El “granero seguro” entre México y Estados Unidos resultó ser, durante al menos diez años, un pasadizo VIP para el grano sucio… cortesía de un agente aduanal que decidió que la sanidad vegetal era negociable, pero el soborno, jamás.
El agente que confundió aduana con caja registradora
Carlos Leopoldo Alvelais, ciudadano estadounidense avecindado en El Paso, Texas, convirtió su Agencia Aduanal Alvelais Alarcón en Ciudad Juárez en algo muy parecido a una sucursal informal de “pásele sin revisión, aquí todo se arregla”.
La Corte para el Distrito Oeste de Texas lo sentenció a 18 meses de cárcel, tres años de libertad supervisada y una multa de 250 mil dólares, después de que aceptó declararse culpable de conspiración para violar la Ley de Prácticas Corruptas en el Extranjero, es decir, sobornar funcionarios mexicanos como si fuera deporte olímpico.
Diez años de “fast track” sanitario
Según la acusación presentada bajo sello en octubre de 2025 y desclasificada apenas ayer, durante por lo menos una década Alvelais aceitou pagar sobornos a funcionarios de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader, antes Sagarpa) y del Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica) para que dejaron pasar cargamentos de grano estadounidense sin revisar si venían con bonus: impurezas, contaminación o algo peor.
Los embarques cruzaban por las aduanas de Ciudad Juárez, Nuevo Laredo y Piedras Negras, una bonita ruta que demuestra que cuando la corrupción funciona, funciona en red, no en ventanilla única.
El negocio: pagar para no mirar
La lógica del esquema era tan simple como brutal: si los inspectores detectaban problemas sanitarios, los retrasos y costos podían superar los 100 mil dólares por cargamento para la empresa exportadora; así que mejor pagar para que nadie viera nada.
Alvelais y dos empleados cobraban de 2 mil a 3 mil dólares por embarque “para sobornos”, incluso de manera preventiva, como si se tratara de un seguro anti-moral pública, y la acusación calcula al menos 250 mil dólares recibidos para más de cien pagos, aunque ni siquiera queda claro cuántas veces el dinero llegó a las manos de los funcionarios de Sader.
La empresa fantasma con grano real
La compañía agrícola estadounidense que pagaba los sobornos ni siquiera tenía autorización de Sader para limpiar productos contaminados en instalaciones sanitarias mexicanas, privilegio reservado a otros exportadores que, al menos en papel, cumplen algo parecido a una norma.
Es decir, no podían legalmente sanear el grano en México, pero sí podían, gracias a la corrupción, saltarse la parte incómoda donde el Estado revisa lo que entra al país para que no termine en la cadena alimentaria como si nada.
WhatsApp, correos y la logística del soborno
El Departamento de Justicia documentó conversaciones de WhatsApp y correos electrónicos que exhiben el esquema, aunque no se trató de comunicaciones directas con los funcionarios mexicanos, lo cual sugiere una cadena de intermediarios tan discreta como eficiente.
Además de la agencia aduanal en Juárez, Alvelais es dueño de Alvelais Forwarding & Logistics, una empresa de logística de carga desde el lado estadounidense, porque si vas a montar un sistema de sobornos transfronterizo, siempre ayuda controlar también el lado “serio” de la operación.
Con información: ELNORTE

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