El mas reciente ranking nacional de 150 alcaldes elaborado por Mitofsky en junio de 2026, no solo un sondeo local de Nuevo Laredo, es una “pieza de propaganda” que Carmen Lilia Canturosas esta usando para inflar su imagen y presentarla como una de las “mejores evaluadas” del país. Este tipo de ranking, bien leído, nos da suficiente materia para exhibir cómo se usa una medición de opinión para posicionar políticamente a actores locales, aun sin publicar una ficha técnica detallada por municipio.
Qué es exactamente este ranking
El documento es la encuesta «Top 150 alcaldes”, con tablas y gráficas donde se listan nombres, ciudades y porcentajes de aprobación, lo que permite construir narrativas como “alcaldesa de Nuevo Laredo entre las mejor evaluadas de México”.
No es un informe municipal detallado, sino una pieza agregada que presenta valores ya procesados, sin ofrecer en cada caso el desglose de muestra, error ni método de levantamiento ciudad por ciudad.
Una sola imagen del documento nos dice tres cosas clave: es un ranking nacional de aprobación de 150 alcaldes elaborado por Mitofsky en junio de 2026, no un estudio diseñado específicamente para Nuevo Laredo; y la cifra que la alcaldesa está usando proviene de un informe agregado, donde el dato local ya viene “procesado” y sin ficha técnica detallada por municipio visible en el PDF que tenemos.

También nos dice que el ranking se presta perfectamente para propaganda: convierte en “medalla” un porcentaje cuyo origen metodológico local (tamaño de muestra, margen de error, modo de levantamiento en Nuevo Laredo) no puede verificarse con el archivo disponible, lo que abre la puerta a que se use como verdad absoluta algo que, en la práctica, no podemos auditar a nivel municipal.
En rankings nacionales de alcaldes hay sesgos habituales
- Falta de transparencia sobre tamaño de muestra por ciudad, margen de error y modo de levantamiento (telefónico, online, presencial), lo que impide saber si los 150 alcaldes fueron medidos con estándares comparables.
- Selección y cobertura desigual: algunas ciudades tienen más exposición mediática o más facilidad de contacto telefónico, lo que puede generar muestras con más votantes informados o más conectados, alterando la representatividad.
- Construcción del ranking con criterios opacos: el informe muestra un orden (del 1 al 150, o por grupos) sin explicar claramente si la posición depende solo de la aprobación neta, de promedios ponderados o de filtros especiales (por ejemplo, excluir indecisos), algo que la literatura sobre encuestas señala como espacio clásico de “cocina”.
El caso de la alcaldesa con «Z»
En el caso de Nuevo Laredo, la etiqueta de “una de las mejores alcaldesas del país según Mitofsky” refleja un dato nacional agregado cuyo contexto metodológico local es desconocido. Es decir, se usa una cifra opaca (no sabemos cuántas personas entrevistaron en Nuevo Laredo, con qué modo, ni con qué tasa de no respuesta) para construir una narrativa de legitimidad y popularidad, lo que se ajusta a la idea de encuesta como cálculo político más que como simple medición probabilística.
Como se desmonta el montaje
- El ranking, sin adjetivos.
- Se trata de un listado nacional de 150 alcaldes con porcentajes de aprobación, sin ficha técnica desagregada por ciudad.
- El documento muestra resultados agregados, pero no permite al ciudadano de Nuevo Laredo verificar por sí mismo cómo se obtuvo el dato local que se está usando en la propaganda.
- Los estándares mínimos no cumplen.
- Hay elementos de transparencia que se recomiendan en las buenas prácticas para encuestas (universo, tamaño muestral por ciudad, margen de error por ciudad, modo de levantamiento, fechas, tasa de rechazo, criterios de ponderación) los cuáles no se encuentran en el reporte público.
- Fuentes académicas y de divulgación sobre sesgos en encuestas explicar que, sin esos datos, el ranking no puede considerarse plenamente verificable, solo creíble por fe en la marca Mitofsky.
- El uso político concreto.
- La alcaldesa y su aparato de comunicación con cargo al erario estan convirtiendo un ranking en “prueba” de éxito (spots, redes, discursos, comunicados), para evidenciar la prostitución de la encuesta: un insumo de medición transformado en sello publicitario.
- El patrón es más amplio y se enmarca en el uso de encuestas “cocinadas” o opacas para influir opinión pública, tal como se ha documentado en América Latina: resultados que se alejan sistemáticamente de la realidad apoyando casi siempre al mismo tipo de actores.
En resumen:
“Mitofsky coloca a la alcaldesa de Nuevo Laredo en un ranking nacional de 150 alcaldes con base en una medición cuyos detalles locales no se conocen. No sabemos cuántos ciudadanos de Nuevo Laredo fueron entrevistados, ni con qué método, ni cuántos se negaron a responder. Sin esa información, el dato que hoy se usa en la propaganda oficial es más una medalla de confianza que un termómetro verificable.”
En muchos otros sondeos, hay quienes han actuado sin tantita pena y han exhibido encuestas que rayan en lo imposible, como brincar 20 puntos porcentuales de un mes a otro.
Las encuestas, al igual que los orgasmos, son más satisfactorias cuando se sienten auténticas y genuinas. Sin embargo, en la práctica, los datos estadísticos reflejan que la simulación es sorprendentemente común en ambos mundos.
Con información: CONSULTA MITOFSKI/

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