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miércoles, 22 de julio de 2026

«TOMENLES FOTOS: REYNOSA NO OCUPA MESAS de COORDINACION de PAZ, sino un GOBERNADOR que deje de COORDINAR CRIMEN y GOBIERNO… las mesas son como misas de domingo del narcoestado laico.»


El aún gobernador de Morena en Tamaulipas, Américo Villarreal Anaya, ,fichado por Narcopolitico ,estuvo ayer en Reynosa para encabezar la mesa de “paz” o de coordinación en materia de seguridad y a lado tuvo al principal aliado del crimen organizado,su Secretario General de Gobierno Hector Joel Villegas,alias «Calabazo», quien ahora intima con el mismo Cartel que lo quiso matar en julio de 2023, justo al otro extremo del ejercito que cree ilusamente que es su aliado.

Pero lo que Reynosa necesita con urgencia es que el mandatario y su gabinete de inseguridad dejen de coordinar el crimen con el gobierno y de llamar “estrategia” a lo que claramente es administración del terror en detrimento de los gobernados, que siguen padeciendo la extorsión, la auténtica y la disfrazada, esa que impone: compras lo que te vendo o cierras, así de fácil

Ciudad al 86.1% de miedo

En una ciudad donde de acuerdo con el INEGI el 86.1% de la gente se siente insegura, la única encuesta que hace falta es la del síndrome de costumbre: ¿te acostumbraste ya a vivir con miedo o todavía te indigna ?.

Cada patrulla nueva ha sido un recordatorio rodante de que el presupuesto se mueve más que la justicia: suben las camionetas, sube la percepción de inseguridad, baja, eso sí, la vergüenza oficial.

Reynosa pasó en un año de 74.4% a 86.1% de percepción de inseguridad, pero el discurso oficial insiste en que la “pacificación” va viento en popa, sólo que el viento sopla desde las casas de seguridad del Cartel del Golfo.

Para el ciudadano de a pie, la Encuesta Nacional de Seguridad Publica Urbana (ENSU) no es estadística: es el recordatorio trimestral de que el gobierno sigue brillando por presencia en la foto y ausencia en el territorio.

Las mesas de coordinación: templos del placebo

Las mesas de coordinación en Reynosa son como misas de domingo del narcoestado laico: se sientan todos, cruzan las manos, se toman la foto y luego cada quien regresa a su zona de confort, menos el ciudadano, que regresa a su zona de riesgo.

Mientras las pantallas del salón muestran diapositivas y gráficas, afuera las únicas cifras que cuentan son las de levantones, patrullajes extorsivos y “cuotas” que el comerciante paga, no al SAT, sino al Cártel del Golfo y a la Guardia Estatal.

La escena es impecable: gobernador, general, funcionarios, bandera, escudo y hasta el retrato presidencial, todos alineados en torno a un documento que jamás ha servido para frenar el 86.1% de miedo, pero sí para justificar viáticos, bocadillos y ruedas de prensa.

Que la inseguridad se “atienda” en mesa tiene algo de ironía refinada: el problema está en la calle y el gobierno prefiere verlo sentado, con aire acondicionado y café, no vaya a ser que el Excel se traumatice.

Lo peor de la ecuación es que gobernante, funcionarios y militares siguen abordando los mismos pendientes de siempre, tal y como lo narramos en 2022,donde al gobernador ya se advertía era parte del problema y no la solución: 

Guardia Estatal: policía o franquicia de extorsión

La Guardia Estatal, rebautizada asi por Americo Villarreal para borrar el pasado por decreto , ha funcionado como franquicia local de secuestro exprés: patrulla, detiene, golpea, exige 35 mil dólares, se conforma con 7 mil y se lleva los bienes personales, todo con uniforme, arma oficial y expediente NUC/029/2026 calentándose en la congeladora judicial.

Lo que en cualquier otro lugar sería un caso de crimen organizado aquí se tramita como asunto interno, porque los sospechosos no llevan pasamontañas, llevan gafete y nómina con un jefe de plaza administrando el dinero del gobierno desde una silla en el tercer piso del palacio del gobierno de cuarta, mientras la acusaciones federales por todo tipo de delitos ligadas al crimen organizado se acumulan en EE.UU.

Si la percepción de inseguridad está por las nubes, no es por falta de patrullas, sino por exceso de policías que se parecen demasiado a los delincuentes que supuestamente persiguen.

Extorsión y levanton: el verdadero gobierno de la plaza

La extorsión en Reynosa no es un delito aislado, es el sistema operativo de la ciudad: el Cártel del Golfo decide quién vende qué, a quién le surte botellas de alcohol, quién puede abrir y quién cierra si no compra “al proveedor correcto” con la tacita colaboracion del gobernador a los «cobrones» con los que abraza y cena.

Y son tantos los reY son tantos los recursos económicos que obtienen los cárteles sin siquiera hacer necesario traficar drogas —que durante mucho tiempo fue su principal cometido criminal antes del tráfico de migrantes—, que la extorsión se ha convertido en una industria sin chimeneas practicada desde el propio gobierno, en áreas como COEPRIS, Protección Civil, oficinas fiscales y pare usted de contar.

El mensaje es simple y empresarial: “nos compras o cierras” ha sido la constante que vive Reynosa y todo Tamaulipas bajo el flagelo del Cártel del Golfo, en medio de inútiles leyes antiextorsión que supuestamente iban a evitar que la denuncia fuera necesaria. 

Esas leyes se convirtieron en el perfecto pretexto de autoridades que no hacían nada porque los ciudadanos no denunciaban, y de ciudadanos que no denunciaban porque las autoridades no hacían nada.

Cuando la renta la cobra el cartel y la protección la vende la policía, el Estado se reduce a trámite: compra patrullas, cobra impuestos (…como ellos), participa en mesas de “construcción de paz”, da fe de la inauguración de alguna obra y aparece sonriente mientras la economía local funciona a punta de amagos.

La población exhibe a quienes les cobran renta por “sobarse el lomo” o les imponen al comercio sus productos de contrabando, que no pagan impuestos ni cruzan legalmente por aduanas militarizadas.

Esto queda evidenciado en la imagen de un gatillero del cartel imponiendo su mercancía, editada y extraída de la grabación original en video para proteger al denunciante.

Escenas como estas se repiten todos los días: llegan sin pudor, te imponen la cuota, te dejan un número telefónico y, a partir de ahí, ya eres parte de la estructura que financia al narcoterrorismo.

Lo que para la narrativa oficial es “coordinación interinstitucional”, para el comerciante reynosense es una doble cuenta: la del gobierno que finge gobernar y la del grupo criminal que realmente manda y si se equivoca, vuelve a mandar y si te equivocas tu,te levanta y te mata.

Americo, La Chispa y el humanismo de morgue

El llamado humanismo mexicano en Tamaulipas se parece más a un protocolo de morgue que a un proyecto de seguridad:levantones, desapariciones y patrullas que salen en la foto antes de salir a la calle a perseguir al ciudadano equivocado.

Cuando el gobernador, aun en libertad, presume abrazos y cenas con Mario Guitian Rosas, alias La Chispa ,exmilitar y lugarteniente del Cártel del Golfo que todos los días genera riqueza propia a partir de la ajena, el mensaje que se lee en Reynosa es transparente: la seguridad sirve para el negocio, no para la gente.

Abrazar al lugarteniente y luego financiar patrullas que patrullan para quien paga mejor es el tipo de coherencia política que explica por qué el miedo crece al mismo ritmo que el presupuesto.

La omisión frente a él no es pasividad, es decisión: no procesarlo pese a los indicios, no tocar sus contratos, no reventar su estructura, mientras los ciudadanos rellenan tendederos de extorsiones como si fueran exhibición académica del narcoempresariado local.

Con este contexto, querer arreglar Reynosa con otra “mesa de coordinación” es como querer apagar un incendio abrazando a los bomberos que le prenden fuego al edificio mientras dos exmilitares, el teniente y el lugarteniente ex-miembros del ejercito Mexicano (…si como los Zetas) se llenan los bolsillos a lo bestia que buscan financiar tus próximas elecciones, tal y como acusa EE.UU.

Con información: MEDIOS/REDES/

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