En la frontera entre México y Estados Unidos ya no bastan bardas, patrullas, helicópteros, sensores y discursos de campaña. Ahora Washington sacó el rayo láser.
El Ejército de Estados Unidos informó que utilizó un sistema de energía dirigida para derribar tres drones considerados “hostiles” en el Valle del Río Bravo, al sur de Texas. Según la versión oficial, los aparatos apoyaban actividades de organizaciones criminales y constituían una amenaza física contra militares estadounidenses y agentes de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza, la CBP.
La operación ocurrió entre la noche del 25 y la madrugada del 26 de agosto, ejecutada por la Fuerza de Tarea Conjunta de la Frontera Sur, una unidad bajo el mando del Comando Norte de Estados Unidos. El instrumento utilizado no fue un misil, ni una ametralladora, ni un interceptor convencional: fue el Army Multipurpose High Energy Laser, conocido como AMP-HEL, un sistema láser multipropósito de alta energía diseñado para incapacitar o destruir drones.
Es decir: mientras los grupos criminales mandan aparatos no tripulados a husmear, transportar, vigilar o probar rutas, el Pentágono responde con una tecnología capaz de concentrar energía sobre el objetivo hasta quemar, perforar o inutilizar sus componentes críticos.

Un dron no recibe una “bala”; recibe un haz de energía que puede dañar sus cámaras, sensores, batería, cableado, sistema de navegación o estructura hasta dejarlo convertido en basura tecnológica con vocación de caída libre.
El AMP-HEL es, en términos sencillos, un sistema antidrón móvil: va instalado en un vehículo, detecta y sigue el blanco mediante sensores y apuntado estabilizado, y mantiene el láser sobre una parte vulnerable de la aeronave durante el tiempo suficiente para que el calor haga su trabajo.
No es una espada láser de película ni un rayo que revienta cosas con una sola lucecita dramática; es una plataforma militar que combina detección, seguimiento y un haz de alta potencia para neutralizar aeronaves pequeñas sin necesidad de lanzar un misil de cientos de miles de dólares.
La ventaja para Washington es evidente: cada disparo puede costar muchísimo menos que un proyectil convencional, el sistema no depende de cargar una reserva limitada de misiles y puede enfrentar varios blancos mientras haya energía disponible y las condiciones lo permitan. En lenguaje militar, presume “cargadores profundos”; en español llano, significa que el láser no se queda sin municiones tan rápido como un sistema que dispara misiles.
El Comando Norte no reveló el punto exacto de los derribos, no identificó a la organización criminal presuntamente relacionada con los drones, no explicó qué misión realizaban los aparatos y tampoco precisó si eran simples cuadricópteros comerciales adaptados o plataformas de mayor capacidad.
Lo que sí queda claro es el mensaje político y militar: la frontera sur de Estados Unidos dejó de ser sólo un espacio de vigilancia migratoria y combate al contrabando. También se está convirtiendo en un laboratorio de guerra tecnológica contra drones, donde el narco —o quien opere esos aparatos— se topa ya no con una patrulla, sino con un ejército ensayando armas de energía dirigida. Y cuando la respuesta estatal a un dron es un láser militar, queda claro que el debate fronterizo entró, literalmente, en otra dimensión.
Cómo funciona el láser
- Detecta el dron: radares, cámaras y sensores electroópticos localizan un objeto pequeño en el aire.
- Lo sigue: el sistema calcula trayectoria, distancia, velocidad y punto de impacto.
- Fija el haz: el láser se concentra sobre una zona vulnerable, como cámaras, electrónica, motor, batería o fuselaje.
- Transfiere calor: el objetivo absorbe energía; sus piezas se sobrecalientan, se deforman, fallan o se incendian.
- Lo inutiliza: el dron puede perder control, navegación, propulsión o capacidad de operar, y terminar derribado.
No es infalible: lluvia, niebla, polvo, humo, turbulencia atmosférica, distancia, obstáculos y múltiples blancos simultáneos pueden reducir su eficacia. Pero frente a drones pequeños y relativamente lentos, ofrece una respuesta precisa y barata comparada con disparar misiles contra una aeronave que puede costar apenas unos cientos o miles de dólares.
Con información: ELNORTE/

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