADOS al MAYITO FLACO del CÁRTEL de SINALOA»… son franquicias que han sido combatidas, pero también apoyadas por militares.


El War Room de Código Magenta es, básicamente, la radiografía de un narco–Estado que ya ni se molesta en disimular: Zacatecas y Durango como franquicia del Mayo Flaco, con los gobiernos locales reducidos a comparsa inepta o cómplice y la economía ganadera funcionando como lavadora industrial al servicio del crimen organizado. 

1. El mensaje de los Mayos: gobierno, quítate de aquí

El arranque es brutal: cinco cuerpos mutilados en Pozo de Gamboa y una narcomanta que no sólo reclama territorio, sino que le dicta línea al gobierno federal: “no se metan en Zacatecas y Durango”. El destinatario no es cualquier burócrata: va directo a Omar García Harfuch, Luis Cresencio Sandoval, David Monreal y a la propia presidenta Claudia Sheinbaum, como si fuera un memorándum de control de riesgos, sólo que redactado con descuartizados. 

La investigación subraya algo incómodo para el discurso oficial: la “pacificación” vía dejar de confrontar a los grupos dominantes equivale, en la práctica, a otorgarles el monopolio de la violencia y de la economía criminal en esos estados. En otras palabras, el Estado presume reducción de homicidios mientras cede territorio, mercados y ciudadanos a una estructura paramilitar financiada por extorsión ganadera. 

2. La ganadería como lavadora: de la cuota al feedlot

El corazón del War Room está en el testimonio de Manuel Núñez, operador de Palante, que describe con precisión cómo se captura una cadena productiva completa a punta de cuotas, miedo y facturas. En Zacatecas, la historia va de cobrar 400 pesos por becerro a imponer 1,600 por cabeza, más el derecho exclusivo de quién compra y quién vende; quien se niega, como su empresa, es expulsado del mercado mediante burocracia capturada: “no estás autorizado con el otro gobierno”, es decir, con el cartel. 

La mecánica en Durango tiene nombre y apellido: Jesús Félix Madureño va municipio por municipio imponiendo que se compre a 60 pesos el kilo y se venda a él en 65, para revender a 100 a grandes empresas, mientras envía fotos de fajos de billetes como propaganda de éxito criminal. La pieza clave del sistema son los “ganaderos respetables” como Pepe Fernández, presidente de una asociación, que acepta servir de bodega y plataforma de venta “porque debe al banco”, convirtiendo la deuda en coartada para colaborar con una estructura que lava dinero vía facturas exigidas por los grandes feedlots. 

La investigación desmonta la comodidad de las grandes compañías: cuando compran sin mirar de quién, son el último eslabón que blanquea efectivo criminal mediante depósitos bancarios disfrazados de operación ganadera normal. El resultado es una paradoja cruel: el crimen organizado exprime al pequeño productor, el Estado dice proteger a “los pobres”, y los que pierden son precisamente esos rancheros arrinconados entre el fusil y la factura.

3. Estados capturados: Monreal, Villegas y la policía como sucursal

Código Magenta no se queda en el nivel de “hay extorsión”; pone nombres sobre la mesa y señala directamente a los gobernadores como ineptos o coludidos. En Zacatecas, Manuel Núñez describe un dominio “100%” de los grupos criminales sobre los productores, y concluye que eso sólo es posible porque el gobierno lo permite, retratando a David Monreal como un personaje que debería estar más cerca de un manicomio que de un palacio de gobierno. 

En Durango, la narrativa se vuelve aún más obscena: policías municipales que detienen camiones, toman fotos de choferes y ganado, y comparten por WhatsApp la misma información que el empresario mandó a las autoridades, pero reenviada por los sicarios. La policía no es infiltrada: es, en los hechos, un departamento más de la organización, deteniendo camiones, avisando a los grupos y disciplinando a quien se sale del esquema de extorsión. 

El caso de “Claudisola” funciona como instantánea brutal del país: campesinos con diez hectáreas, veinte vacas y una troca vieja, que terminan con la hija encarcelada porque la autoridad necesita arrancarles el terreno, inventando armas y delitos para presionarlos. Ahí el War Room deja claro que la línea entre negocio ganadero y uso mafioso del sistema de justicia se borró: las cárceles y las carpetas de investigación son herramientas de despojo para el más pobre, mientras los verdaderos operadores criminales siguen facturando y grabando audios tranquilamente. 

4. De la pesadilla ganadera a la narrativa del “narco–Estado”

El reporte conecta la crisis de la “gusano barrenador” con la penetración del crimen en la ganadería, mostrando cómo la negligencia compartida de México y Estados Unidos permite que un problema sanitario escale a conflicto político y económico binacional. La solución técnica –plantas de mosca estéril y producción masiva de 500 millones de insectos– contrasta con la lentitud y el cálculo político: ambos gobiernos sabían desde 2022 que venía la plaga y se movieron tarde por razones que van de la burocracia al cálculo electoral. 

Mientras tanto, la narrativa en Washington se va acomodando: México como narco–Estado, los carteles como explicación fácil para todo, y la ganadería mexicana convertida en chivo expiatorio útil para grupos de presión como R-CALF que buscan cerrar fronteras a la competencia. Núñez apunta algo clave: se toma un 20% de verdad –sí hay crimen y sí hay ganado que entra de Centroamérica con cuota– y se infla un 80% de sospecha hasta convertirlo en doctrina política, dañando exportadores mexicanos mientras se mantienen vivos los intereses electorales y proteccionistas estadounidenses.

La pieza remata con un punto que debería avergonzar a cualquier gobierno que se diga serio: la Secretaría de Seguridad le reconoce a los ganaderos que tienen “diez problemas más grandes” antes que ocuparse de la extorsión estructural en Zacatecas y Durango. El mensaje es transparente: la inseguridad se dejó crecer hasta niveles monumentales y hoy el Estado administra el desastre, no lo combate; la ganadería es sólo otro frente donde se acepta que el crimen mande, siempre y cuando la estadística nacional aguante. 

Con informacion: CODIGO MAGENTA

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