En Baja California ya no hay disputa política: hay un pleito de cantina con expediente judicial debajo del brazo. Y el que decidió aventar la botella primero fue el exgobernador Jaime Bonilla, quien no solo respondió a Marina del Pilar Ávila, sino que prácticamente la sentó en el banquillo público… con la 4T como abogado defensor
Porque Bonilla no se anduvo con rodeos. Soltó lo que, en sus propias palabras, explica todo el entramado: “Yo creo que la están protegiendo porque no quieren que se les venga abajo la elección ahora del 27”. Traducción: no es respaldo político, es control de daños.
Pero lo más delicado no es la sospecha, sino la escena que describe. Según el exmandatario, fue directamente con López Obrador a advertirle que Baja California estaba tomada: “el crimen organizado controla todo en Baja California”. Y la respuesta presidencial —si es cierta— suena menos a negación que a confesión política: “Tú eres mi amigo… pero ella es mi Gobernadora y la tengo que proteger”.
Ahí está el corazón del escándalo: protección por encima de cualquier otra cosa.
Bonilla insiste en que no habló al aire. Dice que llevó expedientes, nombres, casos: funcionarios detenidos, policías señalados. Y cuando recibió el clásico deslinde —“pero eso no es ella”—, respondió con ironía venenosa: “Claro que es ella… entonces, el Gobernador sabe todo”.
El retrato que pinta no es el de una funcionaria rebasada, sino el de una estructura tolerada desde arriba.
Y cuando entra al terreno personal, el tono sube de voltaje. Acusa a Marina del Pilar de vender una versión infantilizada de sí misma: “quiere convencer a la gente de que es una inocente palomita”. Pero remata con algo mucho más grave: la llama, sin matices, “la narcogobernadora que yo denuncié”.
La defensa de la mandataria, según Bonilla, no solo es débil, sino absurda: “argumentos un tanto tontos”. Se burla de la narrativa del desconocimiento, de la reunión con agencias estadounidenses, del supuesto despiste institucional. Y ahí lanza la frase que desnuda su acusación de fondo:
“Ella no puede fingir demencia o inocencia: sabe perfectamente dónde se metió, con quién se metió y con quién habló”.
Y por si quedaba duda de la lógica que, según él, guía todo esto, remata con una línea que parece describir más una vendetta que un gobierno: “A ella no le importa quién se la hizo, sino quién se la paga”.
En medio de audios filtrados, visas revocadas, contactos con autoridades de Estados Unidos y un partido en modo contención, lo que queda no es una aclaración, sino una grieta. Una donde, si Bonilla dice la verdad, no solo se asoma una gobernadora comprometida, sino un sistema dispuesto a sostenerla… aunque cruja.
Con información: ELNORTE/

No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Tu Comentario es VALIOSO: