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domingo, 19 de julio de 2026

«COMO lo HIZO?… YA VIMOS: 10 SEGUNDOS le BASTARON al GATILLERO para CONSUMAR el ATAQUE en CIUDAD y ESTADO CONSUMIDO por la VIOLENCIA… en medio de mas de 14 mil soldados.»


En Culiacán, donde la estrategia de seguridad presume inteligencia + coordinacion inexistentes, despliegue y control territorial, un gatillero armado con un cuerno de chivo decidió que todo eso era, en realidad, mera decoración.

Llegó en un sedán blanco, como quien va a hacer un trámite cualquiera, se bajó con toda la calma del mundo, quitó el seguro del rifle y descargó su mensaje a balazos contra la casa de un directivo de del medio de comunicación Adiscusión. 

Diez segundos de ráfagas bastaron. Diez segundos en una ciudad y un estado, aun en pésimo estado,pero vigilado por más de 14 mil militares. Diez segundos en el corazón de una estrategia que se vende como quirúrgica, precisa, “inteligente”.

Luego, como dicta el manual no escrito de la impunidad, el agresor se subió a su coche y se fue. Sin persecución inmediata, sin cerco, sin milagros tecnológicos que lo detectaran. Porque al parecer, la inteligencia es selectiva: funciona para el discurso, pero no necesariamente para la realidad.

No es un hecho aislado, claro. Es una secuencia. En 2011 asesinaron al fundador del mismo medio. En 2024 balearon sus instalaciones. Ambos casos, convenientemente archivados en ese limbo nacional donde los expedientes duermen y la justicia se toma vacaciones permanentes. Y ahora, en 2026, otro ataque. La trilogía perfecta de la impunidad.

Mientras tanto, el país sigue acumulando periodistas asesinados, secuestrados o amenazados. Apenas un día antes, otro comunicador caía en Puebla. Semanas antes, una periodista era levantada en Veracruz y encontrada muerta con participación de policías incluidos en el elenco. Pero tranquilos: hay estrategia. Y es inteligente.

Porque nada refleja mejor el éxito de un modelo de seguridad que un hombre disparando a plena luz del día, contra un objetivo claro, escapando sin obstáculos, en una de las ciudades más militarizadas del país.

Quizá el verdadero problema no es la ausencia de fuerza, sino la ausencia de consecuencias. Porque en México, más que balas, lo que realmente atraviesa paredes, instituciones y gobiernos es la certeza de que no pasa nada.

Con información: ADISCUSION/

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