En Veracruz, gobernada por Morena y Rocio Nahle, donde la realidad suele superar cualquier manual de incompetencia institucional, la Secretaría de Seguridad Pública volvió a intentar lo imposible: vender como “confusión” lo que en realidad huele a gatillo fácil, instinto asesino negligencia criminal y una alarmante ausencia de protocolos básicos.
La versión oficial es casi insultante en su simpleza: policías estatales “repelieron una agresión” durante la persecución de un vehículo sospechoso… y en ese noble acto terminaron baleando a dos mujeres en un coche particular. Una de ellas, la anestesióloga Bertha Burciaga Mora, murió. La otra sobrevivió. El problema es que, conforme avanzan los datos, la narrativa se desmorona: no hay evidencia clara de que alguien les disparara primero. Es decir, no repelieron nada. Dispararon. Punto.
Traducido del burocratés al español real: confundieron un vehículo, abrieron fuego sin verificar, y después intentaron acomodar los hechos a una historia de “agresión” que, convenientemente, nadie puede sostener.
Porque aquí la pregunta incómoda es inevitable: ¿qué tipo de protocolo permite a policías disparar múltiples veces contra un vehículo civil sin haber confirmado una amenaza real? La respuesta corta: ninguno serio. La respuesta larga: el que se aplica cuando el entrenamiento falla, el mando se diluye y el criterio se sustituye por pánico… o por pura irresponsabilidad.
La SSP habla de “priorizar la seguridad” y “canalizar a las víctimas a servicios médicos”, como si eso borrara el detalle central: ellos mismos generaron la emergencia. No es auxilio, es control de daños. No es accidente, es consecuencia.
Y luego viene el clásico cierre institucional: condolencias, investigaciones en curso, armas aseguradas, elementos puestos a disposición. El guion de siempre. El problema es que ya no alcanza. Porque no se trata de un error administrativo ni de una falla menor en la cadena de mando. Se trata de una vida perdida por una decisión precipitada, sin verificación, sin control y sin justificación real.
A Bertha Burciaga no la mató un enfrentamiento. No cayó en fuego cruzado. La mató una estructura de seguridad que dispara primero y explica después, un fenómeno que también replica el ejercito y no una, muchas veces y no a veces, siempre.
Y eso, por más que lo maquillen, no es un “error”. Es horror. Vulgo: a lo pendejo. Acciones que ofenden mas que las palabras.
Con informacion: ELNORTE/

No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Tu Comentario es VALIOSO: